Llamados a servir
Llamados a servir
Llamados a servir

“Somos simples servidores, hicimos lo que nos correspondía”. Con esta proposición finaliza la parábola de los siervos humildes en el evangelio de Lucas 17,10. El verbo que utiliza el texto griego original (ὠφελέω) manifiesta también ayuda, utilidad, servicio, beneficio, satisfacer una expectativa entre otras acepciones históricas.

El elenco de estas mismas expresiones bien vale para sintetizar el presente de la UCALP, que, a lo largo de todo este año, fue narrando, con la vida y el compromiso de toda la comunidad, la “parábola” de la educación en tiempos que nunca imaginó y, sin embargo, está aquí resucitando, diría la poetisa argentina. Como comunidad de hombres y mujeres de ciencia que buscan la Verdad, subió a la barca remando hacia lo profundo (Lc 5,1ss), reconociendo al único Capitán en el “timón” e, izando su lema como bandera (Veritas in Caritate), llevó adelante el mandato de “ir y hacer que todos sean discípulos” del único Maestro (Mt 28, 10ss). El lema “Caridad en la Verdad”, de una parte, nos marca el rumbo, ya que Cristo es la Verdad y el Camino (Jn 14,6) y, por otra, la Caridad es fuerza o virtus, que, según san Pablo, entre otras cosas, es paciencia, servicio, no buscar el propio interés, hallar júbilo en la verdad, creer, esperar y soportar hasta mirar de frente lo que hoy vemos difuso y llegar al conocimiento perfecto (I Cor 13, 4ss).

En este año, no faltó la Caridad ni la imitación de Cristo. San Agustín en su obra La catequesis a los principiantes nos ilumina con semblantes de la vida de Cristo, que análogamente se podrían aplicar a nuestra comunidad que tanto portó sobre sus hombros: “padeció hambre el que a todos da de comer; sufrió sed el creador de toda bebida y el que es espiritualmente pan para los hambrientos y fuente para los sedientos. Se cansó en los caminos de este mundo el que se hizo a sí mismo camino hacia el cielo para nosotros. Ante quienes lo insultaban, se portó como un sordo y un mudo quien había hecho hablar a los mudos y oír a los sordos; fue encadenado el que rompió las cadenas de las enfermedades (…); fue crucificado el que acabó con todas nuestras cruces…” (II,40,10).

Gracias entonces por cada esfuerzo, comunidad de la UCALP, estudiantes y docentes, responsables de la administración y auxiliares, por poner a la persona humana, su dignidad y bien común en el centro de toda actividad, como nos recuerda el Papa Francisco. Un himno de la hora sexta del breviario reza: “Quien diga que Dios ha muerto que salga a la luz y vea si el mundo es o no tarea de un Dios que sigue despierto. Ya no es su sitio el desierto, ni en la montaña se esconde; digan, si preguntan dónde, que Dios está sin mortaja en donde un hombre trabaja y un corazón le responde”.

Somos simples servidores… Sigamos sembrando ciencia para que en el tiempo germine sabiduría.

P. Fernando Sagaspe
Capellán General de la UCALP