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Entrevista a Sabrina Ameghino para Vida UCALP

Sabrina nació en la ciudad de Ensenada el 6 de julio de 1980. A los 14 años, se inició en la práctica del canotaje en el río Santiago. En el año 2003, puso en pausa su carrera deportiva para ser mamá y dedicarse al estudio. Volvió a competir en 2011, y en 2019 se transformó en la máxima medallista histórica de la Argentina en Juegos Panamericanos. Egresó en plena pandemia de la carrera de Licenciatura en Relaciones Públicas en nuestra universidad.

Sabrina es una atleta extraordinaria cuya carrera deportiva ha sido un viaje de sacrificios y perseverancia. Su historia inspira a no rendirse ante las dificultades, a buscar oportunidades en los desafíos y a valorar cada etapa. Un ejemplo de resiliencia, determinación y superación personal.

Sabrina, haciendo un repaso por todos tus logros deportivos, viendo todo lo que alcanzaste en tu carrera, ¿cómo hiciste para conjugar tu vida en el deporte, con tu familia y el estudio?

Cuando quede embarazada en 2003, yo dejé de remar porque, honestamente para la época, no había esa flexibilidad que hay hoy, ni la facilidad que tienen los chicos para que se los evalúe de forma virtual, o docentes que graban sus clases y se las mandan a los atletas. Todo eso no existía en ese momento, o estaba recién arrancando, así que, cuando quedé embarazada, me puse a estudiar.

Siempre quise dedicarme a la contabilidad, pero, cuando lo intenté en la estatal, salí frustrada porque, si bien en las materias me había ido bien, en una en particular había un tipo con el que no aprobaba. Y no era una cuestión de estudio, así como soy disciplinada en el deporte lo soy en lo demás.

En ese momento intuí que eso no era para mí y busqué algo más social, más relacionado con lo que a mí me gusta, como hablar varios idiomas, moverme, tratar con diferentes tipos de personas y culturas. Entonces estudié Relaciones Públicas en el ISI, que todavía estaba en ese momento. Me lo pagaron mis viejos porque yo recién estaba empezando a trabajar en el Club Regatas como instructora de canotaje.

Ahí empezó la locura; comencé a estudiar durante el embarazo, me recibo a los 3 años y luego quería hacer la licenciatura. La única universidad que tenía la Licenciatura en Relaciones Públicas era la UCALP y así llegué a cursar acá. Entré con un grupo de gente que fue superdinámico, nos adaptamos rápido, salvo Teología, que me costó bastante [risas], la verdad estuvo buenísimo.

En 2009, di mi último final, que fue Historia Argentina; volví a remar y colgué la tesis. La tesis la terminé de rendir recién en el 2020. Así que ahí sí estaba remando, ya era mamá, trabajaba y tuve que volver a ponerme a estudiar. Hice algunas diplomaturas en Psicología del Deporte, me instruí en lo que tiene que ver con preparación física y, a su vez, ahí fue que hablé con Vale [Valeria Fernández, actual Secretaria Académica de UCALP], que fue la persona que más me orientó y me informó sobre un programa que había para que exalumnos pudieran ponerse al día y rendir la tesis.

Muchas veces la verdad es que te quedas dormida porque ya venís fundida físicamente, por el entrenamiento. Pensá que entreno, si es verano, hasta 8 horas por día, excepto el domingo, que es descanso. Luego, un poco más avanzado el año, hacemos 5 o 6 horas por día, porque va cambiando la dinámica. Pero la pretemporada te deja “mansita”.

Siempre digo que tuve que tener una familia de respaldo; sin familia, el estudio, el laburo, el cuidado de mi nena no hubiesen sido viables. Yo me casé y me divorcié muy rápido. No compartí mucho tiempo con mi expareja. Él no fue parte de todo ese aguante de cuidar a la piba, de estar; la verdad es que él se puso a estudiar, se recibió y se fue a trabajar lejos.

Sus padres sí me ayudaron mucho y mis viejos que son mi sponsor número uno. Por suerte tengo tres hermanas, en ese momento todas viviendo en Argentina, así que todas me ayudaron a cuidar a la nena. Pero Vera [su hija] es un sol, la hizo más fácil. Honestamente, no lo es, no es fácil, pero, si tenés ganas de hacer las cosas, de alguna manera te ordenás. Te vas a enojar, la vas a pasar mal en algunos momentos, pero, si tenés ganas, se puede hacer.

