Por Eduin Alexander Rincón Galarza (*)
La invitación a la memoria es la de ponernos en toda situación en la defensa de la verdad y la lucha por la justicia. ¿Cuál verdad? Diríamos hoy: la verdad de la vida digna para todo ser humano; con mayor premura, la vida de nuestros hermanos/as pobres, marginados, violentados. Es tener la certeza del corazón de que la verdad jamás tendrá como aliados ni a la violencia ni al miedo. Defender la verdad del cuidado de la casa común, buscando colocar los medios más justos para que todo conocimiento sea ordenado a este desafío. En últimas, trabajar por la verdad que emana del anuncio del reinado de Dios en el aquí y ahora, que hace posible experiencias de resurrección en toda situación de crucifixión y muerte.
La invitación a la memoria también implica ponernos al servicio de la justicia, y aquí solo basta recordar, por un lado, al profeta Miqueas: “Se te ha declarado hombre lo que es bueno, lo que el Señor de ti reclama: tan solo practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios” (Mi 6, 8) y a Jesucristo “felices los perseguidos por asumir la causa de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5, 10).
En este tiempo de Cuaresma, hagamos un alto en el camino para preguntarnos como personas, como familia, como comunidad universitaria: ¿cuáles son los compromisos concretos por la memoria, la verdad y la justicia? ¿En qué causas estoy “gastando mi vida”?
Recordemos la invitación de este año jubilar de ser peregrinos/as y artesanos/as de esperanza y paz, y así trabajar por un “nunca más” que resuene en todo corazón.
Hoy también se celebra San Oscar Romero.
(*) Secretario Académico, Departamento Superior de Teología.