El Colegio Ministro Luis R. Mac Kay de la UCALP llevó adelante recientemente una nueva asamblea institucional, en la que se abordó el uso del celular dentro del establecimiento. En este espacio, creado hace tres años por el equipo directivo para dialogar y darle voz a la comunidad educativa, tanto jóvenes como adultos intercambiaron perspectivas para regular la tecnología de manera pedagógica. Uno de los testimonios de una alumna de 5to año, captó la atención de quienes participaban de esta asamblea: “No necesitamos que los profes sean animadores, pero es cierto que una buena clase que centra nuestro interés sobre lo que está ocurriendo en el aula, disminuye las probabilidades de que veamos nuestros celulares…”
“Nosotros somos un colegio asambleario. Habitualmente, hacemos tres por año, con un micrófono abierto para que todos puedan transmitir pensamientos, temas que preocupen u otras cuestiones organizativas. De ellas, participa toda la comunidad educativa y, una vez finalizadas, se refiere lo trabajado al Consejo Institucional de Convivencia (CIC), que es el órgano interno que legisla”, relató el director Alejandro Lluch (foto de abajo).
En esta oportunidad, el eje fue la utilización de dispositivos móviles en el recinto. Previo al plenario en el patio, la jornada se dividió en dos grupos coordinados por el centro de estudiantes: por un lado, los estudiantes; por el otro, docentes, preceptores, Equipo de Orientación Escolar (EOE) y el de gestión. “La idea fue dialogar sobre el desafío de incorporar la tecnología sin afectar el proceso de aprendizaje o la vinculación entre pares. Nos interesa mucho que los jóvenes tengan la palabra y escucharlos, ya que es una línea del Pacto Educativo Global del Papa Francisco”, explicó.
Alejandro Lluch, director del Mac Kay
Sobre lo expresado por los estudiantes, Alejandro destacó que en el ciclo superior –jóvenes entre 15 y 18 años- apareció la dificultad para autogestionar el uso del celular, esa sensación de querer soltarlo y no poder, por las múltiples “distracciones” que ofrece: redes sociales, billeteras virtuales, mensajería, entre otros.
Con honestidad, también manifestaron que el dictado de una “buena” lección capta su atención, permitiendo esquivar el chequeo del móvil. “En el plenario, una chica de 5.º aludió a que no necesitan que los profes sean animadores, pero reconoció que una clase que centra el interés sobre lo que está ocurriendo en el aula disminuye las probabilidades de que lo utilicen”, aclaró.
En este punto, hizo una salvedad: por la orientación artística del Mac Kay, en los últimos años se suelen emplear mucho estos dispositivos de forma instrumental: para grabar en materias audiovisuales, filmar alguna coreografía de asignaturas de danza e, incluso, para leer los materiales. “Nuestra propuesta incluye el cuidado de la Casa Común, por lo que promovemos que no circulen tantas fotocopias”.

En el caso del cuerpo docente, emergió la dificultad para llevar adelante las clases por las interrupciones tecnológicas y una preocupación, que se enmarca en el ámbito de la salud: analizar la incorporación de la dependencia a los celulares dentro de la perspectiva de consumo problemático (una cuestión previamente analizada por la investigadora y docente Mirella De María en ESTA nota).
Por último, Lluch mencionó que este tema es muy convocante para todos los actores del colegio y que el material recolectado en la asamblea será estudiado por el CIC para presentar una declaración o un experimento institucional evaluable. La meta es construir una normativa que no sea impuesta, sino que surja del consenso y compromiso de la comunidad.