Festividad de todos los santos, memoria e inspiración
Festividad de todos los santos, memoria e inspiración
Festividad de todos los santos, memoria e inspiración

Por Eduin Alexander Rincón Galarza (*)

Con todo aspiren a los carismas más elevados, quiero mostrarles un camino que los supera a todos” (San Pablo a la comunidad de Corinto, 1 Cor 12, 31).

Hoy 1 de noviembre, celebramos la festividad de todos los santos y santas, un momento de hacer memoria agradecida por nuestros/as hermanos y hermanas, quienes, por sobre todo lo vivido, se han dejado amar por Dios en Cristo como solo él sabe amar, se han dejado amar en todo y en todas sus dimensiones. Y fruto de ese “dejarse amar” es que el poder de la Gracia les ha humanizado de tal manera que en ellos/as se ha mostrado el amor en el mundo, en la historia; basta considerar cómo en la última encíclica Dilexit nos el Papa Francisco recuerda a algunos/as santos/as. En esta fiesta, recordemos algunas palabras de Francisco en la Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate sobre la sanidad (2018): “no pensemos solo en los ya beatificados o canonizados”, sino que hemos de recordar que “el Espíritu Santo derrama santidad por todas partes”.

La santidad en la cual estamos caminando como Iglesia que se muestra en tantos/as que amados/as han asumido el anuncio del reino de Dios con tal radicalidad y confianza que en ellos/as se ha hecho vida concreta aquel pedido de San Pablo: “Aspiren a los carismas más elevados”, aspirar a lo mejor en el modo de ser amor. Hoy poco se escucha que alguien quiera ser santo o santa, quizás es un anhelo que está muy en el interior del corazón, y de allí que el “aspirar a lo mejor” sea algo que no pasa por nuestras cotidianidades, nuestros diálogos, nuestras obras.

La festividad de los santos/as nos permite recordar que aquel “aspirar a lo mejor” está en sintonía con el Evangelio, que es una aspiración a la cual con la Gracia le podemos dar realización en la historia. Los santos/as nos muestran que vale la pena trabajar con Cristo en el anuncio del reino, haciendo de esta experiencia llamada vida un camino de santidad, un modo de ser y de proceder que refleje nuestra intimidad e identificación con Jesucristo.

Invitamos a todos/as, en especial a la comunidad universitaria, a cultivar el anhelo de santidad, quizás a tomar algún santo o santa y leer sobre él o ella, orar con ellos/as y dejarnos amar por Dios como ellos/as se dejaron amar, puesto que nos “hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de santificación.” (Gaudete et exsultate, 31).

(*) Secretario Académico del Departamento Superior de Teología.