Cada 17 de agosto, la historia argentina recuerda a José de San Martín, el Libertador, figura central en la emancipación de las naciones americanas del absolutismo y la tiranía extranjera. Admirado en todo el mundo por su lucha política y militar, su ideario estuvo siempre vinculado a la defensa de la libertad y la soberanía de los pueblos.
Hijo del capitán Don Juan de San Martín y de Gregoria Matorras del Ser, nació en Yapeyú en 1778, sirvió en el ejército español y combatió en África y Europa antes de regresar a América en 1812 para sumarse a la causa revolucionaria. Organizó el Regimiento de Granaderos a Caballo, lideró el Ejército de los Andes, liberó Chile y proclamó la independencia del Perú, renunciando a todo poder personal en favor de los principios que defendía.
Más allá de su vida pública, San Martín tuvo un profundo compromiso con la formación y el destino de su única hija, Mercedes, nacida en Mendoza el 24 de agosto de 1816. Pese a las distancias impuestas por sus responsabilidades, se ocupó de brindarle la mejor educación posible y de transmitirle por escrito un conjunto de consejos que sintetizaban su visión ética y su manera de entender la vida. Estas máximas, redactadas en Bruselas en 1825, continúan vigentes como guía de valores universales:
Estas recomendaciones, escritas para guiar a una joven Mercedes, trascienden el vínculo padre-hija y ofrecen, aún hoy, un horizonte ético para la vida ciudadana. En ellas se refleja la convicción de San Martín de que la educación no es solo transmisión de conocimientos, sino también formación de carácter y compromiso con los demás.

Fuente: Instituto Nacional Sanmartiniano