La dislexia es un trastorno del aprendizaje de origen neurobiológico que afecta principalmente la capacidad de una persona para leer con fluidez y precisión. No se trata de un problema de inteligencia o de visión, sino de una dificultad en el cerebro para procesar y relacionar los sonidos del habla con las letras y las palabras.
Como este trastorno impacta en la vida universitaria, el diario digital de la UCALP dialogó con Rocío Martínez, Matías Fernández (ambos en foto de tapa) y Gaspar Gómez Arenas (foto de abajo), alumnos con dislexia de distintas carreras, que nos contaron su experiencia dentro de la institución, las técnicas o herramientas que adoptaron para fortalecer sus trayectorias educativas y la importancia de las redes comunitarias.
Rocío, que acaba de pasar a 4.º año de la licenciatura en Diseño de Interiores, explicó que tiene dislexia mixta y discalculia (similar a la dislexia, pero con los números): “Se me mezclan las letras y las palabras y, a veces, cuando estoy leyendo, cambio de renglón”. Algo parecido reflejó Gaspar, de Kinesiología y Fisiatría en Bahía Blanca, ya que modifica lo leído por otras expresiones, lo que dificulta su comprensión de textos.
Por su parte, Matías, que estudia Abogacía, relató las dificultades que encontró en otras instituciones: “Durante tres años, estuve luchando con las materias, sin poder superar el primer año. Como éramos muchos en cada cursada, no tenía la posibilidad de tener un acompañamiento por parte de los docentes y eso me frustraba mucho. Por eso, decidí venir a la UCALP, donde el trato y el vínculo es otro”.
En la charla, los chicos afirmaron que invierten el doble o triple de tiempo que el resto de sus compañeros para procesar la información que están leyendo. “Leer algo una y otra vez y no poder comprenderlo te desgasta mucho”, aclararon.

Junto al Departamento de Orientación Educativa (DOE), que coordina Teresa Valerga, los estudiantes mencionaron la adopción de diferentes estrategias, para que esa lectura –en general, obligatoria y permanente en la formación superior– no sea tan dificultosa.
Tanto Rocío como Matías incorporaron el uso de fichas o tarjetas por clase para identificar y registrar mejor su camino académico: “Yo los diferencio por colores: si estoy estudiando sobre los cielorrasos y yo lo relaciono con el celeste, toda la ficha de ese tema la voy a poner en ese color”, dijo la alumna de Diseño de Interiores.
“A mí me ayudó ponerle un ganchito por clase a cada una de las tarjetas, en donde le marco con fibrón el título para que me llame la atención y pueda identificarlos. En los exámenes orales, con solo ver el título se me destraba todo y puedo rendir sin problemas”, agregó Matías.
Para organizar bien los tiempos y reducir la frustración, Gaspar recuperó una de las técnicas, que tienen a mano todos los chicos y que se propuso desde el DOE: el estudio por módulos. “Básicamente, es leer detenidamente por 30 o 40 minutos, después frenar por 5 o 10; repetir ese proceso y luego tener un descanso más prolongado. De esa forma, evitás dedicarle tantas horas seguidas, en las que es más probable que te canses mentalmente y no aprendas nada”.
Asimismo, destacaron herramientas útiles, como apps que sirven para leer los textos, ya que con ellas pueden modificar la velocidad para adaptarlo a sus necesidades pedagógicas; y el empleo de Inteligencia Artificial, para confeccionar cuadros y resúmenes orientativos.
Para potenciar el acompañamiento y brindar información pertinente, se creó un grupo de WhatsApp con todos los alumnos con dislexia de nuestra casa de altos estudios: allí, se comparten aplicaciones, tips para gestionar los tiempos de estudio y consejos para abordar textos, construyendo una red de contención comunitaria.
Para cerrar, los tres dieron sus pareceres sobre la dislexia, con el objetivo de aconsejar a todos aquellos chicos que estén atravesando los desafíos que conlleva, pero que tengan intenciones de iniciar o continuar sus estudios universitarios: