(*) Por Eduin Alexander Rincón Galarza
El pasado 12 de mayo las plazas de varias ciudades en Argentina se llenaron de estudiantes, docentes y personal no docente de universidades públicas en reclamo por el cumplimiento de la ley de financiamiento universitario. Ha sido un momento que a todos/as nos interpela y quizás nos mueva a hacernos algunas preguntas.
Hoy 15 de mayo se conmemora el Día del Docente Universitario que busca honrar esta profesión y las luchas históricas que a lo largo de los años los/as profesores han realizado para dignificar su trabajo. Esta fecha nos ha de permitir hacer un alto en el camino y preguntarnos cómo está configurada hoy la docencia universitaria, y para ello el punto de referencia es el Pacto Educativo Global (PEG), y desde esté presentar algunas líneas para abordar y abrir caminos.
En algunas otras notas hemos presentado el PEG; en esta oportunidad, quiero esbozar, de manera sencilla, el rol que en éste ha de tener el docente universitario. Lo primero que podemos rescatar es que todo docente universitario ha de forjar en sí un compromiso educativo, que desde el pacto se gesta por tomar y colocar en el modo de ser docente el humanismo solidario. Para profundizar al respecto, invito a leer la nota: “Educar al humanismo solidario, para construir una ‘civilización del amor’” (2017) de la Congregación para la Educación Católica, y el artículo “Educar en el humanismo solidario. Los retos para la educación universitaria católica” (2020) de Laura Urbina. En esta línea se publicó hace poco en la web institucional de la UCALP la nota de Santiago Liaudat, decano de la Facultad de Humanidades: “Francisco y el nuevo humanismo como horizonte de esperanza”.
Este compromiso educativo desde el humanismo solidario nos ha de permitir abrirnos a sentí-pensar que no educamos de manera fragmentada, sino que buscamos educar integralmente, es decir, que el proceso educativo no sólo está ordenado al saber en sí, sino a todas y cada una de las dimensiones de la persona en relación. Lo cual nos sumerge en el desafío docente de la formación continua, de trabajo interdisciplinar y transdisiplinar, tanto en las áreas de extensión, como de investigación, pastoral, etc. La docencia universitaria ha de vivirse con otros, caminar juntos; un modo de vivirse comunitariamente, de construir saberes y proyectos colectivamente.
La docencia universitaria, desde el PEG, hace un giro radical en el modo de posicionarse en el espacio educativo, reconfigura la autoridad del educador, puesto que el trabajo docente se toma más como un proceso, el proceso de acompañar las trayectorias educativas. Aquí evoco una imagen que usó el Papa Francisco en su momento cuando hablo en el 2022 sobre la misión del educador: “Llamados a custodiar el pasado y acompañar a los jóvenes hacia el futuro”, para lo cual es imperativo educativo que en la docencia universitaria se tomen y se coloquen las siete claves y las tres prioridades que permiten la encarnación del PEG. Tenemos el reto de hacer eficaz la adhesión al pacto en el cuerpo de docentes, es fundamental para educar al modo como nos han invitado Francisco y León XIV.
En otras notas he compartido que educar tiene un fin: educar para amar y servir, para “amar el bien común” y servir en primer lugar a los pobres, a quienes sufren, a quienes la sociedad descarta. De allí que educar es crear y organizar modos de transformar los espacios y estructuras sociales que impiden la plena realización de todo ser humano. Educamos a quienes serán los futuros profesionales, ello implica una responsabilidad y solidaridad para con la historia. Quien se dedica a la educación universitaria ha de amar el bien común, y desde allí posicionarse, puesto que la lógica tecnocrática promueve la visión de la labor docente como un trabajo de empresa, y a la educación no como un bien común, un derecho, sino como una mercancía.
Estas han sido unas sencillas líneas provocativas en este día. Aún nos queda seguir trabajando en construir identidades docentes que respondan a los retos y desafíos actuales desde la perspectiva de cristiana.
En este día les invito a hacer memoria agradecida de todos/as lo/as docentes universitarios que nos han aportado en nuestras trayectorias de vida. Y para quienes nos dedicamos a la docencia, seguir construyendo redes de trabajo solidario, seguir apostando porque la educar sea un acto de amor, un acto de esperanza, el momento en que emergen procesos de transformación personal, social y estructural.
Que Jesús, Maestro, nos enseñe su modo de amar en nuestro trabajo docente.
¡Feliz día!
(*) Secretario Académico del Departamento Superior de Teología