Francisco, testigo de la fragilidad entusiasmada
Francisco, testigo de la fragilidad entusiasmada: a un año de un gesto que causó asombro
Francisco, testigo de la fragilidad entusiasmada: a un año de un gesto que causó asombro

(*) Por Eduin Alexander Rincón Galarza

En estos días de pascua estamos invitados/as a hacer memoria agradecida del Papa Francisco y su legado. En esta nota quiero acercar y traer un gesto que sucedió el 10 de abril de 2025, en los días previos a su muerte, que causó asombro e incluso desconcierto en quienes lo vieron. Incluso, algunas tapas de diarios hablaron de “polémica aparición”.

¿Cuál gesto? Ese día, las personas presentes en la basílica de San Pedro (Roma) se encontraron con la visita de Francisco al lugar, pero lo que causó asombro fue que apareció en sillas de ruedas (foto de abajo), como ya se le solía ver, pero particularmente vestía una camisa manga larga blanca, pantalón negro, sus habituales zapatos desgastados, y un poncho, sí, un poncho. El Papa emponchado.

Ese gesto cuando lo vi me vino a la mente una frase de la canción “La herida” que originalmente es de un poema de José María Olaizola s.j. que se titula igual. La frase es “fragilidad entusiasmada” que hunde sus raíces en la experiencia que emerge desde la vivencia de la espiritualidad ignaciana y la compresión y aceptación de lo herido, lo frágil, lo vulnerable que nos es en esta experiencia llamada vida.

Esta imagen del papa emponchado, lo muestra abrazando la propia debilidad, la propia fragilidad, la propia enfermedad y desde allí andando, dejándose cargar por otros.

En una homilía, expresaba: “En este momento de mi vida comparto mucho con ustedes: la experiencia de la enfermedad, de sentirnos débiles, de depender de los demás para muchas cosas, de tener necesidad de apoyo” (Francisco, homilía para el jubileo de los enfermos y del mundo de la sanidad en el 2025). Allí, nos invita a comprender que no nos ha de asustar la enfermedad o la fragilidad que descubrimos, y que puesta la confianza toda en el Señor, podemos dejarnos cargar, confiar lo frágil a nuestros/as hermanos/as, porque en ello Dios se revela.

SER AMADOS EN NUESTRA TOTAL EXISTENCIA

Un gesto que nos mueve a reconocernos amados/as por Dios en nuestra total existencia, que incluye lo herido, lo frágil, lo enfermo y que nos invita a no desesperar y encerrarnos en nosotros/as mismos/as, sino ver lo herido, lo frágil, lo enfermo como medio para crecer en fortaleza interior y confianza en los demás.

En este tiempo pascual, y tomando este gesto de Francisco, la invitación es recordar que la dinámica de la conversión no es desde lo que me pasó, lo que me hirió o me dolió, sino desde lo herido en mí, lo que duele en mí, lo que me hace frágil, allí esta esa fuerza que imprime Dios por la acción del Espíritu, cuando ello se logra experimentar y ser consciente es cuando se encuentra un profundo sentido a la expresión “fragilidad entusiasmada” que está íntimamente conectada con la experiencia de ser amado incondicionalmente por Dios.

Un gesto que nos comunica, nos recuerda que somos amados/as por Dios en Jesucristo Resucitado, Él cuenta con nuestra fragilidad entusiasmada para seguir anunciando su reino mientras vamos de camino, pero no solos/as, en comunidad… y de allí brota el imperativo cristiano de cuidar, de amar la fragilidad del hermano, de la hermana.

Termino esta nota tomando algunas de las palabras de la homilía antes citada: “Queridos amigos, no releguemos al que es frágil, alejándolo de nuestra vida, como lamentablemente vemos que a veces suele hacer hoy un cierto tipo de mentalidad, no apartemos el dolor de nuestros ambientes. Hagamos más bien de ello una ocasión para crecer juntos, para cultivar la esperanza gracias al amor que Dios ha derramado, Él primero, en nuestros corazones (cf. Rm 5,5) y que, más allá de todo, es lo que permanece para siempre (cf. 1 Co 13,8-10.13).” (Francisco, 6 de abril).

(*) Secretario Académico del Departamento Superior de Teología