La Iglesia celebra este domingo 11 de enero el Bautismo del Señor, festividad con la que se da por concluido el tiempo litúrgico de Navidad y se abre el camino al tiempo ordinario. Este día conmemora el bautismo de Jesús en el río Jordán por San Juan Bautista, momento en el que inicia su vida pública. Según relatan los Evangelios, tras salir del agua se abrieron los cielos, el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de paloma y se escuchó la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, mi predilecto”.
Esta fiesta invita a contemplar “el rostro y la voz de Dios, que se manifiestan en la humanidad de Jesús”, y propone una serie de preguntas para la vida personal y comunitaria: si nos sentimos amados y acompañados por Dios, si somos capaces de reconocer su rostro en Jesús y en los hermanos, y si escuchamos su voz. En su momento, el Papa Francisco subrayó la importancia de recordar la fecha del propio bautismo, al que definió como “el día en el que hemos renacido a la vida nueva”.
El lugar tradicional del bautismo de Jesús en el río Jordán fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en febrero de 2016, durante una ceremonia realizada en París, con la participación de autoridades del Reino Hachemita de Jordania y representantes de la Iglesia. Este reconocimiento subraya la relevancia histórica, religiosa y cultural de un sitio central para la fe cristiana.
El Bautismo del Señor es considerado una nueva epifanía, es decir, una manifestación de Cristo. Mientras que en la Epifanía celebrada el 6 de enero Jesús se manifestó a los pueblos paganos representados por los Reyes Magos, en su bautismo se manifiesta al pueblo de Israel, y más adelante, en las Bodas de Caná, a sus discípulos. En la liturgia oriental, estas tres manifestaciones están unidas bajo el mismo sentido de revelación.
Esta celebración invita a los fieles a volver a las fuentes de su propia fe y a renovar el sentido del bautismo como inicio de una vida nueva.