La revista Artificios de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UCALP publicó recientemente un artículo del profesor y doctor en Filosofía Raúl Oller, en el que se analiza el impacto de la tecnología en la percepción del espacio y, especialmente, en la transformación del vínculo entre lo sagrado y lo profano en la sociedad contemporánea.
Oller, exdecano de la Facultad de Humanidades de nuestra universidad, sostiene que “sin lugar a dudas, sabemos que la tecnología no solo ha acortado distancias, sino que ha reconfigurado la manera en que percibimos la extensión del mundo y nuestra posición en él”. En este sentido, advierte que “nos toca vivir bajo la idea de aniquilación, destrucción del espacio por el tiempo, ya esbozada desde los tiempos de Julio Verne, y que se ha convertido en realidad cotidiana”.
El autor describe una serie de transformaciones que dan cuenta de este proceso, entre ellas la deslocalización de la presencia: “Podemos actuar en un continente mientras nuestro cuerpo permanece en otro, esta posibilidad genera la idea del espacio híbrido”. A esto se suma que “el espacio virtual ya no imita al físico, sino que lo sustituye, ampliando el horizonte de autoridad y experiencia”, lo que también impacta en la forma de aprender: “Observamos la descorporeización del aprendizaje. El simulador en este campo suaviza la resistencia que opone el espacio físico”.
En un mundo dominado por la inmediatez, la permanente innovación, la fugacidad, el espacio sagrado experimenta una transformación funcional.
Raúl Oller, profesor, doctor en Filosofía y exdecano de la Facultad de Humanidades
En su análisis, Oller profundiza en las consecuencias culturales de estos cambios, especialmente en la tradicional distinción entre lo sagrado y lo profano. Afirma que “la tecnología ha destruido ese umbral de muchas formas” y ejemplifica: “El teléfono celular puede ser considerado como el ‘caballo de Troya’, cuando tantas personas consultan en el interior de lo sagrado notificaciones, mensajes de WhatsApp y ¡los contestan!”. A partir de esto, advierte que “el umbral ya no es una puerta, escalón, sino que es una pantalla que no nos aísla de lo profano, sino que nos une a ellos, en la interioridad del espacio sagrado”.
Finalmente, el autor plantea la necesidad de repensar el concepto de lo sagrado en un contexto dominado por la hiperconectividad: “En la sociedad hiperconectada, lo sagrado no coincide necesariamente con lo religioso” y propone que “se hace necesario ampliar la noción de lo sagrado y concebirlo como la capacidad de interrumpir, pausar el flujo constante de estímulos para recuperar la conciencia del propio cuerpo, no solo en el sentido de la utilidad que presta su buena conservación, y también del entorno social al que nos debemos: familia, amigos, distintas comunidades. El silencio digital es la piedra angular de dicho cambio”.
En este marco, concluye que “el espacio sagrado funciona como un paréntesis, una gran pausa, para recuperar nuestra soberanía mental” y lo define como “un puerto de quietud, paz y contemplación concebido para evitar la alineación total del sujeto contemporáneo”.
Lee el artículo completo en la revista Artificios de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de La Plata.
