“La tarea que realizan los educadores es de esperanza, realmente, porque la educación transforma, abre horizontes, hace desplegar potencialidades que los más chicos tienen o que todos tenemos, descubre vocaciones y un sentido en la vida. La educación es transformadora”, expresó el arzobispo de La Plata, monseñor Gustavo Carrara, durante una entrevista con el diario digital de la UCALP, y dejó un claro concepto en la finalización del mes del Jubileo de la Educación:
“Tenemos que trabajar por una educación que se abra a la fraternidad y a la amistad social, citando al Papa en Fratelli Tutti; una educación que escuche el dolor, el grito de la tierra y el de los más pobres, que sea cristiana y ayude a volver al corazón de Jesús y a los sentimientos de nuestro Salvador. Es algo que es característica de la educación cristiana, católica… Volver al corazón de Jesús”.
Con la sencillez y el tono pausado que lo caracteriza, con las palabras precisas y necesarias, el arzobispo llevó su mensaje a toda la comunidad educativa a pocos días del inicio del ciclo lectivo 2025 en su totalidad.
“La universidad tiene el acompañamiento de la Iglesia desde hace mucho tiempo, o sea que está metida en su historia. Por ejemplo, tuvo incidencia en el comienzo de la UBA y también en la UNLP. La universidad tiene un potencial enorme de transformación -señaló Carrara-, puede tender puentes y ayudar mucho a que la sociedad se transforme y así no pensar solo en el progreso o el sueño personal, que es necesario hacerlo, pero no cerrarse en eso. El joven universitario no debe cerrarse sobre sí mismo. Me gusta mucho escuchar cuando dicen ‘quiero devolverle a la sociedad lo que la sociedad me dio a través de la universidad, ¿no?’, y luego lo realizan, eso es muy lindo”.
Y sostuvo: “La potencialidad que tiene una universidad es muy grande, yo lo he visto, he interactuado con la universidad, digamos, en su momento con la UCA, con la UBA, con la UMED, con la USAL; le han hecho mucho bien a la pastoral que uno lleva adelante, y a la vez a esos ámbitos también se les ha enriquecido”.
LA CIUDAD Y LOS BARRIOS POPULARES
Monseñor Carrara también habló sobre los barrios populares de la arquidiócesis de La Plata: “Hace dos meses que llegué y estoy en un proceso de escucha, de conocimiento, de lectura de territorios pastorales”, aclaró, y añadió que “el trabajo pastoral en las villas y barrios populares lo hice durante muchos años, por eso es algo que quiero y valoro, aunque soy arzobispo de toda la arquidiócesis y de todas las realidades”.
Manifestó que “también me toca ser presidente de Cáritas Argentina, donde una de las áreas se llama Integración de Barrios Populares, a cuyos responsables pedí un listado de las zonas más humildes de La Plata. Me pasaron 6 páginas y son más de 250 villas y barrios populares, entendiéndose por este último concepto a un lugar donde están viviendo un mínimo de 8 familias. Pero hay barrios populares donde residen, por ejemplo, 50.000 personas, como puede ser la Villa del Bajo Flores, donde estuve viviendo. En estos lugares, no hay tenencia de la tierra o es precaria, la accesibilidad a servicios básicos es insuficiente, como puede ser el agua potable, la electricidad segura, las cloacas; todo eso hace a la salud de la población. Entonces, bueno, sí empecé a conocer algunos de los barrios populares platenses, aunque recién estoy en una fase de escucha y conocimiento”.

“El concepto de integración habla de que, en el fondo, los pobres no solo dan que pensar, sino que piensan. No solo despiertan sentimientos de ayuda, de compasión o de rechazo, sino que los pobres sienten. Y no solo padecen las injusticias, sino que muchas veces se organizan para buscar una solución a esas injusticias”.
Para finalizar, Carrara dijo: “Hay un anhelo en el corazón de los vecinos y vecinas de un barrio popular que lo refleja bien el Papa Francisco cuando habla de tierra, techo, trabajo, ¿no? Una tierra para trabajar, para construir un techo, cuidar una familia… Lo que ocurre es que, si uno mira a la Argentina en su totalidad, hay una mala distribución de la población en un territorio tan extenso y además existe falta de orden y planificación estratégica, y de oportunidades en ciertas zonas del país que hace que la gente emigre hacia otros lugares buscando un futuro mejor para sus hijos. Pero lo que más se ve en los humildes es el deseo de trabajar y sacar a la familia adelante, o sea, vivir dignamente”.