El rol de las emociones en la enseñanza de la historia
El rol de las emociones y los cambios en la enseñanza de la historia
El rol de las emociones y los cambios en la enseñanza de la historia

Andrés Dragowski, docente y licenciado en Historia de la Universidad Católica de La Plata (UCALP), lidera una investigación innovadora que explora el impacto de las emociones en la enseñanza de la historia. Esta iniciativa, parte del proyecto Historia y Emociones, reúne a investigadores de diversas áreas que destacan la importancia de la emocionalidad en la percepción y enseñanza de los eventos históricos. Dragosky sostiene que “las emociones median entre lo que una persona es y a lo que accede en el aula”, subrayando que el conocimiento vinculado afectivamente se aprende más fácilmente.

Al mismo tiempo, explica el docente de la Facultad de Humanidades, “en clases de historia, sobre todo historia contemporánea, Argentina, siglo XX, años más recientes, las emociones están directamente empalmadas con la memoria sobre lo que uno discute. Entonces, cuando uno observa eso, se da cuenta que hay algo en el diálogo con historia, alrededor de la historia, donde las emociones, son un elemento fundamental. Y hasta ahí uno diría, esto es parte del oficio docente, todos los que damos clases lo sabemos, en el aula nos sorprendemos, nos horrorizamos, nos alegramos o lloramos. El tema es que eso es algo que se ha observado a nivel teórico y hoy existe un llamado giro de las emociones”.

“De la misma manera que en un momento existió el giro lingüístico, hoy también hay como en respuesta a eso un giro emocional. Y esto es la constatación de que ciertas estructuras afectivas contribuyen a darle forma a lo que pensamos y decimos”.

PROFESORES OBLIGADOS AL CAMBIO

Según Dragowski, el contexto de la enseñanza de la historia ha cambiado también con el aumento de contenidos históricos en medios de comunicación, cine y redes sociales. Esto ha llevado a que los profesores modifiquen su práctica, dejando de lado la antigua enseñanza apoyada exclusivamente en los manuales.

“El profesor ha tenido que cambiar la raíz de su prestigio intelectual y los modos de enseñar historia”, explica Dragowski. Ahora, los docentes deben enfrentarse a interpretaciones del pasado generadas fuera del ámbito académico, como las representaciones cinematográficas o las versiones populares de la historia, que muchas veces distorsionan los hechos… El profesor de hoy tiene que dialogar con la historia de los medios de comunicación, cambia su práctica de enseñanza y plantear su misión a niveles discursivo, táctico y emocional, lo que hace cuarenta años no hacía”.

Para el profesor, estas emociones y relatos familiares aportan una capa adicional de complejidad en el aula, especialmente al abordar temas de historia argentina contemporánea. “Siempre la enseñanza de la historia está rodeada y mediatizada por emociones”, afirma. Esta perspectiva no solo enriquece el proceso de aprendizaje, sino que también promueve la reflexión sobre la identidad y la memoria.

No tiene que ver con la cercanía o no del hecho histórico, menciona el docente de la UCALP “porque uno pensaría que la cercanía en el tiempo de ciertas temáticas de investigación hacen que sean `temas calientes`. Pero en rigor, pueden serlo o no. Es un motivo de controversia, pues ahí hay algo más, lo que denominaríamos muy genéricamente las emociones, nada más y nada menos que la estructura psicológica con la cual alguien discute algo. O la carga de sentimientos, de sentido que le das a algo”.

El proyecto también contempla la publicación de un artículo en el que los investigadores compartirán su vínculo emocional con sus respectivos objetos de estudio. “Nos dimos cuenta de que podemos discutir qué lugar tienen las emociones al margen de nuestro objeto de estudio”, comenta Dragowski, destacando la importancia de comprender cómo estas influencias emocionales pueden enriquecer y, a veces, desafiar la autoridad del historiador en su interpretación del pasado.

El trabajo de Dragowski y su equipo en la UCALP abre una nueva puerta para analizar la historia, no solo como una sucesión de eventos, sino como un campo donde la emoción y la identidad juegan un papel crucial en la percepción y transmisión del conocimiento.