La tesis la terminé haciendo sola, mis compañeros se pusieron a hacerla después. Nos juntamos para hacer una revisión los tres juntos y la verdad es que estuvo muy bueno porque fue volver un poco la época de estudiante y disfrutar un poco más de eso.

Esta disciplina a la que hacías mención para entrenar, para competir, ¿la pudiste trasladar al estudio?

A cualquier aspecto de la vida. Yo me doy cuenta de que trabajando soy igual. Viste cuando sos estructurada y querés que todo salga bien, prolijo y que las cosas funcionen. Salvo en el orden de mi casa, soy muy estructurada en general con todo, después mi casa es como mi espacio libre, Kosovo [risas].

Pero sí creo en eso; si me tengo que levantar a una hora, me levanto, nada de quedarme un rato más o pasar la alarma, me he llegado a tirar de la cama para levantarme. Una vez que te dejás estar cuesta más, con la tesis tardé 11 años en darla que es un montón y nunca me había pasado. Inclusive tenía compañeras que estaban estudiando, tranquilamente me podría haber sentado, pero estaba negada.

Cuando lo hice, la verdad es que te sentís satisfecha. Además, es como que trabajo de relaciones públicas todo el día, porque trabajo con chicos, trabajo con adultos, trabajo en clubes, hago eventos deportivos; aunque no esté trabajando específicamente de eso, las herramientas las usas todo el tiempo. Entonces la idea era, mínimo, tener el título porque nunca se sabe.

¿De Relaciones Públicas tomaste herramientas para aplicar a tu carrera deportiva profesional?

Totalmente, por ejemplo, todo lo que tiene que ver con diferencias culturales, idiomas, protocolos, -imaginate a la hora de la entrega de premios-, honestamente está en todos lados. Más allá de la relación pública en sí, el hecho de relacionarte con otros individuos, sea de tu propia cultura o de otras, la verdad es que está presente en todo lo que hacemos. Incluso Teología, por ejemplo, en algunos países que está muy presente la religión, cualquiera, la que fuere, hay que respetar los protocolos, e inclusive en las premiaciones a veces tienen primero el acto religioso y después la entrega de premios.

Son herramientas que te ayudan a desenvolverte con seriedad, sin faltarle el respeto a nadie. Siempre damos el ejemplo, que nunca le vas a regalar un mate de cuero de vaca a un indio. Hay que instruirse, por ejemplo pensar, “¿qué le gusta a esta gente?”, “¿qué podemos llevarles como una atención?”. Las chicas de Nueva Zelanda, por ejemplo, nos trajeron unos amuletos maoríes de regalo, y a ellas sí podemos regalarles mates. Pero por ejemplo, a todo el mundo y en cualquier parte, les encanta el dulce de leche, si vos vas con dulce de leche, es como el estandarte argentino. Eso, más alguna bandera nuestra, más otro detalle, quedás bien con todo el mundo.

Vas aprendiendo. En Alemania nos pararon muchas veces por la yerba. La segunda vez que te sucede ya sabés como manejarte. De hecho, una vez les preparé un mate para que lo probaran, porque no me podían creer que era como un té, que era un yuyo. Entonces terminé tomando unos mates con la policía en Frankfurt y varios se pusieron en contacto para conseguir sus propios mates.

Para mi está en todo, gracias a eso, a poder relacionarme correctamente con la gente, hoy tengo ofertas laborales fuera del país, y creo que lo que más me va a servir es todo lo que estudié en la carrera.

¿Tu hija también estudia en la UCALP?

Si, mi hija está haciendo la carrera de Kinesiología. Elegimos la UCALP por un tema de que tenga los contenidos. Porque, con todo lo que fue la pandemia, las clases y demás, queríamos asegurarnos de que tenga los contenidos. Ella está feliz, se hizo de un lindo grupo de amigos con los que se juntan a estudiar y son unos diez. Ahora pasa a segundo.

Convengamos que hoy hay otra flexibilidad; cuando yo cursé, hubo gente que dejaba por la falta de tiempo y los horarios. En la UCALP, lo bueno es que se cursaba después del horario escolar, entonces para el que trabaja está buenísimo cursar después de las cinco de la tarde.

Yo la verdad es que me sentí recómoda, siempre se me trató con respeto, y Valeria [Valeria Fernández] es una divina. La tuvimos de ayudante de Sociología si no me equivoco, que era una materia bastante difícil, ella fue un nexo fundamental y nos ayudó a armarnos bastante para poder estudiar la materia. Ahí también aprendí que las relaciones públicas son muy importantes.

