La Segunda Guerra del Alto Karabaj: a cinco años del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán
La Segunda Guerra del Alto Karabaj: a cinco años del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán
La Segunda Guerra del Alto Karabaj: a cinco años del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán

(*) Diego Hernan Lynch

Era el 27 de septiembre de 2020. Mientras el mundo comenzaba a reabrirse lentamente tras la primera gran ola de la pandemia de COVID-19, una nueva guerra estallaba en el Cáucaso Sur: Azerbaiyán iniciaba una ofensiva militar con el objetivo declarado de recuperar los territorios controlados por fuerzas armenias desde los años 90 y desmantelar el enclave separatista de Artsaj (región de Nagorno Karabaj).

Este conflicto sería el punto cúlmine de casi tres décadas de tensiones entre los dos países, que arrancó en la primera guerra del Alto Karabaj (1988-1994), donde los ex estados soviéticos de Armenia y Azerbaiyán —ahora independientes— se enfrentaron por el territorio de Nagorno Karabaj, de mayoría armenia, pero que legalmente le pertenecía a Baku.

El vencedor de este conflicto será Armenia, que ocupará las zonas del “cinturón de seguridad”. Estas regiones eran: Lachin, que conectaba Nagorno Karabaj con Armenia; Kelbajar, al norte de Lachin; Agdam, al este; Fizuli, al sureste; y Jabrayil, Zangilan y Qubadli, en el sur, a lo largo de la frontera con Irán. De esta manera, Armenia pasaría a controlar de facto el 14 % de Azerbaiyán.

Además, se creará el estado separatista de Artsaj, de 11.500 km², que durante sus 30 años y 6 meses de existencia nunca logró contar con reconocimiento internacional.

Pero, en estas décadas de paz inestable serían continuos los choques armados, incursiones y ataques de artillería que mantenían viva la hostilidad. De a poco, la balanza se inclinaría significativamente del lado azerí tanto demográfica, económica como militarmente.

                                                                Diego Hernan Lynch, estudiante de la UCALP

Para 2020, la población azerbaiyana viviendo en el país superaba levemente los 10 millones de habitantes, mientras que los armenios viviendo en su territorio no llegaban a los 3 millones.

Otro dato que demuestra la gran diferencia de poderío entre los dos países es el económico, donde el PBI de Azerbaiyán, de 42,69 mil millones, era casi cuatro veces más grande que el armenio, de 12,64 mil millones. Este crecimiento de la economía azerí se debe principalmente a las exportaciones de gas y petróleo.

El desarrollo económico vino acompañado por un mayor gasto en defensa, que llegó a ser 3,5 veces superior al armenio. La modernización y ampliación del ejército de Bakú vino acompañada por la compra de equipo militar a Turquía e Israel, este último país vendiendo principalmente misiles tierra-tierra y sistemas de defensa de último modelo.

LOS BOMBARDEOS DEL 27 DE SEPTIEMBRE

Es así como llegamos al 27 de septiembre, donde, a partir de las 7 de la mañana, la artillería de Azerbaiyán comenzó el bombardeo de las localidades de Gadlut, Talish, Martakert y Magatis, en el territorio de Nagorno Karabaj, mientras que las fuerzas armenias lo hicieron sobre la ciudad azerbaiyana de Tartar.

Los ataques azeríes se concentraron primero en los sistemas de defensa aérea armenios, los cuales, en su gran mayoría, eran de los tiempos soviéticos; por lo tanto, quedaban obsoletos frente a los modernos UAV, lo que velozmente le otorgó a Azerbaiyán el dominio del espacio aéreo.

                                      La iglesia armenia de Cristo Salvador, uno de los lugares bombardeados

Luego, los azeríes centraron sus ataques en tanques, artillería y fortificaciones que conformaban la defensa armenia, lo que permitió que equipos de operaciones especiales se infiltraran en las líneas enemigas, capturando puntos de observación, obteniendo inteligencia y coordenadas para ataques de artillería y drones. Para frenar los refuerzos armenios, atacaron las líneas de comunicación y suministro.

Las fuerzas terrestres azeríes alternaban entre ataques y consolidación en los objetivos, debilitando a las fuerzas armenias mediante fuego indirecto (misiles sin línea de visión directa entre arma y objetivo) y guerra electrónica. El uso de drones y fuerzas especiales redujo el contacto directo de las fuerzas de maniobra, hasta que las condiciones fueron favorables para atacar posiciones defensivas armenias.

Los armenios mostraron deficiencias tácticas -agrupaciones de vehículos y personal, poca maniobra, falta de camuflaje o fortificaciones- y su ventaja en el terreno montañoso fue anulada por los drones, que podían vigilar desde arriba y atacar con municiones merodeadoras. Las bajas azeríes provinieron principalmente de minas, misiles antitanque (ATGM) y fuego indirecto. La falta de defensa aérea permitió a Azerbaiyán detectar y atacar unidades de reserva armenias en movimiento.

Las fortalezas y trincheras que los armenios habían construido en las montañas, aprovechando la dificultad del terreno como método de defensa, se vieron sobrepasadas por estas nuevas tecnologías.

Ambos bandos lanzaron campañas de propaganda en redes sociales. Azerbaiyán fue especialmente eficaz al publicar, diariamente, videos en movimiento completo que mostraban la destrucción precisa de equipos y tropas armenias. Armenia, en cambio, difundió sobre todo imágenes estáticas de material azerí destruido y soldados armenios en el frente.

                                             Las tropas de Azerbaiyán, celebrando en 2020 luego de la victoria

EL ALTO AL FUEGO

Finalmente, el 10 de noviembre se firmó un alto al fuego con la mediación de Turquía y Rusia. Como parte del acuerdo se desplegaron 2.000 soldados rusos en la zona para mantener la paz. El claro vencedor de la contienda fue Azerbaiyán, el cual recuperó los territorios ocupados por Armenia en la anterior guerra, además de darle una sentencia de muerte a la república de Artsaj.

Si bien la guerra terminó en noviembre de 2020, Artsaj quedó aislada, rodeada por fuerzas azeríes y con una única vía de conexión con Armenia y el resto del mundo: el corredor de Lachin. Sin embargo, este corredor fue bloqueado en diciembre de 2022, lo que provocó una crisis humanitaria y prácticamente eliminó las posibilidades de que Artsaj se mantuviera como un estado independiente. Una ofensiva relámpago de Azerbaiyán, del 19 al 20 de septiembre de 2023, forzó la rendición de las autoridades armenias de Artsaj y la entrega de todas las armas, además de la firma del fin del estado de Artsaj a partir del 1 de enero de 2024.

Las seis semanas que duró el conflicto ocasionaron la baja de 2.425 militares armenios y de al menos 1.500 combatientes azerbaiyanos, además de una cifra estimada de 400 civiles. Más de 100.000 armenios se han visto forzados a abandonar su residencia habitual en Nagorno Karabaj.

La guerra del 2020 cambió el tablero de poder definitivamente en el Cáucaso Sur, siendo ahora Azerbaiyán el poder dominante de esta zona, y Turquía posicionada como uno de los actores de peso. El claro perdedor de esta contienda fue Armenia, atrapada entre dos aliados más poderosos, y Rusia, que vio disminuida su influencia en la región.

(*) Estudiante avanzado de la Licenciatura en Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Miembro del Instituto de Análisis Políticos y Electorales (IAPE-UCALP).