El viernes 4 de abril se realizará un concierto para finalizar el homenaje al destacado artista Guillermo Martínez Solimán, que el Museo de Arte Contemporáneo Beato Angélico de la Universidad Católica de La Plata viene llevando a cabo en estos días a través de la exposición de sus obras.

Martínez Solimán nació en La Plata en 1900 y falleció en la misma ciudad en 1984. Estudió en la entonces Escuela Superior de Dibujo de la UNLP donde recibió enseñanzas de, entre otros, Antonio Alice y Antonio Pagneux, siendo compañero de Antonio Boveri. Obtuvo el título de profesor de dibujo en 1921. En ese mismo año, fue premiado en el Salón Nacional de Arte Decorativo. En 1924 se le otorgó una beca que le permitió continuar su formación en Europa, al igual que otros artistas argentinos de su generación. Durante nueve años recorrió Alemania, Austria, Italia, España, Bélgica, Rusia, etc. Residió en los Alpes italianos, en las costas del mar del Norte, en Flandes y durante un tiempo tuvo su taller en Laethem, Bélgica.
En 1934 regresó al país y se relacionó con los pintores de la Escuela de la Boca, tales como Alfredo Lazzari, Fortunato Lacámera y Quinquela Martín. Justamente en el Museo, que lleva el nombre de este último artista, cuelgan dos importantes obras de Martínez Solimán; una de ellas obtuvo el primer premio adquisición de la Comisión Nacional de Cultura en el año 1952. En 1944 se estableció en Villa Elisa, localidad, en ese momento rural, del partido de La Plata.

Desde 1941 y, durante tres décadas, fue profesor titular de la actual Facultad de Bellas Artes de la UNLP, en la cátedra de pintura al aire libre, concepto que refiere al plain air, novedad en la pintura atribuida a la Escuela de Barbizon y a los impresionistas. En su cátedra, forjó a una generación de artistas que se consideran con orgullo sus discípulos.
Abordó distintas temáticas donde se evidencia su oficio de pintor y, también, de dibujante, expresado en el uso del color y de la luz que sintetizan las enseñanzas de nuestros primeros impresionistas, como Malharro, de sus maestros Pagneux y Alice y del postimpresionismo que nos recuerda a Van Gogh, por el uso que hizo del color, como elemento protagónico.
Fue intérprete del plain air utilizando el blanco y los grises para las vistas nevadas, amarillo vibrante en los trigales y hasta un atrevido rojo en algunos paisajes. No se limitó a temas ni a tamaños, resolvió con la misma gracia y oficio las pequeñas manchas, los grandes óleos y los dibujos a la carbonilla.