Si vos sabés manejarte con otras personas, partís de otro lado. En ella [Valeria] estudié mucho, su calma, su paciencia, su forma de hablar, a hablar con el cuerpo también, esas fueron algunas de las cosas que más me quedaron.

Competiste en todos los niveles, en muchos de los países; estuviste en los JJ. OO., en Panamericanos. ¿Es común en el ambiente encontrarse con deportistas que estudian carreras universitarias a la par de las deportivas?

No, no es común. Te diría que la mayoría se puso a estudiar de grande pero porque muchos de nosotros fuimos los que ‘’pinchamos’’. Las generaciones son muy diferentes. Yo soy generación del 80; tenés los de los 90, que todavía están con un poco de nuestra influencia, y los del 2000, que son un poco la ‘’generación de cristal’’.

A estas chicas tuvimos que insistirles mucho para que se sentaran a estudiar, porque el único momento donde tenés esa energía es a los 20. Después la energía no es la misma y además la querés enfocar en otras cosas. Por lo menos, al 50 % del equipo de las más pequeñas logramos convencerlas.

Mi prima, que está en el equipo por ejemplo, con 23 está a punto de recibirse de psicóloga. Otra de las chicas estudia Ingeniería Química y la pudo hacer a la par de remar, viajar y todo. Nosotros a veces estamos 4 meses afuera. Y si sacas la cuenta, creo que estamos más tiempo afuera. Son 3 semanas concentrando y 1 semana en tu casa. Todos los meses estás afuera de tu casa. Y no es fácil. Es verdad que las universidades están mucho más flexibles, aunque muchas terminan derivando en la voluntad de cada docente.

Igualmente, no es lo más común, tenés el ejemplo de Paula Pareto [judoca argentina, medalla de oro en los JJ. OO. de Río 2016 y médica] que es totalmente atípico. Una compañera, Magui, tiene 34 años, está estudiando y recuerdo que le quedaban todas las materias del primer cuatrimestre para rendir. Y nosotros en el primer cuatrimestre no estamos en el país. Juan, otro de mis compañeros que se va a recibir ahora, estudió una carrera que está terminando con más de 30 años y lo hizo todo durante el deporte. Sé que, en su caso, hizo nexo con el ENARD [Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo] y lo amalgamaron.

Se está trabajando un poco en esto pero falta. Al poder cursar, les graban las clases y las podés ver cuando tengas tiempo; estás permanentemente presentando trabajos y haciendo una devolución de lo que viste. Tiene otro seguimiento, y cuando llegás al país, rendís lo que tengas que rendir. Está más accesible, pero creo que le falta todavía un poco.

Es superimportante que los chicos no tengan que dejar de hacer deporte para poder rendir. Para mí estaría buenísimo que vaya todo de la mano, como pasa en otros países. Pero sin descuidar, a veces se dan algunos permisos, no exigirle, encima el atleta quiere ser más. Te lo digo por experiencia, a mí no me gusta aprobar con cuatro. A mí me gusta que me pongan un diez. El 90 % de los atletas quieren aprobar y quieren aprobar bien.

Estaría bueno -creo que es algo que se puede hacer- iniciar con los clubes y ver qué se logra. También es una prueba piloto; capaz que no funciona para todos. Yo le insistí mucho a la gente para que les exija a los chicos que tengan que estudiar para estar en el equipo.

¿Generalmente cuántos atletas integran un equipo de canotaje en la Argentina?

Podés correr en K4 varones, K2 varones, K1 varones y K4 damas, K2 damas, K1 damas. Si clasifican todos, tenés 7 varones y 7 mujeres. Por lo general, solo dejan clasificar 6 plazas por país, entonces si clasifican, van 6 varones y 6 mujeres. Después tenés canoa, que clasifican dos varones y dos mujeres. Luego están los cuerpos técnicos de varones y de mujeres.

Pero eso en los JJ. OO., se reduce muchísimo; en general, es más difícil clasificar. Y en el mundial, es mucho más difícil todavía la clasificación. Convengamos que es la élite de la élite. El campeonato mundial es muchísimo más duro que lo que puede ser al año siguiente en los JJ. OO. En general, para el mundial, se preparan mucho más fuerte. Y en los JJ. OO., a veces clasifican algunos botes que ingresan por ser los mejores del continente, pero que, a lo mejor en el mundo, no son los mejores.

