Por Mg. Pablo Bolino y Lic. Ricardo Corbetta (*)
La economía digital dejó de ser un concepto de nicho para convertirse en el marco que define la competitividad global. Según un estudio del Banco Mundial (2024), el valor de la economía digital ya representa cerca del 15% del PIB mundial y crece a una tasa anual superior al 7%. Plataformas como Amazon, Mercado Libre o Alibaba demuestran que la acumulación de datos y el control de ecosistemas digitales redefinen cómo se produce, distribuye y consume valor.
En paralelo, la OCDE advierte que la digitalización transforma la naturaleza de los mercados: se reducen barreras de entrada, emergen monopolios digitales impulsados por externalidades de red, y surgen nuevos modelos como el freemium o la economía de suscripción. Esta complejidad hace que entender el negocio digital vaya mucho más allá de saber usar redes sociales o comercio electrónico: implica comprender las fuerzas económicas que operan detrás.
Un reciente informe del MIT reveló que el 40 % de las tareas actuales son susceptibles de automatizarse total o parcialmente gracias a la inteligencia artificial (IA). Esto modifica el empleo pero también la estructura de costos y la forma de generar excedente económico. Estudios como el de Acemoglu y Restrepo (2023) advierten que la adopción de IA puede desplazar tareas rutinarias, pero aumentar demanda de perfiles capaces de integrar análisis de datos, creatividad y pensamiento estratégico.
El Foro Económico Mundial (2025) prevé que para 2030 surgirán 97 millones de nuevos empleos digitales mientras 85 millones desaparecerán. No se trata solo de un recambio técnico: se están reconfigurando cadenas de valor, márgenes de rentabilidad y concentración de mercado. Comprender estos fenómenos es esencial para anticipar oportunidades y diseñar políticas de competitividad empresarial.
La economía digital también tensiona los marcos regulatorios tradicionales. La Comisión Europea, con normativas como la Digital Markets Act (DMA) y la Digital Services Act (DSA), busca limitar el poder de las grandes plataformas y garantizar competencia leal. En Latinoamérica, la expansión de billeteras virtuales y criptomonedas impulsa debates sobre estabilidad financiera y protección del consumidor.
En este contexto, conceptos como economía de plataformas, efecto red y economía de datos ya no son jerga académica, sino piezas fundamentales para empresarios, consultores y responsables de políticas públicas. Saber cómo se fijan precios en marketplaces globales, cómo se monetiza la atención o qué incentivos distorsionan la competencia resulta clave para diseñar negocios sostenibles.
Frente a este panorama, la Licenciatura en Negocios Digitales de UCALP integra una visión avanzada de la economía como columna vertebral para entender y gestionar el cambio. Las materias de la carrera exploran desde la microeconomía digital —comportamiento del consumidor en entornos virtuales, formación de precios algorítmicos— hasta la macro de la innovación, evaluando cómo la digitalización reconfigura sectores productivos y políticas de desarrollo.
“Formar profesionales que comprendan las dinámicas económicas subyacentes es clave para un desarrollo digital más justo y sostenible”, destacan los autores Pablo Bolino y Ricardo Corbetta.
Además, el plan incorpora IA aplicada a negocios, blockchain y finanzas descentralizadas, ciberseguridad y ética digital. Esta integración permite que los estudiantes no solo dominen herramientas, sino que puedan proyectar escenarios, evaluar riesgos de concentración de datos y proponer soluciones innovadoras con impacto social.
Numerosos autores contemporáneos —como Shoshana Zuboff con su concepto de capitalismo de la vigilancia, y Evgeny Morozov con sus críticas al solucionismo tecnológico— recuerdan que la economía digital no es neutra. El control de datos, la privacidad y la capacidad de manipular precios o información afectan derechos fundamentales. Por eso la formación debe incluir reflexión ética y políticas de inclusión.
En esta línea, carreras como la de UCALP enseñan a identificar externalidades digitales (brechas de acceso, riesgos de exclusión laboral) y a diseñar estrategias que favorezcan un crecimiento económico equilibrado. Esto responde a la demanda de empresas que quieren liderar transformaciones tecnológicas sin perder de vista su impacto social.
La digitalización y la IA no son modas pasajeras: están reescribiendo la economía mundial. Para quienes aspiran a trabajar en marketing, finanzas, consultoría o estrategia, dominar estas dinámicas será tan importante como saber programar o manejar plataformas.
La Licenciatura en Negocios Digitales de UCALP apuesta a ese perfil híbrido y global: profesionales capaces de interpretar datos, proyectar mercados y liderar la innovación tecnológica con mirada económica y ética. En un mundo donde los algoritmos aprenden cada vez más rápido, entender las reglas que guían su impacto será la ventaja competitiva más valiosa.
(*) Docente y coordinador, respectivamente, de la Licenciatura en Negocios Digitales (UCALP)