La especialista y docente de la Universidad Católica de La Plata, Gabriela Di Pilla, abordó, durante una entrevista con este medio, los principales desafíos que enfrentan los niños con dificultades auditivas y destacó la importancia de la detección temprana para evitar consecuencias en el desarrollo del lenguaje, la cognición y la vida social.
Consultada sobre las señales tempranas que podrían indicar problemas de audición en un lactante, Di Pilla explicó que hay que estar atentos a que “no se sobresalte, parpadee o llore ante un ruido fuerte del ambiente, que no gire la cabeza en busca de la fuente sonora o reaccione a un llamado por su nombre. Hacia el año de vida, tendría que emitir una o dos palabras y lograr cumplir una orden simple como ‘dame’, ‘toma’, ‘vamos’.”
Además, agregó que “en la primera infancia, podemos observar que su habla se presenta con dificultad, pregunta muchos ‘qué’, necesita subir el volumen de la televisión, el rendimiento escolar no es el adecuado por perderse de pistas auditivas y comprensión de consignas”.
Gabriela Di Pilla
En cuanto a las estadísticas, la especialista de la facultad de Ciencias de la Salud de la UCALP citó datos de la Organización Mundial de la Salud: “La incidencia de la hipoacusia es de 5 en 1000 nacidos vivos. Esto aumenta si hay algún factor de riesgo, de 1 a 10 de cada 100 recién nacidos (RN), y 1 a 2 de cada 50 RN que están en las unidades de terapia intensiva”.
En cuanto a las pruebas para el diagnóstico, indicó que en Argentina rige la Ley 25.415, que garantiza estudios auditivos para todos los recién nacidos. Al respecto, comentó que “se realizan a los recién nacidos las otoemisiones acústicas (OEA) dentro de las primeras horas de vida y antes del alta. Si hay factores de riesgo auditivos o las pruebas iniciales no pasan, se ponen en marcha una serie de evaluaciones para descartar o confirmar la pérdida auditiva, como repetir las otoemisiones, realizar potenciales evocados auditivos, impedanciometría (prueba diagnóstica que evalúa el funcionamiento del oído medio, incluyendo la membrana timpánica y la cadena de huesecillos), y otras pruebas de observación de la conducta auditiva“.
“En los niños más grandes se puede realizar audiometría tonal por juego, pruebas verbales, además de las anteriores”.
Di Pilla también contó cómo la hipoacusia afecta al desarrollo del lenguaje: “El habla, así como en primera instancia la conexión y la comunicación, se ve afectado significativamente en su desarrollo. Cuanto más severa sea la pérdida auditiva, más significativas son las dificultades: desde alteración en la pronunciación de algunos sonidos del habla hasta la ausencia total del mismo“.
Sobre el impacto más allá del lenguaje, la integrante del equipo de fonoaudiología del Hospital Zonal Especializado Dr. Noel H. Sbarra señaló que “el desarrollo cognitivo y del lenguaje están relacionados mutuamente. Uno permite el desarrollo del otro, y viceversa. El cognitivo enmarca los dispositivos básicos del aprendizaje como son la memoria, la atención, sensopercepción, el razonamiento, la planificación, todas herramientas necesarias para el desarrollo del lenguaje“.

Y añadió que “en el aspecto social se ve afectada la comunicación con el otro, las relaciones interpersonales, limita la participación en actividades como en la escuela; de la vida cotidiana como reuniones con pares, grupos. Afecta el trabajo y lo económico, ya que son más reducidos los campos laborales de inserción“.
En relación con las estrategias de estimulación del lenguaje, la profesora titular de Práctica I de la carrera de Licenciatura en Fonoaudiología remarcó que “ante niños con desafíos en la audición, la estimulación es a través de la palabra misma. Nunca dejarles de hablar más allá del tipo y grado de hipoacusia que posean. Que observen que de la boca salen sonidos, que se mueve al menos, que de ella se producen, articulan palabras“.
“Los gestos son el primer y natural puente para lograr la conexión y la comunicación como inicio en el proceso del desarrollo del habla y el lenguaje. Se puede estimular con sonidos del entorno cotidiano, onomatopeyas, sonidos del habla. De esta manera se favorece la identificación, localización y discriminación de los mismos. Luego se podrá ir juntando estos sonidos, lograr armar palabras y luego unirlas en oraciones“.

Por último, subrayó la importancia de los cuidados preventivos en casa. Destacó que “los padres pueden lograr construir entornos auditivos seguros. Esto es a través de la educación, de tratar de concientizar desde niños sobre la prevención y el impacto que tienen ciertas conductas sobre la salud auditiva. Algunas como no utilizar auriculares, sobre todo los de inserción en la oreja, regular el volumen de los dispositivos como televisor, celular, parlantes, es decir, evitar la exposición a sonidos fuertes, usar protección auditiva en ambientes ruidosos desde bebé, realizar controles auditivos“.
La detección temprana, los estudios y la intervención adecuada son claves para que los niños con hipoacusia puedan desarrollarse plenamente en todas las áreas de su vida.