Los “Therians”, una reflexión sobre la pérdida de identidad humana y cristiana | UCALP
Los “Therians”, una reflexión sobre la pérdida de identidad humana y cristiana
Los “Therians”, una reflexión sobre la pérdida de identidad humana y cristiana

Por el Lic. Pbro. Padre Guillermo Encinas (*)

El fenómeno therian (o teriantropía moderna) invita a una reflexión profunda sobre cómo las nuevas generaciones construyen su identidad en un mundo donde lo digital y lo espiritual se entrelazan. Más que una simple moda, este movimiento revela la búsqueda de sentido y pertenencia de muchos jóvenes.

Ejes sobre el fenómeno:

Identidad y Pertenencia: Para muchos adolescentes, identificarse con un animal (o teriotipo) funciona como un refugio emocional. Ofrece una etiqueta que organiza sentimientos de confusión o de “no encajar” en las normas sociales tradicionales.

Espiritualidad vs. Patología: La mayoría de los especialistas coinciden en que no se trata de un trastorno mental, sino de una vivencia subjetiva o espiritual. A diferencia de la teriantropía clínica (un delirio de transformación física), los therians son plenamente conscientes de su condición humana, pero sienten un vínculo interno con la esencia de otro animal.

El Rol de las Redes Sociales: Plataformas como TikTok e Instagram han acelerado la visibilidad del fenómeno. Lo que antes era una subcultura de los años 90, hoy se ha convertido en una comunidad global donde el uso de máscaras y conductas animales sirve como una herramienta de expresión y catarsis.

Factor Protector: Algunos estudios sugieren que estas comunidades pueden actuar como un factor protector para personas con neurodivergencias (como autismo), al proporcionarles un espacio seguro para socializar sin las presiones de las convenciones humanas típicas.

Reacción Social: El debate suele oscilar entre el rechazo mediático y la necesidad de un acompañamiento empático desde la psicología y la educación, evitando la estigmatización de quienes simplemente buscan una forma diferente de habitar el mundo.

Desde este punto de partida podemos abordar este tema desde diferentes variables, aquí solo se tomarán las variables de análisis, de forma breve, desde la Psicología y desde la Teología; enfocado a los adolescentes.

El fenómeno Therian y el deseo de “ser otro”

Desde la psicología, este deseo puede interpretarse como un mecanismo de defensa o evasión ante una realidad que resulta hostil o vacía.

Teológicamente, el ser humano es Imago Dei (imagen de Dios), y el deseo de transmutar en otra especie sugiere una crisis en la aceptación de la propia naturaleza creada.

Puede ser una respuesta a la deshumanización: si “ser humano” implica dolor, soledad o exigencias inalcanzables, el “refugio” en lo animal ofrece una simplicidad instintiva donde no hay juicios morales ni presiones sociales.

Crisis de identidad en adolescentes

Más que una negación de la humanidad, suele ser una identidad de transición. La identidad adolescente es fluida por naturaleza; el problema surge cuando el “personaje” sustituye al “yo” real.

Espiritualmente, esto revela una sed de pertenencia: el joven no busca ser un animal, busca ser visto y aceptado. La crisis no es de su “especie”, sino de su propósito y valor como persona en un mundo que a veces los trata como objetos o datos.

El impacto del entorno digital

Las comunidades digitales actúan como cámaras de eco. El algoritmo valida la disforia de especie y la normaliza antes de que el joven pueda procesarla críticamente.

Digitalmente, la identidad se vuelve un “menú a la carta”, fragmentando la unidad de la persona (alma, cuerpo y mente) en favor de una estética o una etiqueta online.

Metas a largo plazo y autopercepción

La construcción de un proyecto de vida requiere enraizamiento en la realidad. Si la autopercepción está disociada de la biología humana, las metas académicas y vinculares pueden sufrir.

Los vínculos humanos sanos requieren reciprocidad humana; si el adolescente se encierra en una identidad no-humana, corre el riesgo de un aislamiento funcional que dificulte su autonomía y su capacidad de compromiso
profesional.

El límite para educadores: Individualidad vs. Convivencia

El límite es la verdad y la caridad. El respeto a la individualidad no significa validar una distorsión de la realidad, sino acompañar a la persona. La convivencia comunitaria se basa en reglas humanas compartidas. Un educador
debe acoger al joven (caridad en acción), pero no puede renunciar a la misión de formarlo para vivir en una sociedad de humanos (verdad). El límite es cuando la conducta individual interfiere con el aprendizaje o el bienestar de los demás.

Señales de alerta para intervención profesional

Un docente/educador debe observar cuando la conducta deja de ser un “juego de rol” o una moda y presenta:

Retraimiento social extremo (solo se vincula con otros “therians”).

Deterioro académico significativo.

Conductas regresivas que afecten la higiene o la comunicación verbal.

Angustia persistente cuando no se le permite actuar como animal (disforia severa).

Para cerrar esta reflexión desde la doble mirada como pastor y psicólogo, podemos concluir que el fenómeno therian no debe leerse como una agresión, sino como un síntoma y un grito de auxilio en la posmodernidad.

Síntesis Teológico-Pastoral: La nostalgia de la integridad

Desde la teología, el fenómeno therian revela una profunda herida en la antropología cristiana. El ser humano, creado como unidad sustancial de cuerpo y alma, parece estar viviendo una “fragmentación del ser”.

La pérdida del centro: Cuando el hombre pierde su referencia con el Creador, pierde también la brújula de su propia dignidad. El deseo de “ser otro” (animal) es, en el fondo, una búsqueda de la inocencia perdida o una
huida del peso moral de ser humano.

La misión pastoral: Nuestra respuesta no puede ser la condena o el ridículo, sino el acompañamiento. Debemos ayudar al joven a redescubrir que su cuerpo no es un “envase” equivocado, sino un don sagrado. La pastoral debe ofrecer un “espacio de escucha y acompañamiento desde la caridad y con la gracia de Dios” donde el adolescente se sienta amado por quien es, y no por la especie que desea representar. Es el paso del sentirse al ser; y este ser es el alma, amada por Dios.

Desde un espacio Clínico-Psicoterapéutica: El refugio en el símbolo.

Desde la psicoterapia, la identidad therian funciona como un mecanismo de regulación emocional frente a una realidad que el adolescente percibe como abrumadora, ansiógena o carente de vínculos significativos.

Identidad como refugio: Identificarse con un animal (animal de poder, thieriotipo) permite al joven externalizar rasgos de su personalidad que no sabe cómo integrar (fuerza, protección, soledad, agilidad). Es un intento
de autocuración mediante el símbolo.

El desafío clínico: El objetivo terapéutico no es “romper” la fantasía por la fuerza, sino fortalecer el Yo real. Debemos investigar qué vacío humano y existencial está llenando esa identidad animal: ¿Es un trauma? ¿Es acoso escolar? ¿Es una soledad existencial profunda? La intervención profesional debe buscar que el adolescente recupere la funcionalidad y el sentido de realidad, transformando esa energía simbólica en habilidades para la vida humana.

Reflexión final

La respuesta ante “el fenómeno therian” debe ser la integración. Ni la psicología puede ignorar la dimensión trascendente del vacío que siente el joven, ni la teología puede ignorar los procesos psíquicos de identidad.

El camino es la escucha empática que devuelva al adolescente la certeza de que ser humano —con toda su vulnerabilidad— es, en última instancia, su mayor aventura y su verdadera identidad.

El camino de crecimiento, acompañando con caridad a “un hermano/a” que solo busca una respuesta a su vacío existencial/humano, para encontrar su lugar en este mundo y su vínculo con Dios.