(*) Por Eduin Alexander Rincón Galarza
¿Desde dónde hemos de sentipensar el trabajo en este día, en este tiempo? Tiempo en que se presentan desafíos ante una reforma laboral en Argentina, tiempo en que vamos observando que el mundo del trabajo se va reconfigurando desde dinamismos desiguales, todo ello repercute en el modo de comprender y ordenar lo referente a un derecho fundamental; el derecho al trabajo (DSI, 287). “Porque ‘no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo’” (Fratelli Tutti, 162).
Para hallar ese “desde dónde” quiero tomar la invitación que nos hace la Iglesia en el Documento de Aparecida (2007); nos indica que lo hemos de hacer desde el rostro de quienes sufren, desde los pobres (DA, 65); en este caso hemos de ver, contemplar los rostros de nuestros/as hermanos/as a quienes hoy se les niega el derecho al trabajo digno; de quienes trabajan más de lo justo para poder llegar a fin de mes; de quienes en la lógica del mercado son contratados/as en condiciones precarias, desiguales, injustas; los rostros de los/as niños/as que vemos siendo víctimas del trabajo infantil, bajo miradas indiferentes y/o impotentes.
Como cristianos/as es imperativo no sólo contemplar sus rostros sino saberlos tomar, caminar juntos y ver desde nuestro lugar qué puedo hacer, porque “una sociedad donde el derecho al trabajo sea anulado o sistemáticamente negado y donde las medidas de política económica no permitan a los trabajadores alcanzar niveles satisfactorios de ocupación, ‘no puede conseguir su legitimación ética ni la justa paz social’” (DSI, 288).
Nos es urgente seguir profundizando desde el campo educativo la manera de gestar modos de educar en economías y políticas que sean para crear trabajo digno para todos, todos, todos. Para ello, es importante aproximarnos a quienes han hecho posible otras economías fuera de la lógicas de los sistemas que matan; economías para la vida digna desde el bien común, que permiten que lo planteado por la Doctrina Social de la Iglesia en orden al trabajo sea posible. Lo dicho requiere cierta osadía, cierta renuncia a ganar, a lucrar… se requiere conversión social.

Un lugar social y teológico de aproximación urgente son los movimientos populares, pues desde ellos es que recobra dignidad la vida, el trabajo, la educación, entre otros. Al respecto, el Papa León XIV, tomando el legado de Francisco, nos exhorta en Dilexi Te:
“Estos líderes populares saben que la solidaridad ‘también es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del imperio del dinero […]. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares’. Por esta razón, cuando las distintas instituciones – incluida la universidad – piensan en las necesidades de los pobres se requiere ‘que incluyan a los movimientos populares y animen las estructuras de gobiernos locales, nacionales e internacionales con ese torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común’” (Dilexi Te, 81).
León XIV, durante un almuerzo en agosto del 2025 con personas necesitadas en Italia
Tengamos también muy presente que este día, se gestó con lucha trabajadora (1 de mayo de 1886) y hagamos memoria por quienes en ese tiempo murieron en la lucha por la jornada laboral de 8 horas, cuando para los explotadores era “normal” que los obreros trabajaran hasta 18 horas diarias en condiciones infrahumanas. Cada 1 de mayo desde aquel tiempo se comenzó a vivir una jornada de lucha reivindicativa. Porque el trabajo digno tiene un mínimo de horas y un pago justo por éste, eso es lo legítimo, quien obre de modo contrario “comete una grave injusticia”, tal como nos indica la Doctrina Social de la Iglesia (DSI, 302).
Para darle un sentido cristiano a esta fecha, el Papa Pío XII colocó en 1955 la fiesta de San José Obrero. Pidamos a Dios revelado en Cristo, por intercesión de San José Obrero y San Cayetano, pan y trabajo justo para todos, todos, todos, que mueva las conciencias de quienes pagan salarios injustos y/o precarizan bajo lógicas esclavistas y de quienes promueven reformas que despojan de la dignidad a los/as trabajadores/as.
(*) Secretario Académico del Departamento Superior de Teología.