(*) Por Tiziano Tenales
Desde hace algunos años, la inteligencia artificial (IA) comenzó a tomar relevancia en la vida cotidiana, convirtiéndose en una herramienta de asistencia para resolver recetas de cocina, aprender el paso a paso para limpiar una mancha o, incluso, mantener conversaciones y pedir consejos emocionales o psicológicos.
En este contexto, la IA también se transformó en el compañero de estudio de millones de alumnos en todo el mundo. “La utilizo bastante seguido, sobre todo para organizar información, buscar conceptos y hacer resúmenes de textos extensos. Me ayuda a ahorrar tiempo, pero siempre reviso el material y lo comparo con la bibliografía de la materia”, mencionó Valentina (foto de abajo), que cursa Psicopedagogía.
Respecto a la frecuencia, señaló que recurre a estas herramientas varias veces por semana, especialmente en épocas de exámenes o entregas. “Es un complemento, no es para que haga el trabajo por mí. Creo que es importante usarla de manera responsable y crítica”, afirmó. Además, destacó que, cuando tiene dudas específicas sobre una materia, suele consultar primero a los docentes: “La inteligencia artificial puede orientar, pero el profesor conoce los contenidos y los criterios de evaluación”.

Algo similar afirmó Ezequiel, estudiante de la facultad de Ciencias Exactas e Ingeniería: “Si tengo una inquietud puntual o necesito una explicación relacionada con la materia, prefiero preguntarle al profesor. La IA es un apoyo muy valioso, pero el intercambio con los docentes sigue siendo fundamental para aprender y resolver dudas de manera más precisa”.
Al ser interrogado sobre cada cuanto abre las distintas aplicaciones disponibles, contó que las considera parte de su rutina académica: “Las uso varias veces a la semana para resumir textos, organizar contenidos y preparar exámenes. Me resulta muy práctica cuando tengo que estudiar grandes cantidades de información”.
Por su parte, Brisa, alumna de Periodismo, aludió a la importancia de aprender a utilizar la inteligencia artificial de manera responsable. “Una cosa es abrirla para hacer resúmenes o consultar algunos temas, y otra muy distinta es no poder razonar por cuenta propia, porque eso puede marcar tu pensamiento y afectar tu futuro laboral”, expresó.
Además, insistió la necesidad de mantener una mirada crítica: “Intento usarla poco y sin dejar que haga todo el trabajo por mí”. Finalmente, reflexionó: “Siento que no hay que dejarnos influenciar por la salida más fácil, porque si no, después no podríamos decidir ni qué vamos a comer”.
“La inteligencia artificial llegó para combatir la frustración del ‘bache creativo’”, comentó Julieta (foto de tapa), que se encuentra transitando el segundo año de Abogacía. En ese sentido, resaltó: “Entre la ansiedad de necesitar una respuesta urgente y la salida fácil de tener acceso inmediato a la herramienta en tu celular o computadora, muchas veces resulta más sencillo buscar respuestas“.

Bruno (foto de arriba), estudiante del profesorado en Educación Física, también compartió su experiencia. “Uso la inteligencia artificial con frecuencia para ordenar apuntes, generar esquemas de estudio y comprender temas complejos. Es una herramienta muy útil si se la utiliza correctamente”, comentó.
Sobre si acude a ella para realizar actividades académicas, aclaró que la utiliza principalmente para obtener explicaciones o ejemplos. “No copio directamente las respuestas. Trato de entender la información y después desarrollar mis propios trabajos”, sostuvo. Asimismo, remarcó que considera fundamental implementar estas tecnologías de manera prudente para evitar errores o información incorrecta.
(*) Estudiante de la Licenciatura en Periodismo.