El 13 de marzo de 2013, América Latina recibió con gran alegría la llegada al Pontificado de Jorge Mario Bergoglio. Por primera vez en la historia de la Iglesia, un Papa latinoamericano conduciría la Barca de Pedro. Hoy, a diez años de aquel día histórico, la ODUCAL quiere expresar su comunión con Francisco, su alegría por todo lo recibido de su mente brillante, de sus manos y gestos, y su agradecimiento por su lúcida y oportuna palabra.
Mirar, pensar y repensar la “educación” ha sido una actitud constante de Francisco, quien antes y después de la pandemia, y durante ella, nos ha regalado un mensaje especial a quienes nos encontramos involucrados y comprometidos en el quo vadis de las nuevas generaciones y en la contribución de una renovada de humanidad a través de la generación del conocimiento atravesado por el mensaje de Cristo.
La mirada del Papa Francisco va mucho más allá de los hechos graves que caracterizan nuestro tiempo. Es profunda, aguda y expone con claridad sus causas y entramado. Desde la óptica del Papa Francisco, se ha producido una ruptura del pacto educativo, es decir, se observa la crisis de la alianza educativa entre la sociedad y la familia, la familia y la escuela, y la escuela y sus estudiantes. Esta visión acerca de dicha ruptura es abarcativa de numerosos aspectos a considerar, pues, en su abordaje, la educación no puede prescindir de los contextos y no puede reducirse a la transmisión de contenidos fragmentados.
“No existe la educación estática […]. Educar es un acto de esperanza y solidaridad generacional, de esperanza y solidaridad intergeneracional”, con estas palabras Francisco nos anima a repensar el proceso educativo con una mirada orgánica, holística, vinculada y totalizadora.
Es así como Francisco nos plantea la educación como un acto de amor , un acto de esperanza, dirigida al desarrollo humano integral y sostenible, que propenda al diálogo intercultural y religioso. El objetivo fundamental del proceso educativo, en su concepción, es lograr la conciencia de la trascendencia de la persona. Por tanto, la educación ha de tener a la persona en el centro y, de este modo, ser un indispensable factor humanizador.
El Papa Francisco entiende la educación como “una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia”. Nos plantea una educación en salida, en clave fraterna y para el cuidado de la casa común. Para el sistema educativo, escuelas, colegios, universidades, la convocatoria consiste en pensar y dar forma a este estilo de educación. Su pensamiento esclarece que “el estudio sirve para hacerse preguntas, para no ser anestesiado por la banalidad, para buscar sentido en la vida”.
Así, quienes somos responsables del proceso educativo, estamos invitados a unirnos a los desafíos clarificados y a contribuir a una educación centrada en la persona. El desafío está planteado. No solo Francisco nos convoca e invita, sino que nos renueva con su visión y ofrece la oportunidad de que creadoramente construyamos juntos un camino de superación para nuestros jóvenes en el que sea posible que las nuevas generaciones encuentren el sentido de trascendencia a partir de un profundo encuentro con Dios.
Que el Espíritu Santo siga inspirando a nuestro Francisco y a todas las universidades comprometidas con su mensaje. ¡Querido Papa Francisco: rezamos por vos!