El arzobispo Víctor Fernández se dirigió ayer a todos los presentes, en la Iglesia Catedral, en la conmemoración de la fundación de la ciudad por el arquitecto Dardo Rocha.
Ante la presencia del intendente de la localidad de La Plata, Dr. Julio Garro, autoridades municipales, el rector de la UCALP, Dr. Hernán Mathieu, y otras autoridades de nuestra Universidad, miembros del clero y de la Iglesia Siria Ortodoxa, el Arzobispo recordó en sus palabras que, cuando Dardo Rocha fundó la ciudad, dijo que ella llevaba el nombre del “río magnífico que la baña”.

Seguidamente, Mons. Fernández añadió que “muchos inmigrantes que llegaron a formar esta ciudad soñaban con preparar un futuro mejor para sus familias” y que “en 1884, de 10.000 habitantes, el 90 % eran extranjeros”. “Por eso, los orígenes de esta ciudad están forjados de sueños, de esfuerzos ilusionados, de un poco de aventura arriesgada, de apuesta”, afirmó.
Sin embargo, el arzobispo subrayó que, pocos años después del florecimiento, “la ciudad entró en crisis y estancamiento”. “La Universidad le dio un nuevo prestigio, pero una y otra vez tuvo momentos duros, y volvió a salir adelante”, refirió.
Lejos de aquellos momentos de dificultades, Mons. Fernández reconoció con gran optimismo tener “la seguridad de que hay en esta ciudad un gran potencial algo adormecido”, aunque “la fuerte y variada inmigración que la formó es un humus lleno de vida y de posibilidades, y por eso pido a Dios en este día que despierte todavía más la creatividad, el empuje, la audacia de los platenses”.

Seguidamente, el arzobispo recordó que la variedad de inmigrantes que hicieron nacer esta ciudad, “a la que se suman hoy los queridos paraguayos, bolivianos, y últimamente, venezolanos, también nos llama a lo que el papa Francisco llama la ‘cultura del encuentro’”.
En virtud de ello, Mons. Fernández articuló tal expresión del Santo Padre, con los que “supieron convivir en los orígenes de la ciudad y con tantas personas diversas”, junto con quienes hoy lo hacen y en donde “estamos llamados a seguir creando lazos comunitarios; estamos llamados a resistir el individualismo del mundo actual y a caminar juntos para el desarrollo de nuestra sociedad”, remarcó. “Esto implica incluir a los últimos, integrar mejor a los más pobres, darles posibilidades a todos los que tienen ganas de arremangarse: desde los cartoneros hasta los pequeños empresarios; desde los horticultores hasta los científicos y los artistas”.

En una de sus frases finales que compusieron sus palabras, el arzobispo peticionó que “reavivemos hoy el sueño de una ciudad pujante construida entre todos, con todos y para todos”.
Finalizado el tedeum, Mons. Fernández, en conjunto con el intendente Garro, se dirigieron a la cripta que se encuentra debajo del templo y en la cual yacen los restos del fundador de la ciudad, Arq. Dardo Rocha y su esposa, Juana Paula Arana Merino. Allí, el arzobispo bendijo su tumba, donde la máxima autoridad del Municipio depositó una ofrenda floral.
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