(*) Por Eduin Alexander Rincón Galarza
A un año de ministerio petrino de León XIV, algunas consideraciones para el andar. El 8 de mayo de 2025, fiesta de la Virgen de Lujan, en Roma fue elegido Robert Francis Prevost como el sucesor de Francisco. Y hoy, 18 de mayo hace un año fue entronizado en la Plaza de San Pedro (foto de tapa), marcando el inicio formal de su pontificado.
En este nota quiero resaltar algunos puntos que como laico, educador y teólogo considero nos ha ido enseñando en este primer año de pontificado. Siendo de la orden de San Agustín, ya de entrada nos ha ido mostrando un modo particular de vivir, en comunidad y desde la sobriedad agustiniana.
Al momento, las dos grandes líneas de acción de su pontificado: dedicar a encarnar desde su ministerio el Concilio Ecuménico Vaticano II, principalmente en sus catequesis, dándole un énfasis a reforzar la eclesiología del pueblo de Dios que le subyace a la lógica del CEV-II. La otra línea es dar continuidad a lo que el Papa Francisco desde su ministerio fue colocando en la Iglesia, principalmente enfocando la mirada en la sinodalidad, indicando que “Deseo asegurar mi intención de proseguir el compromiso del papa Francisco en la promoción del carácter sinodal de la Iglesia católica y en el desarrollo de formas nuevas y concretas para una sinodalidad cada vez más intensa en el ámbito ecuménico” (Mayo 19, 2025).
Incluso el mismo 8 de mayo, cuando fue elegido (foto de abajo), dijo al mundo “Queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca siempre la caridad, que busca siempre estar cerca especialmente de aquellos que sufren”. Y en ese aspecto ha venido trabajando con los/as responsables en el proceso sinodal a nivel general.

En el Jubileo de los Obispos indicaba: “Una clara señal de prudencia es el ejercicio del diálogo como estilo y método en las relaciones, y también en la presidencia de los organismos de participación, es decir, en la gestión de la sinodalidad en la Iglesia particular. En este aspecto, el Papa Francisco nos ha hecho dar un gran paso adelante, insistiendo, con sabiduría pedagógica, en la sinodalidad como dimensión de la vida de la Iglesia. La prudencia pastoral permite al obispo guiar a la comunidad diocesana valorizando sus tradiciones y promoviendo nuevos caminos y nuevas iniciativas” (Junio 25, 2025).
Aun así, como esboza el teólogo Rafael Luciani “todavía no podemos ofrecer un cuadro completo de lo que el papa León XIV entiende por sinodalidad, ni saber si profundizará la eclesialidad sinodal que emergió en los últimos años del pontificado de Francisco”.
Y en esa misma frecuencia, el pasado 12 de abril en una carta dirigida a los cardenales orienta por dónde caminará la iglesia en los próximos años, ya que tomando el sentir de la Iglesia ve “la necesidad de relanzar Evangelii Gaudium (Francisco, 2013) para verificar con honestidad qué es lo que, tras el paso de los años, se ha asimilado realmente y qué es lo que, por el contrario, sigue siendo desconocido y sin poner en práctica”. Allí un anhelo, un pedido y un modo de continuar y profundizar el legado de Francisco.

Una marca particular de su ministerio, es el carácter profético al momento de posicionarse respecto a la paz, ya es conocida su expresión “una paz desarmada y desarmante”. Expresión que concretiza en el mensaje para la jornada mundial de la paz (1 enero, 2026), el cual les invito a leer y orar.
Fiel al Evangelio, que es anuncio de paz, y bebiendo de la espiritualidad agustiniana nos invita a abrirnos a la paz. Sí Cristo es nuestra paz (Efesios 2, 14), la paz entonces, escribe León XIV, es “una presencia, un camino”, desde allí esboza lo que sería una paz desarmada, aquella que no requiere ese movimiento, muchas veces violento de quererse defender (Pedro desenvainando la espada): “La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices”.
En cuanto a la paz desarmante, por varios días estuve meditando una breve pero profunda frase que él escribe en el mensaje: “la bondad es desarmante”, y desde una encarnación de ésta en las realidades es que se podrán generar procesos de desarme integral (San Juan XIII). Este proceso ha de comenzar por el corazón de cada ser humano, de la paz interior-personal gestar la paz social. Dedica parte del mensaje a lo que sería la paz política entre los pueblos y las naciones. Todos estamos al tanto de que en la actualidad hay pueblos y naciones en guerra, y ello nos ha de doler y mover a mostrar que es posible gestar modos nuevos para que la paz sea. Invita a comenzar por desarmar la mente, el corazón, la vida, y confiarnos en que Dios es fiel a sus promesas (Isaías 2, 4-5).
En este primer año del ministerio petrino de León XIV hemos de seguir caminando juntos, orando por él, acompañándole en su ministerio pastoral, confiados en que somos iglesia que camina, que anuncia y realiza el reinado de Dios.
(*) Secretario Académico del Departamento Superior de Teología.