Desde hace una década, el Último Primer Día (UPD) se consolidó como una tradición para todos los adolescentes que inauguran el tramo final de su educación secundaria. Como el festejo —que se realiza la noche anterior al comienzo del ciclo lectivo— culmina en la escuela, este medio dialogó con Juan Palomeque, preceptor del Mac Kay, quien se refirió a cómo se organizan en los días previos con los alumnos y el rol de los educadores para acompañar esta jornada especial.
“Creo que es pertinente comprender que el UDP es un ritual de festejo y de finalización. Cuando nos reunimos con ellos en la previa, charlamos sobre la importancia de que puedan disfrutar todas las celebraciones de su último año, pero que también nosotros como adultos podamos acompañarlos en su alegría”, destacó Juan.
De alguna manera, se conforma una alianza entre los educadores y los jóvenes, que permite abrir un diálogo para coordinar el UPD y aconsejarlos sobre los cuidados personales y de sus compañeros, tal como resaltó el preceptor: “Lo que se les dice es que lo disfruten y que se cuiden mucho de los excesos. También, que protejan la grupalidad, que cuiden al de al lado para que nadie se pierda o se desvíe del camino”, mencionó.
“Tener a la institución en contra hace que estos eventos salgan peor. Tenerla a favor, que todas las partes colaboren, es la garantía para que salgan de la mejor manera posible”, agregó.
Juan Palomeque, preceptor del Mac Kay
En la mayoría de los casos, los estudiantes se reúnen en la noche previa del UPD para un festejo grupal. Luego, suelen ir a las plazas cercanas para reunirse con chicos de otras instituciones y finalizan en sus respectivos colegios, donde son recibidos por las autoridades y docentes.
Por tradición, el UPD finaliza con la llegada de los chicos de 6.º al establecimiento educativo, ante la presencia de los estudiantes y profesores de todos los cursos. “Para ese momento, está prohibida la pirotécnica o bengalas, por cuestiones lógicas de seguridad. Mientras ellos celebran afuera, los otros años entran y forman en el patio. Y ahí les permitimos el ingreso, para que festejen entre ellos con una batucada, se tiren nieve artificial y se muestren ante el resto de la escuela”.
Justamente, como la jornada continúa, esa celebración no puede afectar el normal funcionamiento de la institución. “Una vez que terminan sus festejos, se les pide a las familias que los retiren del establecimiento para que vayan a descansar y retornen al día siguiente, iniciando el dictado de las materias del último año”, aclaró el preceptor.
Sobre el rol que ocupan las familias en el Último Primer Día, Juan contó que, si bien tienen la posibilidad de acercarse y consultar sobre la organización de este evento, en general se mantienen al margen. “En el Mac Kay, a los alumnos del ciclo superior se les inculca la autonomía: como es un colegio de arte, donde ellos tienen muchas salidas educativas y proyectos por fuera del aula, suelen manejarse muy bien en lo grupal y en el vínculo con la institución”, concluyó.