En el marco de la formación académica de la carrera de Licenciatura en Obstetricia de la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Católica de La Plata, la Prof. Lic. Obst. Lucrecia Fotia Perniciaro, profesora de la cátedra “Metodología de la Investigación Científica”, reflexionó sobre el crecimiento de las cesáreas en Argentina, el paradigma del parto respetado y la importancia de una atención centrada en los derechos de las personas gestantes.
Según explicó, “si miramos los datos históricos, el informe del Sistema Informático Perinatal (SIP) ya advertía en 2018 una tasa nacional del 35,7%. Hoy esa tendencia al parto por cesárea no solo continuó en ascenso, sino que en amplios sectores supera cómodamente la barrera del 40%”. En ese sentido, remarcó que “estamos ante una desviación alarmante si la contrastamos con el parámetro tradicional de los organismos internacionales, que históricamente sugerían un techo de entre el 10% y el 15% para este procedimiento quirúrgico”.
“Los estudios del Centro Latinoamericano de Perinatología (CLAP) –agregó-, demostraron de forma contundente que la cesárea cumple un rol protector y reduce la mortalidad materna y neonatal únicamente dentro de ese umbral del 10 al 15%; cuando nos excedemos de ese límite, el beneficio clínico desaparece por completo”. Sin embargo, aclaró que actualmente “el verdadero desafío sanitario es erradicar la sobreutilización injustificada y asegurar que el quirófano sea exclusivo para las mujeres que verdaderamente lo necesiten por causas médicas, ‘cesáreas necesarias’”.
Prof. Lic. Obst. Lucrecia Fotia Perniciaro
Sobre las causas del aumento de cesáreas, Fotia Perniciaro sostuvo que “este fenómeno es multicausal y complejo”, y advirtió una fuerte diferencia entre el sector público y privado. “Mientras en el sector público las cesáreas alcanzan un 53,1%, en los efectores privados trepan escandalosamente al 74,5%. Está marcada disparidad institucional responde a lógicas de distribución territorial de los prestadores y a determinantes socioeconómicos, laborales y educativos”, expresó.
En relación con las prácticas obstétricas actuales, explicó que “la instauración de la conducción activa del parto mediante el uso rutinario de oxitocina y la obligatoriedad de la posición horizontal terminaron desdibujando y patologizando un proceso que es esencialmente fisiológico”. Además, indicó que “frente al uso hipertrofiado de monitoreos modernos como la cardiotocografía o el ecodoppler, ante la más mínima duda o sospecha sobre el confort fetal, se suele optar por una conducta excesivamente ‘conservadora’ que culmina en cirugía”.
Consultada sobre cuándo una cesárea es realmente necesaria, detalló que existen indicaciones absolutas y relativas. Entre las absolutas mencionó problemas placentarios, situación fetal transversa, antecedentes de múltiples cesáreas, tumores pélvicos, prolapso de cordón umbilical o infecciones maternas de alto riesgo de transmisión. También señaló situaciones de fuerte indicación como embarazos múltiples, macrosomía fetal (un recién nacido que pesa mucho más que el promedio al nacer), presentación podálica (el bebé se encuentra orientado para nacer con los pies o la cola hacia el canal de parto en lugar de la cabeza) o antecedentes de cesárea previa.
La docente también alertó sobre el riesgo de naturalizar la cesárea como primera opción frente al parto vaginal. “Equiparar una cesárea a un parto normal es un error conceptual grave porque oculta que estamos ante una cirugía mayor”, afirmó. Además, sostuvo que “esta medicalización extrema provocó lo que hoy la comunidad científica describe con preocupación como una verdadera ‘epidemia’ de acretismo placentario”.
Respecto de las consecuencias, indicó que “para las madres, la literatura y la experiencia documentan mayores tasas de infecciones posquirúrgicas, necesidad de transfusiones sanguíneas por hemorragias, histerectomías de urgencia, internaciones prolongadas en terapia intensiva y, en casos extremos, la muerte”. En cuanto a los recién nacidos, explicó que “la programación anticipada incrementa los índices de prematurez iatrogénica y sus complicaciones respiratorias”.
En este contexto, destacó la relevancia del concepto de parto respetado. “Representa nada menos que una revolución en el paradigma asistencial. Significa bajar del pedestal el viejo modelo que entendía al embarazo y al nacimiento como patologías o eventos puramente médicos, para devolverlos al terreno de los procesos fisiológicos y saludables, donde la mujer recupera el protagonismo absoluto”.
Asimismo, subrayó que “el parto respetado no es una cuestión de geografía; es un derecho y una filosofía asistencial protegida por nuestro marco legal. Implica respetar los tiempos de la fisiología de cada mujer sin recurrir a intervenciones de rutina, permitir la total libertad de posición y deambulación durante el trabajo de parto, asegurar el derecho inalienable a estar acompañada por alguien de su confianza y blindar ese primer instante sagrado mediante el contacto piel con piel inmediato y el inicio de la lactancia temprana”.
Sobre los derechos de las personas gestantes, recordó que el ejercicio profesional está respaldado por las leyes nacionales de Parto Humanizado (25.929) y Protección Integral a las Mujeres (26.485). Entre los derechos fundamentales enumeró el acceso a información clara, el trato digno, la autonomía para decidir, el acompañamiento durante todo el proceso y el fortalecimiento del vínculo neonatal.

Finalmente, Fotia Perniciaro resaltó el rol de las obstétricas y la importancia de la formación humanística. “Nuestra identidad profesional conjuga una sólida idoneidad técnico-científica con un profundo abordaje humano y de sostén emocional”, expresó. Además, afirmó que “trabajar bajo un modelo interdisciplinario no significa subordinarse, sino coordinar saberes para defender el parto normal, utilizando la tecnología solo como recurso de rescate ante la complicación”.
En cuanto a la formación de las futuras profesionales, explicó que desde la carrera de Obstetricia “estamos llevando adelante una profunda transformación curricular para desterrar la vieja mirada puramente médico-quirúrgica y avanzar hacia un enfoque integral y humanístico”.
Finalmente, concluyó: “La compasión, la empatía y el respeto irrestricto por la dignidad humana no son ‘accesorios’, sino componentes críticos para lograr experiencias de nacimiento positivas”.
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