Por eso es que hay que estar todo el día entrenando. Si vos no tenés el roce internacional, no estás con tu equipo cabeza a cabeza, es increíble lo rápido que el nivel baja. Lo que tardaste diez años en lograr, podés perderlo todo en 3 meses. Cuando quedé embarazada, en 3 meses bajé 5 kg de masa muscular; en vez de engordar con el embarazo, yo bajé.

A veces es tanto el estrés que está bueno tener la posibilidad de decir “ahora salgo de esto y me pongo a estudiar”; tomarlo como que uno está haciendo otra cosa que no tiene que ver con el foco que yo tengo permanentemente.

Esto que mencionaste recién, se lo hemos escuchado a otros atletas en otras disciplinas, cómo aprovechar y maximizar cada instante para entrenar, para mejorar…

Creo que estamos cortados todos por la misma tijera o cerca. Es que también no hay otra forma. Hay gente que me dice ‘’vos te recuidás’’; no es que me cuide, lo hago con naturalidad, es lo que tengo que hacer, la alimentación, entrenar las horas necesarias y no lo hacés con disgusto. Y eso es lo que está bueno. Disfruto competir, me gusta muchísimo. A la hora de alinear y ver la proa ahí, aunque sepa que me van a matar las otras, porque a veces te pasa, sobre todo en el campeonato del mundo.

Pero salís todos los días a tratar de darle la vuelta, a tratar de achicar esas diferencias y a veces lo lográs. Eso está buenísimo. Yo llegué a estar en el ranking mundial n.º 12 del mundo. Eso no me lo quita nadie. No llegué a estar dentro de las 10 primeras, pero no me lo quita nadie. En K2 sí, con mi compañera llegamos a ser n.º 9 del mundo. También sentís que no es suficiente nunca, pero bueno, estuvimos ahí. Y para lo que es nuestro país, la verdad es que no me puedo quejar.

¿Existe apoyo por parte de los organismos nacionales?

Hoy existe un apoyo, tenés becas, tenés un entorno que te banca, pero eso no pasaba en la época previa a todo esto. Vos viajabas si tenías la plata, si te podías bancar los viajes y por eso nosotros perdimos décadas. Por eso le insisto tanto a las chicas que respeten el entrenamiento como es, que no lo cumplan por cumplirlo. Les digo “no bajes al agua para hacer lo que te dijeron, andá y hacelo con convicción”.

Ganar, gana una sola. Nosotras somos 8 en el equipo, gana una sola y por ahí esa es la única que viaja. Nunca podés dar por hecho que vas a ser la que va a ganar. Creelo, pero no lo des por hecho. Tené tu espacio, tené tu backup, tu plan B.

Yo agradezco que mis viejos siempre me enseñaron a trabajar, a no dejar de estudiar, a que si no te actualizás, te quedás en el tiempo, y a hacer algún deporte. Yo me tomé el deporte en serio. Pero todo lo demás nunca lo descuidé. Yo trabajo desde los 21 años. El día de mañana cuando me tenga que jubilar, yo puedo estar tranquila de que lo puedo hacer.

¿Y a qué edad empezaste a remar y a competir?

A los 14 empecé a remar y a competir a los 15. Empecé en noviembre del 94, y en noviembre del 95 ya estaba en el equipo nacional, en la selección. Corrí los dos años de cadete, los dos años de junior, pasé a senior, empecé la carrera en senior y en 2003 tuve que dejar porque decidí tener a la nena. Y en ese momento, fue: “Listo, tengo que trabajar y ponerme a estudiar”. Automáticamente ya estaba en eso.

En 2009 se me ocurre competir para hacerle un reconocimiento al club que me había dado trabajo, que era el Náutico de Berisso. Dije: “Entreno dos meses, voy al campeonato argentino y veo que pasa”. Me entrenó mi tío, que es la persona con la que aprendí a remar. Remé 2 meses sin tocar gimnasio. Me acuerdo que me fui a Concordia porque se casaba una amiga mía, llegué a las 6 de la mañana a La Plata, tomé un taxi y me fui al Regatas La Plata, donde se iba a hacer el campeonato.

Me anoté ahí en el momento; ahora ya no se puede eso. Y recuerdo que me dijeron que me dejaban correr, “pero si te anotás con tres nenas que quieren correr K4 y nunca se subieron, y necesitamos una más”. Nos anotamos. Largamos, y yo les dije a las chicas, “ustedes a medida que puedan acelerense más, si ven que yo no las puedo seguir, olvídense que estoy, ustedes remen”.

