“La gente me pregunta de dónde soy y les aclaro que de este país. Obviamente, no tengo acento argentino porque crecí en la comunidad sorda; mis amigos tienen una voz distinta, porque no tienen implantes de apoyo y no saben cómo se pronuncian las palabras. Yo tengo el implante, pero no tengo sensibilidad: hablo en neutro y aún hay letras que me cuestan, como la ‘c’”.
Estudiante avanzada de Arquitectura en la sede Bernal, Candela Schafer Vega se encuentra transitando su proyecto de tesis, el cual consiste en el diseño de un parque inclusivo en el predio de la antigua fábrica textil Ducilo en Berazategui. Con hipoacusia desde su nacimiento, la futura profesional explicó qué implica convivir con implantes cocleares, cómo funcionan y qué herramientas o estrategias pedagógicas la ayudaron a sostener su trayectoria universitaria.
Su experiencia con estos dispositivos, a los que definió como “tener un imán en la oreja”, fue un proceso de aprendizaje constante para su sistema auditivo. Recibió el primero en el oído derecho a los dos años y, recién a los 21 —tras constantes reclamos a su obra social—, pudo acceder al segundo para el izquierdo, lo que aumentó significativamente su universo sensorial. La adaptación es un trabajo arduo y neurocognitivo que realiza junto a una fonoaudióloga. “Si me molesta algo o escucho un ruido o interferencia, tengo que ir a que me lo ajusten o a informar lo que estoy sintiendo”, mencionó.
Un implante coclear es un dispositivo electrónico colocado quirúrgicamente que transforma el sonido en señales eléctricas para estimular directamente el nervio auditivo. Sirve para ayudar a personas con sordera o dificultades auditivas a percibir sonidos y comprender el habla.
Candela junto a Teresa Valerga, referente del DOE de la UCALP
Antes de llegar a la Universidad, pasó por diversas escuelas públicas y privadas con suerte dispar debido a las barreras comunicativas: “Los chicos me hablaban muy rápido y no les podía seguir la conversación, por lo que me costaba hacer amigos”. Atentos a esto, sus padres —docentes de profesión— la inscribieron en el Instituto Argentino de la Audición y el Lenguaje (IADAL), un lugar especializado en comunicación aumentativa que le brindó herramientas para potenciar su oralidad.
Apasionada desde muy chica por la pintura, el dibujo y la cerámica, la elección vocacional no fue compleja. No obstante, la pandemia y la virtualidad signaron sus primeros años universitarios, lo que representó un gran reto: al no poder utilizar auriculares por los implantes, Candela debía leer los labios de los profesores a través de una pantalla para intentar estudiar. En el retorno al aula, se sentía insegura: hablaba poco en clase y, cuando lo hacía, le costaba hacerse entender tanto con sus pares como con los titulares de cátedra.
Para mitigar estas dificultades, intervinieron el Departamento de Orientación Educativa (DOE) y el sistema de Tutorías de la UCALP, quienes establecieron pautas o microacciones para construir un entorno de aprendizaje inclusivo que facilite su integración. Para ello, se recomendó al equipo docente hablar de frente al aula, de forma más pausada y favoreciendo el empleo de referencias visuales. Lo mismo se aplica a la evaluación y las devoluciones de proyectos y maquetas —propias de la disciplina—, que en su caso requieren de un lenguaje claro, preciso y puntual.
Por su parte, la estudiante procura siempre sentarse adelante y pedir permiso para grabar las clases con la finalidad de tener un insumo más de estudio: “Tomar apuntes en vivo no es una opción para mí; no puedo estar interpretando los labios y anotando al mismo tiempo”. Además, recientemente consiguió un micrófono que amplifica el sonido que procesan sus implantes: los profesores se lo colocan en la ropa, cerca de la boca, y eso aporta mayor nitidez a su voz.
Más allá de su carrera, Candela busca concientizar a la comunidad sobre la importancia del acceso a la tecnología auditiva para mejorar la calidad de vida. Aunque reconoce que su voz suena diferente, se siente satisfecha de haber elegido el camino del habla: “Es muy importante que las personas con problemas auditivos puedan acceder al implante; les diría que se lo pongan, que van a escuchar mejor y no se van a arrepentir”.