“No nos vino a rescatar nadie. Las olas se hacían interminables; su ruido era terrorífico. El golpeteo de ellas encima de nosotros no te dejaba en buenas condiciones, no te permitía descansar tranquilo. No existía la relajación. Estábamos ahí, a la expectativa. A ver qué pasaba. Llega un momento que ya no te interesa nada, si te morís, si no te morís. Estábamos regalados”, contó para el proyecto audiovisual “Era Otoño” Héctor “Tachi” Flores, que sirvió durante la Guerra de Malvinas en el crucero General Belgrano, hundido en mayo de 1982 por las fuerzas británicas.
Desde hace 43 años, el 2 de abril ocupa un lugar especial en el calendario de la República Argentina: en esta jornada, recordamos a los veteranos y los caídos en la Guerra de Malvinas, aquellos que dejaron la vida por la patria en los 74 días que duró el conflicto con el Reino Unido.
Para honrar a los que no están y mantener viva la memoria de los que volvieron, el diario digital de la UCALP entrevistó a Nerina Rojas, docente de secundaria y egresada de la Licenciatura en Historia, quien en su San Rafael (Mendoza) natal lleva a cabo el proyecto gráfico y audiovisual “Era Otoño”, en donde recupera testimonios de los veteranos desde un enfoque particular: estudiar las emociones que manifiestan sobre el conflicto y examinar la respuesta de la sociedad argentina.
“Es una mirada más holística del conflicto. Acercarse ya no tanto desde los hechos, sino mirarlos desde las emociones, desde la complejidad del ser humano. Con nuestro enfoque, intentamos poner en palabras las vivencias de los veteranos, pero también mirar a la sociedad y su participación en la guerra”, relató Nerina (foto de abajo), quien conoció esta perspectiva por los docentes de la UCALP Josefina Mallo y Andrés Dragowski, que la sumaron a la investigación sobre el estudio de las emociones en la enseñanza de la historia (ya analizada en esta nota).

Luego de 1982, con la imposibilidad de recuperar las islas, inició un proceso que se conoce como de desmalvinización, que devino traumático para los veteranos, ya que la sociedad y los medios de comunicación decidieron ignorarlos durante mucho tiempo y hasta culparlos por el fracaso bélico. Es más, hasta el revisionismo de las últimas décadas, se los solía ubicar en el lugar de cómplices de la última dictadura militar (1976-83) o de víctimas.
“No se sienten ni una cosa ni la otra. Cuando charlás con ellos, sale a la luz el sentimiento patriótico que los atraviesa. Ellos fueron a Malvinas a defender a la patria”.
Además del sentimiento patriótico, la docente identificó diversas emociones que se repiten en las charlas con los combatientes:

El proyecto “Era Otoño” –cuya segunda etapa se encuentra en desarrollo, con nuevos testimonios de veteranos que verán la luz- también incluyó la producción de un libro, que estuvo a cargo de Nerina Rojas, cuyo fin fue incorporar lo dicho por los combatientes y sumar actividades pedagógicas para realizar con los chicos en el aula. Si el proceso de desmalvinización fue traumático, qué mejor manera de combatirlo que apostando por la reflexión de los más jóvenes, quienes representan el futuro de nuestra nación.
“Para enseñar Malvinas contamos con un elemento a favor: la causa y los veteranos generan mucha empatía en los chicos, en especial los de secundaria porque eran cercanos a su edad cuando les tocó combatir. El docente tiene que saber aprovechar esto y que sea el disparador para entender la importancia de las islas”, explicó.
La cuenta es relativamente sencilla: en virtud del impacto positivo que producen los combatientes y su experiencia en Malvinas, el docente puede avanzar con lo fáctico, que muchas veces se desconoce, como los motivos del conflicto; la flora y fauna de las islas; la importancia geopolítica de su posesión; entre otros.
“De esa manera, se apropian de un conocimiento real, histórico, concreto, y lográs que amen a la patria, que básicamente es lo que se busca: conocer para amar”.
Aprender sobre Malvinas con un enfoque emocional no está exento de algunos riesgos, tal como lo destaca Nerina: “Una vez que empezás a trabajar con las emociones, es una puerta que se abre y no se puede cerrar. Cuando los chicos comienzan a investigar, empiezan a ver cómo reaccionó la sociedad, cómo se los ha tratado, el olvido, la cantidad de suicidios… todo eso produce rabia e impotencia, que el docente tiene que ayudarlos a gestionar. Es importante que no se concentren solo en lo negativo, porque Malvinas también es esperanza y amor por tu país”.
Por último, la licenciada en Historia recalcó la importancia de este enfoque emocional, sobre todo para el trabajo inminente que les tocará a nuestros jóvenes: “La Argentina jamás ha renunciado a la defensa de las Malvinas, por lo que debemos educar a las futuras generaciones para que continúen realizando un reclamo insistente sobre la soberanía de las islas. Hay que malvinizar para que se sepa que son argentinas”.