Yo hacía varios años que no hacía nada y pensé que esas chicas con 18 años me iban a llevar volando. Remamos hermoso y encima no nos conocíamos. Ganamos el campeonato argentino. Le ganamos a botes que tenían 2 o 3 personas del equipo nacional de damas. Se armó un lío y un murmullo por todos lados. Corrimos K1, gané la serie y pasé a la final directa.

Yo no podía entender nada, parecía desnutrida, hacía muchos meses que no remaba. Fui a la final y hubo que ver el fotofilm. Me dieron el segundo puesto, nunca vi el fotofilm, porque para verlo tenés que pagar. Acepté el segundo lugar. Solamente quería verlo por curiosidad. Pero bueno, se la dieron ganada a mi compañera Ceci.

Luego vinieron del equipo nacional y me invitaron a entrenar con el equipo. Yo les dije que ahora era mamá, que me tenía que dedicar a otra cosa, que se lo que es, que en ese momento no había beca, no había nada, que tenía que pedirle plata a mis viejos. Si les iba a pedir, era para llevar a mi hija al médico, no para entrenar o viajar.

Me dijeron que ahora estaba más organizado, que ahora podía llevar a la nena y que buscaban una persona para cuidarla. Y me acuerdo que pensaba: “¿pero esto desde cuando es así?”. La verdad es que siempre era arreglarse como se pueda.

Me convencieron. Me invitaron a concentrar. No te quiero mentir, pero me dolió la vida. Sentía que tenía lastimado desde las uñas hasta la punta del dedo del pie. Todo el cuerpo. En 5 meses, estábamos yendo al Panamericano clasificatorio para Guadalajara. Me puse a tiro en meses, yo no entendía nada. Dormía 5 horas de siesta y mis compañeras de equipo cuidaban a Vera. Estábamos todas en la misma casa. Volví al gimnasio, remé, al alto rendimiento de entrada. No fue lo más sano, pero la verdad es que el cuerpo se adaptó muy rápido y fue increíble.

En 2010 me fue muy bien, en 2011 me fue mejor, en 2012 casi voy a los JJ. OO. Yo pensaba: “No puede ser que esté mejorando a los 32 años”. Y sí, la mejor parte de mi carrera llegó en el 2016, que fue para Río. 2015 y 2016 fueron alucinante. 2017 fue bueno y ya para 2018 empecé a sentirme menos y mis compañeras empezaron a agarrar otra vez. En 2019 se dio Lima [Juegos Panamericanos] con la medalla de oro con el K4. Ya a partir de 2020 con la pandemia, me fui para abajo. La Sabri que se bajó del bote en marzo del 2020, esa mina ya no está.

Por más que lo intenté, no volví a recuperar esa forma física. Con cuarenta y pico de años, se te va muy rápido todo. Recuperás algo pero no todo.

¿La pandemia fue muy dura para ustedes en ese sentido?

Sí, 5 meses sin tocar el agua. Fue durísimo. La verdad que no entendíamos. Nosotros estamos en el agua, sin contacto con nadie. También entiendo que era para todos, y que no se puede estar dando permisos por todos lados y que había que ponerse estrictos. Es un daño colateral, no me quejo, solamente cuento que esos 5 meses me destruyeron. Pero bueno, en marzo de 2020, rendí la tesis, así que no fue tan crítico. Ya está, me recibí. Así que ya tengo “el papel”, para tenerlo y verlo, que ya lo hice. Es para cerrar un ciclo más.

Ahora estoy viendo qué otras cosas puedo hacer. Seguí estudiando idiomas, el inglés lo perfeccioné un poco más. Me gustaría perfeccionar el portugués, que fue el otro idioma que aprendí durante la carrera. Pero todo eso cuando tenga un poco más de tiempo libre. Este año quise hacer todo junto y la pagué. Fue hermoso, llegué al Panamericano [Juegos Panamericanos Santiago 2023], pero la trama fue dura.

Fuiste abanderada de la delegación argentina en los últimos Juegos Panamericanos. ¿Cómo te sentiste en ese momento?

Es inexplicable. Primero por la forma en que se dio. Siempre tuve un chiste interno con Walter Pérez [ciclista argentino ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008] porque él tenía la misma cantidad de medallas que yo en los Juegos Panamericanos y los chicos de remo Ariel Suárez y Rodrigo Murillo. Todos teníamos 9 medallas y somos gente grande, todos arriba de los cuarenta o más. Y en medio de ese chiste, Walter se puso a googlear, porque nosotros tampoco sabemos la historia de nuestros atletas, y me dijo que se sorprendió todo lo que había hecho deportivamente y el hecho de no haber sido campeona olímpica se conocía menos.

