Dardo Difalco: cuatro décadas de enseñanza y pasión por el Derecho
Dardo Difalco: cuatro décadas de enseñanza y pasión por el derecho
Dardo Difalco: cuatro décadas de enseñanza y pasión por el derecho

“Esta es mi segunda casa”, repite constantemente el Dr. Dardo Difalco, quien a sus 73 años continúa dando clases en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, en las asignaturas Derecho Constitucional I y II, y en Derecho Público, Provincial y Municipal (cátedra II). La expresión no es desatinada: egresado del Colegio Secundario José Manuel Estrada, en la década del setenta cursó Abogacía en la UCALP y, en 1983, por invitación de su colega Tomás Diego Bernard, completó el Profesorado Universitario de nuestra casa de altos estudios e inició su recorrido como docente.

En sus 42 años de trayectoria –sesenta en total, si se considera el periodo secundario y facultativo-, la docencia universitaria le dejó una gran enseñanza, que mantiene hasta la actualidad: “Los profesores tenemos que cuidar y entender al alumno, porque hubo un cambio generacional. Cuando yo estudiaba, había mucho más rigorismo. Hoy, con los chicos tenés que hablar y explicarles para buscar los puntos en común y que puedan aprovechar la clase. Siempre les digo a mis colegas que el que tiene que adaptarse al cambio es el docente”. 

Al doctor Difalco, comparar épocas, estilos de enseñanza y las características del alumnado le sale natural. No obstante, su valoración la realiza sin nostalgia del pasado y evitando recurrir a visiones peyorativas sobre el presente. “Cuando hice la carrera, con el docente terminabas construyendo un vínculo porque cursabas durante ocho meses y él te conocía, sabía cómo pensabas. Entonces, si habías hecho una buena cursada, el examen final era más bien una charla, sin dejar de ser exigente”, subrayó y afirmó: “Ahora, está la promoción y yo estoy de acuerdo, creo que es una buena decisión para incentivar al alumno a que estudie más durante el año”.

En los últimos años, su carga horaria como profesor la distribuye en las carreras de Abogacía y Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Lejos de mostrar síntomas de cansancio, Dardo explicó qué lo motiva a permanecer dentro del aula: “Me enriquece mucho estar rodeado de gente joven. Además, la docencia te mantiene activo y te obliga a estar actualizado y aprendiendo constantemente. El día que se me apague esa llama y no tenga ese entendimiento que tengo hoy con los alumnos, le dejaré el lugar a otro”.

El legado familiar y el desempeño profesional

Además de su permanencia en la estructura de la Universidad, le transmitió el legado a su familia, ya que tres de sus cuatro hijos son egresados de la carrera de Abogacía. Es más, junto a su hija María Florencia dictan las materias de Derecho Constitucional. “Eso también es muy lindo porque escucho de los alumnos que mi hija da buenas clases, lo cual me enorgullece”, contó Difalco.

Su dedicación como integrante del cuerpo docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas no lo privó de tener un notable desempeño profesional: en sus primeros años, asesoró en cuestiones legales a empresas y, más adelante, edificó una prolífica carrera en la Armada de la República Argentina, en donde fue Director General de Asuntos Jurídicos y llegó hasta el rango de contraalmirante auditor, una de las jerarquías más altas.

La distinción por su trayectoria

En junio del año pasado, en el marco del 60.º aniversario de la institución, se distinguió a los docentes y no docentes con más de 35 años de trayectoria y, por supuesto, se lo incluyó entre los homenajeados.  Sobre el reconocimiento, destacó: “Siempre les inculco a mis alumnos que lo importante es la constancia, el estudio y ser feliz en el lugar que a uno le toque ocupar. Después, el propio camino te va llevando a que te reconozcan. A mí me puso muy feliz que me tuvieran en cuenta porque disfruto de trabajar acá y de recorrer estos pasillos que conozco tanto”.

Cada frase, cada palabra expresada por Dardo Difalco está cargada de agradecimiento a una institución educativa que lo cobijó y lo formó como individuo durante sesenta años. Tal como hicieron con él hace cuatro décadas, para sus cátedras adoptó una máxima: intentar, en la medida de lo posible, que los docentes y ayudantes sean egresados de la UCALP; jóvenes profesionales que repliquen los valores cristianos y de excelencia educativa que se pregonan aquí.

“Como toda mi etapa de educación la hice en esta Universidad, lo que me lleva a continuar con la docencia a la edad que tengo es la vocación y mi deseo de devolverle a esta comunidad todo lo que me ha ofrecido, en lo profesional y en lo personal”, concluyó.