*Por Eduin Alexander Rincón Galarza
Unido al mensaje del Papa Francisco para el inicio de la Cuaresma, cuyo título he tomado para la reflexión de este Miércoles de Ceniza, iniciamos un tiempo de posibilidad amorosa para crecer en la esperanza, tiempo que nos invita a disponer los corazones para escuchar con mayor hondura lo que Dios nos quiere comunicar, con el fin de celebrar con una alegría renovada el Misterio Pascual.
El Papa en su mensaje hace un triple llamado a la conversión. Ahora bien, el desafío nuestro es cómo tomar el mensaje y colocarlo en los contextos personal, comunitario-eclesial, universitario y social. Articulando con las palabras de Mons. Gustavo en el jubileo de la educación, que este tiempo de Cuaresma nos permita hacer un alto en el camino para ver, conocer, interpretar los signos de los tiempos y colocarnos en acción, mostrando gestos sencillos de conversión, planteando líneas de acción desde un “caminar juntos”.
En ese sentido, el Papa escribe “caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia”.
Para este tiempo de Cuaresma, les propongo dos ejercicios que requieren silencio, en clave de una contemplación activa, pues es preciso gestar espacios a nuestro ser para que nuestra espiritualidad sea más encarnada e integrada.
El primer ejercicio que podemos plantearnos en nuestros lugares vitales es ver si allí somos artesanos de la unidad o si por el contrario nos mueve más el ego que el ser personas para los demás. Preguntémonos, tomando el mensaje de Francisco, “ante el Señor, si somos capaces de trabajar juntos” como comunidad universitaria, como colegio, como familia al servicio del Reinado de Dios. ¿Cuáles son mis actitudes y gestos concretos que me hacen artesano de la unidad allí donde soy?, ¿cómo estoy colocando la sinodalidad en práctica al momento de ser-con-los demás?
En la última parte del mensaje, el Papa nos invita a la conversión de la esperanza, recordándonos que lo central y fundamental para esta ya lo hemos recibido de Dios que nos ama incondicionalmente, siendo Jesucristo Resucitado “nuestro amor, nuestra esperanza”. Para ello, es muy importante pasar tiempo de intimidad con el Maestro, pues él nos irá dando la gracia para ser no solo artesanos de unidad, sino personas-esperanza. Para ser-esperanza, es preciso “permanecer en el Amor de Jesucristo” (Cf. Jn 15, 9), por eso no dejemos el momento diario de coloquio íntimo con el Maestro, pidiendo con humildad en esta Cuaresma que nos dé amor a su modo. Si no hemos creado ese momento de intimidad diaria con Cristo, que esta Cuaresma nos permita crear el hábito, y de este sacar el mayor provecho. Créanme, ¡vale la pena!
El segundo ejercicio que podemos realizar de este tiempo de cuaresma es, desde la oración, preguntarnos: ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?, ¿cómo hago eficaz esa esperanza en los contextos donde soy?, ¿cómo puedo, quiero y elijo ser esperanza para mis hermanos/as empobrecidos/as?, ¿qué compromisos concretos estoy dispuesto a asumir?
Que estos dos ejercicios nos permitan crecer en amor y esperanza, colocando la mirada en las realidades de nuestra familia, barrio, universidad, colegio, ciudad… donde Cristo nos está pidiendo ser testigos de esperanza, testigos de amor, testigos de su Resurrección.
Que María nos acompañe en este tiempo de Cuaresma a disponer el corazón y la vida para celebrar la Pascua de su Hijo, nuestro Señor.
*Secretario Académico
Departamento Superior de Teología
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