En vísperas de la Semana Santa, este viernes 11 de abril a las 18 se llevará a cabo en Plaza Moreno el Vía Crucis de los Pueblos, con el lema “Caminando juntos en la esperanza”. El evento se cerrará con una misa en la Catedral, celebrada por el arzobispo de La Plata y Gran Canciller de la UCALP, monseñor Gustavo Carrara.
Para comprender qué es el Vía Crucis y cuál es su importancia dentro del cristianismo, el capellán de la Facultad de Ciencias de la Salud y el colegio Ministro Luis R. Mac Kay, Federico Ripaldi, expresa:
“El Vía Crucis forma parte del conjunto tradicional de prácticas religiosas devocionales del cristianismo, entendiendo por devoción todas las acciones expresivas del amor a Dios, a quien reconocemos en Jesús de Nazaret, en su vida y en su misión, y particularmente en su pasión.
Ya los cristianos de la primera comunidad de Jerusalén anduvieron, en ciertos momentos y para devota memoria, el camino que había tenido Jesús que recorrer. Tomaba, así, vida ante su mirada interna lo que había sucedido en este camino y en aquel cruce de calles; lo que había pasado por sus corazones en aquellas horas angustiosas, para revelar más tarde su infinito significado a la luz de la mañana de Pascua y en la plenitud espiritual de Pentecostés. Ellos transmitieron a otros lo que recordaban, y estos, a su vez, a otros. Y, cuando más tarde llegaron los peregrinos a Jerusalén, se encontraron con una tradición antiquísima que vinculaba a ciertos lugares los acontecimientos más importantes de la última andadura del Señor. (Romano Guardini, Vía Crucis)
La vía a la que hacemos referencia es el camino recorrido por Jesucristo en los momentos finales de su vida. Un camino marcado por el dolor infligido por aquellos que lo apresaron, condenaron, torturaron y mataron. Pero también un dolor aceptado y asumido en profunda libertad, una libertad capaz de entregarse por los demás. No cualquier libertad, la libertad que elige amar por sobre todas las cosas.
Esta devoción está compuesta por una serie de escenas (estaciones) que recuerdan algunos de los momentos narrados por los Evangelios. Aunque también algunas son extrabíblicas y provienen de tradiciones orales transmitidas por la fe del pueblo creyente.
Estas escenas ordenadas en el camino de la Cruz de Jesús fueron recogidas por frailes franciscanos que, en la Edad Media, querían promover una peregrinación espiritual entre los cristianos que no podían viajar a Tierra Santa. Estas peregrinaciones han sucedido a lo largo de toda la historia del cristianismo. La fe ha movido a tantos hombres y mujeres a descubrir en los escenarios naturales aquellas escenas que han escuchado y meditado tantas veces.
Los franciscanos introdujeron esta práctica en sus iglesias -luego extendida a toda Europa- para ayudar al pueblo cristiano a encontrarse con la Pasión de Jesucristo, meditar sus escenas y reconocer la fuerza de su amor. Así como San Francisco de Asís se sintió movido a renovar la devoción de la Navidad recreando el nacimiento de Jesús a través del Pesebre, los franciscanos han promovido siempre la contemplación de los misterios de su vida y muerte como tesoros para encontrarnos con la fuerza del amor de Dios.
A lo largo de las 14 estaciones que dura este peregrinar con Cristo, somos invitados a sentir y pensar sus vivencias, sus palabras y silencios, sus gestos, para estar con él. Quienes se suman a este itinerario espiritual pueden ver reflejadas en la experiencia de la Pasión sus propias vidas, sus sufrimientos y dolores, sus caídas, sus temores, etc. Y también pueden encontrar una nueva luz para vivirlas.
La meditación de las estaciones es acompañada por momentos de oración y silencio, por cantos, a la luz del arte religioso que nos permite acercarnos al misterio a través de las imágenes.
El Vía Crucis siempre tiene algo nuevo que decir al que lo reza. Un día es una estación la que le habla de modo más penetrante; otro día puede ser otra. Algunas escenas permanecen largo tiempo mudas, pero, cuando las despierta alguna experiencia espiritual nueva, empiezan de pronto a hablar al alma. Otras estaciones las acompañan con su luminoso misterio sin cambiar durante años. Y si alguien se acostumbra a llevar sinceramente al Vía Crucis experiencias personales, azarosas preocupaciones y perplejidades, recibirá a menudo insospechada luz e inesperado consuelo. (Romano Guardini, Vía Crucis)
En el contexto del Jubileo de la Esperanza, la propuesta del Vía Crucis puede ayudarnos a tomar conciencia que el camino de entrega de Jesucristo inauguró una esperanza inusitada, la que brota del amor que vence el mal y la muerte, por lo que nos anima no solo a esperar sino a practicar esta virtud activamente, como constructores de una sociedad justa y fraterna, donde el dolor y el sufrimiento no tengan la última palabra”.