Entusiasmo, alegría y emoción: Así se vivió la peregrinación a Luján

Entusiasmo, alegría y emoción: Así se vivió la 44.ª peregrinación a Luján

Durante el fin de semana, se desarrolló la 44.ª peregrinación juvenil a pie a Luján con el lema “Madre, danos fuerza para unirnos como hermanos”, a fin de visitar a la Madre y llevar las intenciones y pedidos más profundos. Algunos de ellos, compartieron la experiencia del camino.

El sábado 6 de octubre por la mañana, comenzaron a peregrinarse los 50 kilómetros que separan la localidad de Haedo con la basílica de Nuestra Señora de Luján. El trayecto fue recorrido por más de un millón de peregrinos, que llevaron a la casa de la Madre sus intenciones y pedidos más profundos.

A lo largo del camino, se experimentan diversas sensaciones, según contaron algunos peregrinos de la universidad: entusiasmo, alegría, emoción; también paciencia, dolor y cansancio. Se comparte la oración, se rezan rosarios; pero asimismo, los cantos y los juegos animan el camino. A medida que van pasando los kilómetros y comienza a caer la tarde, el frío y las ganas de llegar aumentan, pero se descubre “cómo todos se ayudan entre sí” para poder llegar a destino.

Santiago Sala describió la peregrinación como impactante: “Increíble experiencia. Me ayudó a encontrarme a mí mismo, como así también a mis pares. Cuando arranco la peregrinación, me impactó la cantidad de personas que peregrinaban y a cada rato me preguntaba cómo era posible caminar tantos kilómetros. Estoy feliz por haber podido realizar esta experiencia”.

Mateo López comentó: “Un tumulto de gente que, a costa del sacrificio que se tiene por fe, se recorre con sentimiento y emoción los 50 km con la compañía de personas que están determinadas por el mismo espíritu. Un acto reflexivo que clarifica las ideas con el andar de los pies. Memorioso y virtuoso, queda en mí esa experiencia que pretendo realizar los años siguientes”.

Por su parte, Marcos López lo vivió así: “En mi caso particular, no tenía en mente viajar; sin embargo, la Virgen tenía otros planes. Durante la peregrinación pude conectarme con lo mejor de mí. Salí fortalecido, entusiasmado y, sobre todo, motivado para seguir trabajando en la construcción de un mundo mejor, aportando mi granito de arena”.

A la noche, al llegar a la basílica, la fila para entrar es grande; la gente se amontona y hay que andar a paso muy lento. Pero, después de caminar por tantas horas, valen la pena los cinco minutos que se pasan en el santuario, frente a la imagen de Nuestra Señora de Luján. Sin esos minutos allí, nada hubiese tenido sentido.

Autor: UCALP