La libertad de enseñar: las condiciones de salud de la vida universitaria

La libertad de enseñar: las condiciones de salud de la vida universitaria

La educación es un eslabón de transmisión intergeneracional. Por ello, la libertad de enseñar, la libertad de cátedra, la libertad de creencia y religión son condiciones para asegurar los beneficios de la libertad y no solo para nosotros, sino también, como dice el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional, para nuestra posteridad.

El 7 de agosto, nuestra Universidad organizó una trascendente jornada sobre esta temática, con la participación de los profesores Javier Martínez-Torrón (U. Complutense, España), Raúl Madrid-Ramírez (UC, Chile), Alfonso Santiago (Academia Nacional de Derecho, U. Austral), Alfredo Vítolo (UBA, UCA), Juan Navarro Floria (UCA) y Ursula Basset (UCA, UCALP).

Las contribuciones fueron de sumo interés. La apertura estuvo a cargo del rector, Dr. Hernán Mathieu, quien resaltó la importancia de estos debates en el ámbito académico. La crítica a partir de los valores que cada uno sostiene enriquece no solo la vida universitaria, sino que también supone una contribución a la sociedad.

Martínez-Torrón, señaló que es reiterada jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos el consagrar la libertad amplia de opinión y expresión, cuyo único límite es no atacar la dignidad de todo ser humano. Existe una diferencia entre atacar la dignidad de una persona y no concordar con su comportamiento en virtud de la libertad de opinión y creencia, que debe ser garantizada.

Raúl Madrid Ramírez, por su parte, se refirió a una amenazante deformación de la libertad de cátedra: a saber, que esta se considere un espacio que dependa de las ideas políticas hegemónicas. Condicionarla al poder imperante equivaldría a negarla.

Alfonso Santiago consideró que hay que diferenciar la posición de las universidades con ideario de las universidades que no tienen ideario. Las primeras suponen un convenio con sus profesores y sus alumnos. Los alumnos tienen legítimas expectativas contractuales de recibir el ideario al que suscribieron, y los profesores se comprometen a enseñarlo.

Por su parte, Alfredo Vítolo hizo notar la paradoja de que quiénes antes defendían la libertad de cátedra para poder enseñar una posición que otrora era minoritaria hoy le niegan esa misma libertad a las nuevas minorías sociales, como sucede con los valores que no coinciden con los de la mayoría.

Juan Navarro Floria señaló que, para garantizar el derecho de los padres de educar a los hijos según su propia religión, es necesario que la educación religiosa sea accesible y gratuita, de lo contrario ese derecho deja de ser universal. Especialmente, señaló la amenaza a las libertades básicas que suponen los instrumentos que interpreten de tal suerte que terminen plasmando una intolerancia a las posiciones distintas.

Finalmente, Ursula Basset habló sobre las condiciones epistémicas del discurso. El debate científico necesita permitir la discordancia. El desacuerdo es el punto de partida del progreso de la ciencia. Tanto la falta de reconocimiento de la dignidad del otro como la intolerancia hacia la libertad generan nuevos y alarmantes autoritarismos (de todos los signos). El camino es el diálogo fraternal y la búsqueda conjunta y desinteresada de la verdad.

Ursula Basset
Directora de la carrera de Especialización en Derecho de Familia de la UCALP

Autor: UCALP

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