* Por Eduin Alexander Rincón Galarza
Hoy en Argentina se celebra el día nacional de la solidaridad, el cual tomo como momento para invitar a que hagamos un alto en el camino y nos miremos a la luz del principio de solidaridad de la Doctrina Social de la Iglesia, para que al mirarnos nos sintamos movidos a encarnarlo en nuestros contextos vitales. Esta fecha se estableció en 1998 para conmemorar el nacimiento de Santa Teresa de Calcuta (1910).
Al sentí-pensar la solidaridad me viene a la mente un texto del teólogo Pablo Richard que es de 1998, lo leí hace muchos años y al día de hoy sigo releyendo y trabajándolo a la luz del Evangelio para no perder el horizonte y a su vez tengo muy presente lo que nos ha regalado León XIV en la encíclica Magnifica Humanitas respecto al principio de Solidaridad (MH, 73-76)
Cuando queremos mirarnos en clave de solidaridad, lo primero es comenzar por ver nuestro contexto, para que desde éste ver cómo encarnar la solidaridad de manera eficaz. Vivimos en un sistema de mercado que mata, como nos indicó Francisco en su magisterio, donde prima más las lógicas de productividad y la explotación que la dignidad y la justicia social, haciendo de este sistema, que sostenido por el paradigma tecnocrático (MH 92 ss.) sea productor y reproductor de exclusión, de marginación, de muerte para la gran mayoría de nuestros hermanos/as empobrecidos por los dinamismos del pecado estructural que el mismo sistema genera.
Ese sistema nos muestra las diversas y dolorosas formas de injusticia social que están ahí en nuestros contextos, las desigualdades que él produce y fomenta, pero que a la vez hace lo que sea para que cada día sean más fuertes y complejas de captar. Nos entretiene y nos va deshumanizando. En su momento Pablo Richard nos decía que bajo ese panorama “el mercado y la tecnología aparecen como el mesías que trae la salvación a la humanidad”, esa misma aproximación es la que nos presenta en el presente León XIV en su encíclica.

Ante ese panorama de muerte, de dolor, nos es urgente la solidaridad, pues es el camino para que el amor político (Fratelli Tutti, 180-182) sea eficaz. Ser creyente en Jesucristo Resucitado es ser solidaridad continuada en la historia concreta de nuestras comunidades, de nuestros pueblos, desde el amor con que hemos sido amados. No podemos como cristianos/as caer bajo el influjo del sistema de mercado y del paradigma tecnocrático y dejar de tomar la solidaridad como aproximación al hermano, hacernos prójimos de quienes están tirados/as casi muertos/as por las lógicas de un sistema perverso, que nos dice que no es para todos. No, no podemos renunciar a hacer de la solidaridad un modo de resistencia a ese sistema, es lo más que nos pide Jesús en estos momentos de la historia.
La solidaridad en todos los niveles sociales es urgente, es resistir a la lógica de la indiferencia, ya Pablo Richard en 1998, cuando expresaba sobre la necesidad de una solidaridad como resistencia escribía: “La ideología neoliberal ha sustituido a la ideología de la seguridad nacional, y es una ideología que está evolucionando rápidamente hacia una ideología neo-facista”. Veintiocho años después estamos viendo que se está haciendo realidad lo que él planteó.
Siguiendo la tradición profética y tomando lo que nos muestra la realidad actual en los contextos nacional, regional y global, vivir el principio de solidaridad hoy es un signo profético. Hemos de educar para la solidaridad desde el amor por el bien común. Para ello nos urge seguir encarnando el Pacto Educativo Global en las relaciones y estructuras educativas, para que así nuevas formas de política y economía emerjan desde la solidaridad. En ello debemos invertir nuestras mejores energías y recursos. No podemos quedarnos quietos.
Comenzar por gestar espacios familiares, comunitarios, sociales e institucionales donde la solidaridad se encarne, viviendo nuestra opción preferencial por los pobres (Dilexi Te, 16) y el cuidado de la casa común desde la alegría del anuncio y realización del reinado de Dios. Allí donde los humanos hacemos eficaz la solidaridad, Dios sonríe. Bienaventurados/as los/as que practican la solidaridad continuada porque Dios sonríe junto a ellos/as.
Como invitación en este día, tomemos un momento para vernos y desde allí leer y orar la nota, y que Jesús nos dé la Gracia a cada uno/a de nosotros/as para que en lo cotidiano de nuestro andar podamos comenzar a ser solidaridad. Para tal fin, podemos iniciar con una pregunta: ¿Cómo puedo encarnar la solidaridad en mis contextos vitales?
Santa Teresa de Calcuta, San Alberto Hurtado, rueguen por nosotros.
(*) Secretario Académico Departamento Superior de Teología
Foto de tapa archivo UCALP: jornada solidaria con donaciones destinadas a Bahía Blanca, producto de las inundaciones de marzo del año pasado.