Los estudiantes de la sede Bahía Blanca de la UCALP consumen muy pocas frutas, y un 50 % de ellos no las ingiere diariamente. Tampoco hay un consumo habitual de legumbres, pescados o lácteos, y el grupo de alimentos opcionales, como snacks y golosinas, tiene un consumo elevado. Así se desprende de una investigación acerca de los hábitos alimentarios que se realiza en la mencionada sede.
Cecilia Merino, Directora de la sede Bahía Blanca de la Universidad Católica de La Plata y Licenciada en Nutrición, está llevando adelante una investigación centrada en los hábitos alimentarios de los ingresantes a distintas carreras de la Universidad. El proyecto, que se inició en 2023, tiene como objetivo analizar la relación entre la carrera elegida y los patrones alimentarios de los estudiantes; busca detectar si los alumnos y alumnas de carreras relacionadas con la salud, como Nutrición o Kinesiología, presentan hábitos distintos a los de otras áreas, como Criminalística o Fonoaudiología.
“Nos preguntamos si los estudiantes que eligen carreras vinculadas a la salud, como Nutrición, adoptan una alimentación más saludable en comparación con aquellos que estudian carreras no relacionadas”, explica Merino. El proyecto busca realizar un seguimiento a lo largo de los años, comparando los hábitos alimenticios y datos antropométricos de los estudiantes desde su ingreso hasta su graduación. “La idea es tomar los datos nuevamente cuando se estén por recibir, para ver si hubo cambios significativos en su alimentación y composición corporal”, detalla la investigadora.
Este tipo de alimentación -explica- tiene un impacto directo en la composición corporal de los estudiantes, y afecta sus niveles de grasa y masa muscular.
Los primeros resultados, obtenidos entre 2023 y 2024 han revelado patrones de consumo preocupantes. Según Merino, “se ha observado que los estudiantes consumen muy pocas frutas, y un 50 % de ellos no las ingiere diariamente. Tampoco hay un consumo habitual de legumbres, pescado o lácteos, y el grupo de alimentos opcionales, como snacks y golosinas, tiene un consumo elevado.” Este tipo de alimentación, explica, tiene un impacto directo en la composición corporal de los estudiantes, y afecta sus niveles de grasa y masa muscular.
Además de analizar estos datos, el equipo de investigación planea realizar intervenciones para mejorar los hábitos alimentarios de los estudiantes. “Queremos implementar talleres de educación alimentaria y campañas informativas para fomentar el consumo de alimentos saludables, como pescado, legumbres y agua natural”, comenta Merino. Esta intervención no solo busca mejorar la calidad de vida de los alumnos y alumnas, sino también promover la salud a nivel general, abordando deficiencias alimentarias que se observan en la población.
La investigación tiene un fuerte componente educativo, alineado con la misión de la Universidad de contribuir al bienestar de la comunidad a través del conocimiento. “Este trabajo es un aporte para mejorar la calidad de salud de los estudiantes, y hacerlo desde un ámbito educativo nos parece fundamental”, concluye Merino.