Reflexiones en torno al 25 de Mayo: actos escolares e ideas de nación
Reflexiones en torno al 25 de Mayo: actos escolares e ideas de nación
Reflexiones en torno al 25 de Mayo: actos escolares e ideas de nación

(*) Por Josefina Mallo y Magdalena Tula Molina

Este 25 de mayo se cumplen 216 años de la conformación del Primer Gobierno Patrio. Y, en muchos casos, de una de las fechas que más confusiones nos presenta. Más allá de las explicaciones sobre la configuración del Estado-Nación, es cierto que el Primer Gobierno es la inauguración de un “nosotros”. Y este “nosotros” está provocando la brecha que dará lugar, seis años después, a nuestra independencia.

Entre las capas de sentido que cubren este recordatorio están los paraguas, las cintas azules y blancas de French y Beruti, la insistencia de Cisneros en quedarse en el cargo de virrey, la relevancia de los jóvenes Belgrano y Paso en el cabildo abierto, los gritos de “¡El pueblo quiere saber!”. Algunas de ellas comprobables, otras dudosas, pero que forman parte de esta fecha porque están en nuestras fiestas escolares.

También estaban el aguatero (siempre gauchesco, de poncho, chiripá y galera); la empanadera o mazamorrera (negra casi exclusivamente); las damas antiguas (generalmente vestidas con modas de 50 años más tarde, grandes miriñaques y peinetones); los serenos que cantaban indefectiblemente las 12 de la noche para dar paso a los soldados, sin ninguna característica específica (¿eran criollos, españoles, mestizos? ¿Por qué no podemos ubicarlos en algún grupo étnico o social?).

Estos sentidos sobre nuestro país, pionero y crisol de razas, que abrazó a quienes vinieron y los fundió en un grupo nuevo, argentino a secas, son una paciente construcción, un “lugar de memoria” en palabras de Pierre Nora que, más allá de su veracidad histórica, nos define y nos alimenta como nación. Un momento que puede ser confuso porque su explicación está en el futuro: en el que un grupo pequeño (en definitiva, el Cabildo de Mayo y la Primera Junta no dejan de ser una representación de los porteños, y será nacional con la Junta Grande) inició una discusión que significó perder parte del “nosotros” de ese entonces (Paraguay) y muchos enfrentamientos intestinos. En el que finalmente no se trata de grupos privilegiados guiando o grupos subalternos y subalternizados forzando nuevas direcciones, sino que va a necesitar un período largo para entender cada una de las consecuencias a las que los llevará la ruptura total con España.

Como historiadoras estamos firmemente convencidas de que la historia no se repite a sí misma. Pero sí nos permite mirar con esperanza cómo, cuando hay momentos de alta conflictividad, no es eso lo que nos define. No es la guerra, el odio o los muchos conflictos lo primero que nos constituyó: es reconocernos parte de lo mismo con las cintas, más allá de las razas y el clima, y sobre todo en un tiempo esquivo que nunca es lineal. Somos un país resiliente, que ha sabido sobreponerse a muchas adversidades, en donde ante todo prima nuestra capacidad de abrazar nuestras diferencias y seguir construyendo un futuro común.

(*) Docentes en la cátedra de Geopolítica y Estrategia del CCC de Licenciatura en Historia.