La Universidad Católica de La Plata celebra que, por primera vez en la historia, el Vaticano convertirá a un empresario en beato (paso previo al proceso de santificación). Se trata del argentino Enrique Shaw, quien fue director general de Cristalerías Rigolleau hasta su temprana muerte en 1962. Un hombre que aplicó al día a día de la empresa la Doctrina Social de la Iglesia; que antes de ser director trabajó en los talleres como obrero para conocer el trabajo y a los trabajadores; que promovió siempre muy buenos salarios y condiciones dignas para las familias obreras; que dejó frases como “en una empresa hay que hacer crecer a los trabajadores en su dignidad”.
El jueves 18 de diciembre, el Papa León XIV aprobó el milagro por intercesión del laico argentino Enrique Shaw (26 de febrero de 1921 – 27 de agosto de 1962), lo que permitirá su beatificación.
A fines de octubre de este año, en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCALP, se realizó el conversatorio sobre la vida de Shaw, a cargo de Ignacio García Suárez (dos fotos más de abajo).
En su ponencia, García Suárez repasó la biografía como empresario y puso de relieve su capacidad de armonizar ese rol, destacando su relación personalizada con cada empleado de la fábrica, su vínculo humano con los dirigentes sindicales y la plenitud de su vida familiar.
Shaw nació el 26 de febrero de 1921 en Francia y falleció el 27 de agosto de 1962 en Argentina. En esa fecha se celebra el Día de la Comunidad Empresarial, establecido así por el Congreso de la Nación para recordar al fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).
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El milagro reconocido por la Iglesia, ante la ausencia total de una explicación médico-científica, es la curación de Matías, un niño de cinco años que el 21 de junio de 2015, en Suipacha, fue pateado en la nuca por un caballo.
Según consta en los registros del Vaticano, el niño jugaba cerca de un corral cuando un caballo, asustado por una víbora, lanzó una patada seca, brutal, directa a la cabeza. El pequeño sufrió una lesión craneana tan grave que no había lugar a esperanza alguna. Estaba clínicamente muerto. No obstante, los padres insistieron: “Hagan todo lo que sea necesario”.
El padre del chico se encomendó a Shaw, cuya causa de beatificación ya avanzaba entonces lentamente en los despachos de la Santa Sede, y pronunció una frase histórica: “Yo te cambio tu santidad por la salud de mi hijo”.
Una tía de Matías, diseñadora gráfica, creó una estampita casera del empresario argentino, por entonces declarado “venerable”. Decía abajo: “Que sea tu milagro”. La imagen circuló en las redes sociales y en los pasillos del hospital, donde enfermeros y médicos, que desconocían la historia de Shaw, se plegaron a la cadena de oración que llegó a unir a miles de personas en numerosos países.
Cinco cirugías cerebrales para drenar líquido por una hipertensión intracraneana que no cedía. Procedimientos menores, monitoreos constantes. Nada funcionó en los 45 días de internación del menor. Sin otra alternativa, los médicos decidieron implantar una válvula de drenaje permanente en el cerebro.
Minutos antes de entrar al quirófano, el cirujano realizó una verificación final de rutina. Y ahí pasó lo que la medicina aún no puede explicar científicamente: el líquido empezó a drenar solo, la presión intracraneana se normalizó de manera espontánea y la válvula ya no era necesaria.
Matías es hoy un adolescente que vive sin secuelas y lleva una vida normal, gracias al milagro del futuro beato Enrique Shaw.
