(*) Por Eduin Alexander Rincón Galarza
Que la alegría pascual sea en cada uno de ustedes, lectores/as. Hemos culminado un tiempo litúrgico (la cuaresma) y con la celebración de la Pascua de Resurrección nos adentramos a un tiempo nuevo: el tiempo pascual. Y en este tiempo nuevo lo que más hemos de cuidar es sabernos colocar ahí con Jesucristo resucitado, para que su Presencia nos colme de alegría y paz, y en su Amor busquemos el modo de mejor transparentarlo en nuestros contextos con la vida misma, es decir, ser personas resucitadas. Puesto que vivir siendo personas resucitadas no es algo individual e intimista, sino que es fundamentalmente un ser-comunidad.
Recuerdo algo que nos dijo un teólogo profesor muy querido (Gustavo Baena s.j.) y que después constaté leyendo la escritura y en los diferentes apostolados que he realizado y es que la resurrección tiene un carácter comunitario. Ser comunidad es quizás el primer rasgo de la resurrección, a quienes el miedo dispersó, el Señor resucitado reúne de nuevo y les imprime una fuerza que los/as mueve a darse totalmente, a servir, a obrar milagros en nombre de Jesús. ¡Es asombroso!
En esta nota, quiero compartir ecos a tres preguntas que brotan en mi interior: ¿Cómo he experimentado a Jesús resucitado?, ¿Cómo vivo desde la experiencia de resurrección? y ¿A qué me mueve en el aquí y ahora confesar a Jesús Resucitado?
En medio de situaciones tanto locales como regionales y globales donde personas y comunidades están siendo crucificadas por las lógicas de los poderes que matan, celebrar la Pascua nos ha de mover a mirarnos desde nuestro modo de ser para con nuestros hermanos/as en determinada situación, en especial con quienes están siendo vulnerados, empobrecidos, excluidos. Puesto que cuando confesamos que Jesús ha sido resucitado, estamos anhelando vivir desde allí, es decir, ser Buena Noticia, comenzando por serlo para los pobres. Me atrevo a decir que si no vamos por ese camino, aún no hemos comprendido las implicaciones de vivir en el Resucitado.
Pido a cada uno/a realizar un alto en el camino, y observarse-amorosamente e ir más allá de lo formal-cultual, para ver con el corazón cómo en la historia personal ha experimentado a Jesús resucitado; es fundamental ese ejercicio espiritual-existencial.
Al resucitado para confesarlo con la vida misma es preciso primero “sentirlo y gustarlo” internamente, la clave de acceso para “interpretar la experiencia” es la consciencia de su Presencia moviendo internamente a una alegría y paz que sólo la Gracia puede dar. Y que sencillamente nos mueve a darnos-amorosamente desde su alegría, su paz. Es lo que mueve a San Pablo a decir “porque me amó y se entregó por mí”, y al captar que está vivo en su ser y que participar de su ser resucitado, la vida cobra un sentido mayor. Vivir la resurrección es trabajar para que todos/as tengamos vida en plenitud, comenzando por nuestros/as hermanos/as empobrecidos/as.
Y ello nos aproxima a la segunda pregunta ¿Cómo vivir desde el Señor Resucitado? Para que nuestro modo de ser y proceder no quede sujeto a una emoción o sentimiento del momento celebrativo y se diluya con el pasar de los días. Cada uno/a ha de pedir la gracia a Dios de “permanecer en su Amor”, es decir, con una atención al Resucitado en la propia vida, en el día a día, puesto que los efectos de su Presencia en nosotros se han de notar, tener el olor a resurrección.
Los/as discípulos/as de Jesús que conformaron la primera comunidad cristiana, si nos fijamos lo que narra Hechos de los Apóstoles, se comenzaron a mostrar al mundo viviendo en el modo resucitado, haciendo lo mismo que Jesús. Ese es un rasgo fundamental de que se ha experimentado y se vive desde Jesús Resucitado, es decir, que las personas creyentes (en Jesucristo) estamos buscando y hallando el modo de amar como Jesús en el día a día, comenzando por amar a los pobres.
Jesús resucitado siendo en nosotros/as nos mueve a amar a su modo, y en ello hemos de saber disponer tiempo para la vida interior y así ser más conscientes de lo que nos comunica el Señor en nuestro corazón y del modo cómo nosotros respondemos. Sin vida interior, sin coloquios con Cristo, la resurrección se queda solamente en el campo de lo cultual.
Les quiero invitar para quienes deseen profundizar en la experiencia de resurrección a la charla por zoom del teólogo y biblista Xavier Alegre s.j, que se realizará el próximo miércoles 8 de abril a las 15 (código de acceso 123).
Que seamos personas que viven resucitadas, siendo amor para los demás, porque la resurrección de Jesús es esperanza para nuestras vidas, para nuestras comunidades, para nuestros pueblos.
¡Feliz tiempo pascual!
(*) Secretario Académico del Departamento Superior de Teología