Para todos los jóvenes que vienen del interior del país, mudarse a La Plata para iniciar una carrera universitaria significa dejar sus afectos –en algunos casos, por primera vez- y embarcarse en una experiencia plagada de retos y descubrimientos. Todo este proceso, que suele ser movilizante, se agudiza en los alumnos extranjeros, que tienen que acomodarse a una cultura nueva en medio del desarraigo.
Para conocer más a fondo los desafíos del estudiante extranjero, el diario digital de la UCALP entrevistó a Damián Mejia Altafuya (foto), oriundo de Ecuador, quien se instaló el año pasado en la capital provincial para cumplir un anhelo profesional: transformarse en odontólogo.
“Como para muchos de mis compañeros extranjeros, al principio fue muy desafiante. El entender cómo funcionan las costumbres, la moneda y la vida cotidiana me tomó un tiempo. Sin embargo, con el paso de los meses, me fui acostumbrando y aprendí a disfrutar de los momentos”, relató Damián y aclaró: “Tengo la suerte de vivir con mi hermana, por lo que me mantengo conectado a mis raíces. Además, me rodeo de personas de mi país, por lo que puedo compartir momentos que me recuerdan de dónde vengo”.
En medio de ese ajuste cultural, también tuvo que sortear sus propias exigencias académicas: “Al estar en un entorno completamente distinto al colegio, se despertó en mí el miedo de querer hacerlo todo perfectamente. Sin embargo, fue un proceso de adaptación constante, en el cual aprendí a manejar el estrés, a organizar mi tiempo y a sentirme cada vez más cómodo en la Universidad”.

Cuatro mil kilómetros separan a Argentina de Ecuador. Con pocas oportunidades anuales de visitar tu país natal, elegir una institución educativa obliga a atender a diversas cuestiones, que no tienen que ver exclusivamente con el enfoque académico institucional, tal como lo resalta Mejía Altafuya: “en la UCALP sé que puedo formarme no solo como profesional, sino también como ser humano comprometido con la excelencia y la ética”.
Sobre este punto, valoró el despliegue del cuerpo docente y aseveró que “cada uno tiene su estilo de enseñanza, pero todos comparten una genuina preocupación por nuestro aprendizaje”. Gracias al ambiente diverso, en donde conviven estudiantes de distintas provincias y países, señaló que esto le permite aprender a partir de las diferentes miradas y debates que se generan en las clases y fuera de ellas.
Los trabajadores de la salud suelen tener una vocación de servicio muy marcada en el ejercicio profesional, que se refleja en el deseo de ayudar al prójimo. “Desde pequeño siempre me fascinó el cuidado de la salud y el bienestar de las personas, y me di cuenta de que la odontología me brindaba una oportunidad de hacer una diferencia en la vida de los demás”, relató el estudiante.
En su primer año en la Facultad, confesó haberse sorprendido por cómo desde la boca se pueden advertir muchas de las enfermedades del cuerpo: “Esta conexión me hizo darme cuenta de la enorme importancia que tiene el cuidado bucal, no solo para tener una sonrisa bonita, sino para preservar la salud en general”.
A sabiendas de la amplia variedad de padecimientos que se observan en un consultorio odontológico, la etapa formativa deviene fundamental. Ante esto, destacó que “siempre existirán riesgos, pero somos nosotros quienes debemos afrontarlos con responsabilidad. Es por eso que me estoy preparando, para poder enfrentar cualquier desafío y ofrecer el mejor tratamiento posible”.
Sobre sus planes a futuro, Damián manifestó cierta incertidumbre, al no saber qué le deparará su quehacer profesional. Volverse a su país, vivir en Argentina e incluso mudarse a otra nación son alternativas que baraja, aunque en su horizonte sigue presente el mismo objetivo, aquel que se planteó cuando pisó suelo platense: recibirse de odontólogo y ayudar a los demás.