Perseguir los sueños
Vida UCALP

Perseguir los sueños

Hoy compartimos con ustedes el testimonio de Maite Zubillaga, licenciada en Psicopedagogía egresada de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de La Plata en el año 2018, quien nos cuenta cómo vivió su paso por la etapa universitaria.

“Lograr este sueño no fue fácil, como para ningún graduado o estudiante, por ello quiero compartirles mi historia, no por ser un ejemplo, sino para motivarlos a perseguir sus sueños.

Nací en Necochea, una pequeña ciudad ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires; en ella transité mis primeros dieciocho años de vida. Soy la hermana menor de mi familia, por lo que todo era más fácil: tenía quien me llevara, buscara, ayudara con los deberes; para todo contaba con algún miembro de mi familia.

Asistí a un colegio privado de doble turno, por lo que era mi segunda casa. Aprendí no solo contenidos escolares, sino valores y principios para toda la vida. No era una alumna que se destacaba por sus notas, sino, por el contrario, que se esforzaba por aprender. No me interesaba Matemática, Química, Física, Historia, Geografía; ninguna materia generaba en mí ganas de seguir aprendiendo. Llegó el último año de la escuela. Mis padres me habían alentado toda la vida a seguir mis sueños, a hacer lo que más me gustara, a crecer y animarme a pesar del miedo que generan las nuevas experiencias. Como mencioné antes, siempre los tuve conmigo, pero era hora de tomar mi propia decisión: qué quería estudiar, qué quería ser de adulta (ya no tan lejano) y opté por hacer un proceso de orientación vocacional. Tenía claro que me gustaba estar con los más pequeños, jugar y aprender de ellos; pero no me veía como maestra jardinera o maestra de educación primaria.

Me decidí por psicopedagogía. Indague por varias páginas y arribé a la UCALP, donde me enviaron información sobre las materias, la incumbencia laboral, el perfil de los profesionales, la institución…, por lo que no tarde en ir a inscribirse e iniciar un nuevo camino, lleno de miedos, incertidumbre, ansiedades y novedades. Como todos los del interior, armé mi valija con ropa, comida de mamá, cuadernos en blanco para llenarlos de conocimientos y mis miedos. Sabía cocinar poco, me perdía en las calles de mi propia ciudad, no conocía a nadie, pero nada de eso me impidió ir a cumplir mi sueño. Si ya pasaste por esto, me entenderás; si estas por hacerlo, tranquilo, que es normal, y luego será una simple anécdota.

Inicié la carrera en abril del 2014, tuve excelentes docentes que me transmitieron sus conocimientos y pasión por esta hermosa profesión. Pero no hubiera sido posible sin mi familia y mis compañeras; estas últimas eran mi nueva familia, estuvieron desde el primero al último día, nos alentamos a estudiar, a rendir aunque el miedo fuera enorme, a intentarlo y, sobre todo, a vivir en otra ciudad. La comunidad de la universidad te hace sentir en familia, siempre vas a encontrar alguien que te escuche y aconseje.

La facultad no solo me dio amistades y conocimientos, me brindó grandes experiencias profesionales y personales. Una de ellas fue haber realizado prácticas en CONIN (Corporación para la Nutrición Infantil, Nutrir la Vida) a través de la beca con Santander Río, que me permitió visualizar, conocer y empaparme de otra dura realidad, pero donde hay esperanzas. Mi paso por CONIN me dejó muchísimas herramientas profesionales pero, sobre todo, personales. Considero que ello identifica la esencia de la facultad, los valores que nos inculcan y nos marcan para que seamos buenos profesionales.

No solo tuve esa hermosa experiencia, también transité por UmuPla (Unión de Mujeres de La Plata), un comedor que cuenta con apoyo escolar para niños entre los 6 y los 12 años. Una vez más, la facultad me mostró que se puede, que hay esperanzas y lo importante que son las acciones de uno para con el otro.

Seguramente haya logrado colaborar con estas instituciones, pero yo me llevo mucho más que lo que di: grandes profesionales, colegas, personas; muchísimos consejos, abrazos, besos y sonrisas.

Para obtener el título, realice una tesis acerca de la patologización de la infancia a través del recorrido de un caso clínico. Otra oportunidad donde la generosidad de los docentes se puede visualizar fácilmente; muchos de ellos me aportaron material, me aconsejaron, me despejaron dudas, y, en especial, la Lic. Yamila Olariaga, en ese momento directora de la carrera, quien fue mi tutora de tesis. Ya con título en mano, ella me recomendó para mi primer trabajo.

Actualmente, me encuentro cumpliendo otro sueño, vivir de lo que más me gusta hacer, desempeñando mi profesión en la clínica psicopedagógica, atendiendo a niños y adolescentes, y realizando acompañamientos escolares. En paralelo estoy realizando una maestría en Dificultades de Aprendizaje, porque, como nos enseñan en la facultad, siempre hay que formarse, actualizarse y aprender.

Y si me preguntaran si elegiría una vez más UCALP, no lo dudaría; en ella cumplí mis sueños, conocí grandes seres humanos y, sobre todo, me formé como persona y profesional.

La vida universitaria no finaliza con el título, seguimos siempre en contacto. Por ello, a los que estén considerando estudiar psicopedagogía no duden en hablar con graduados o estudiantes para despejar sus incertidumbres”.

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