Él llevó ese planteo en la mesa del COA [Comité Olímpico Argentino]. En ese comité, están dos de los leones, alguna leona, Paula Pareto, Cecilia Carranza [regatista], Santiago Lange [regatista], Milka Kraljev [remo], Julia Garisoain [remo], toda gente muy grosa. Walter me propuso y en la votación obtuve más del 90 % de los votos. Cuando me lo contaron, no podía parar de llorar. Creo que es más impresionante quienes me eligieron.

Y la verdad es que entrar al estadio con la gente cantando “Soy argentino, es un sentimiento, no puedo parar”, les juro que no se te va más la piel de pollo. Estuve todo el tiempo temblando. La sensación, el estadio, que la gente te ovacione sin saber quién sos. Yo no había estado en un estadio así en mi vida, estuvo genial. Después de eso nos fuimos toda la delegación a comer a la villa panamericana, alucinante. Me quedo con eso, antes de subirme al podio. Fue alucinante llevar la bandera.

Además tuve el teléfono colapsado como en 2019. Me acuerdo que en 2019 la gente me llamaba y me decía ‘”Loré con vos”. Ese día fue un alivio. Fue como decir “por fin”. Fueron más de veinte años hasta que logré la medalla de oro. Es muy difícil y muy alto el nivel. Agradezco haber estado ahí.

Y este juego [Panamericano 2023] lo preparamos en cuatro semanas. Yo entré como último orejón del tarro por primera vez en mi historia deportiva. Siempre estuve entre las dos o tres primeras, si no era la primera. Y ahora entré como la número seis del país. Entonces también tengo que entender que se va cerrando un ciclo, que es durísimo de aceptar, pero también tengo 43 años. Mucho más no le puedo pedir a este cuerpo.

Por suerte, ahora tengo otras opciones de trabajo. Si Dios quiere, en febrero voy a estar trabajando afuera del país y capaz que eso me ayuda a soltar un poco o capaz que me da más rosca, nunca se sabe. Igualmente, es muy duro dejar, porque es dejar también un ritmo. Es como que ya no está la misma voluntad, no está el mismo carácter, pero tuve mi apuntalamiento, que son mi pareja y mi hija Vera.

Si pudieras decirle algo a la Sabrina que empezó a competir cuando tenías 15 años, ¿qué le dirías?

La Sabri de hoy es producto de todas las Sabrinas anteriores. Si yo le cambio algo, capaz que no llegamos a la actual. Yo creo que lo que fui haciendo fue prueba y error. Descubrir, aprender, caerme y levantarme las veces que fuera necesario. Entonces, si yo no me hubiese levantado, diría eso. Pero no fue así. No tengo nada para decirme. No cambiaría nada de lo que hice, ni siquiera el ser mamá tan joven. El producto de la Sabrina actual es la sumatoria de todo lo que las Sabris más chiquitas fueron aprendiendo.

 

 

Palmarés de su carrera deportiva

1999 – Debut en los Juegos Panamericanos de Winnipeg a los 19 años.

2002 – Obtuvo cinco medallas de oro en los Juegos Suramericanos disputados en Brasil.

2003 – Obtuvo dos medallas de bronce en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo.

2011 – Volvió a las competencias de alto nivel en los Juegos Panamericanos de Guadalajara; obtuvo una medalla de plata.

2015 – En los Juegos Panamericanos de Toronto, obtuvo una medalla de plata y dos de bronce.

2016 – Clasificó para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en la posición 13.ª.

2018 – De 2011 a 2018, fue mundialista; llegó a ser 9.ª del mundo en Portugal 2018 en K2 200.

2019 – Obtuvo la medalla de oro en los Juegos Panamericanos; se convirtió, con nueve medallas, en la máxima medallista histórica de la Argentina en Juegos Panamericanos.

2020 – Fue premiada con un Diploma al Mérito de la Fundación Konex como una de las 5 mejores palistas de la última década en la Argentina.

2023 – Fue elegida abanderada de la delegación argentina, junto con Marcos Moneta, para la ceremonia de apertura de los Juegos Panamericanos de 2023, donde consiguió el bronce en la prueba de K4 500 m.

 

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