Tras los recientes episodios de contaminación con fentanilo en Argentina que son de conocimiento público, la docente titular de la asignatura Toxicología, de la carrera de Ingeniería Ambiental de la UCALP y magíster en Ingeniería Ambiental, Nidia Suárez, explicó en detalle qué es esta sustancia, cómo actúa en el organismo y cuáles son los riesgos de su manipulación.
“Los opioides derivan del opio crudo, que es la materia prima obtenida de la planta amapola. Este opio contiene alcaloides naturales, como morfina, codeína y tebaína, que actúan como analgésicos. Y a partir de estos compuestos, se elaboran medicamentos opioides, que pueden ser naturales (como morfinas) o sintéticos (como fentanilo)”, indicó Suárez.
Se trata de un analgésico muy potente que actúa sobre el sistema nervioso central. “El fentanilo es hasta 100 veces más potente que la morfina. Produce analgesia, sedación profunda, euforia y, en altas dosis, depresión respiratoria, que es la principal causa de muerte en sobredosis”, señaló la especialista.
En cuanto a sus propiedades, la docente hizo saber que “su estado es sólido, blanco cristalino, es inodoro, soluble en agua y en solventes orgánicos como el etanol, y se acumula en los tejidos grasos por ser lipofílico”. Además, aclaró que es una “base débil (amina terciaria) muy estable en condiciones ambientales normales”.

Suárez subrayó que “su uso principal es en la medicina, en especial en tratamientos de enfermedades terminales y en procedimientos quirúrgicos como anestésico. Pero también implica riesgos industriales de exposición accidental por inhalación, contacto dérmico o ingestión, que pueden ser letales”.
“Para su manipulación en laboratorios se requiere equipo de protección personal, cabinas de bioseguridad, guantes y mascarillas con filtros”.
Sobre los efectos en el cuerpo, precisó que “puede provocar rigidez muscular, especialmente en el tórax, dificultando la respiración. También genera dolor muscular o mialgias, depresión del sistema nervioso central (es el efecto más importante), somnolencia extrema, euforia, confusión y, en casos graves, paro respiratorio”.
El diagnóstico de intoxicación, explicó, es clínico y se confirma en laboratorio: “Se sospecha cuando se observa depresión respiratoria, somnolencia extrema, pupilas puntiformes y cianosis. El análisis de orina o sangre, junto con cromatografía líquida de alta resolución, permite confirmar y distinguir entre distintos opioides, como el fentanilo y la morfina”.
En cuanto a la prevención, remarcó que “los establecimientos deben llevar un registro estricto del uso de fentanilo. Cada dosis debe quedar asentada con fecha, paciente y médico. La trazabilidad es importante e implica controlar desde la fabricación hasta la administración, bajo la supervisión de la ANMAT y los sistemas de salud provinciales”.

“Entre los controles deben realizarse auditorías internas y externas, controles de stock y consumo, sistemas electrónicos de prescripción y monitoreo de desechos, ya que los opioides no utilizados deben destruirse bajos normas específicas”.
La docente de la facultad de Ciencias Exactas e Ingeniería señaló que la manipulación y producción de fármacos como el fentanilo requieren controles rigurosos: “Durante la elaboración de inyectables deben aplicarse pruebas de esterilidad, endotoxinas bacterianas, monitoreo ambiental, validación de procesos y cumplimiento de buenas prácticas de manufactura. La contaminación de un medicamento puede causar infecciones graves como sepsis o shock séptico, y en el caso del fentanilo, resultar letal”.
Finalmente, Suárez apuntó que “ante derrame de fentanilo, debe darse un plan de contingencia y alerta inmediata, el personal entrenado debe colocarse el equipo de protección personal, no tocar la sustancia sin esa protección, tiene que haber una contención del derrame, una descontaminación del área y finalmente una evaluación médica a la persona que haya estado expuesta“.