Por Lic. Fernando Brugaletta (*)
La internacionalización de la educación superior se ha consolidado como un eje estratégico para las universidades en un mundo crecientemente interdependiente. En el caso de las universidades católicas de América Latina, este proceso no puede comprenderse únicamente como una apertura funcional al exterior, sino como una dimensión constitutiva de su misión de formar personas, generar conocimiento y contribuir al bien común desde una perspectiva global y solidaria.
Las experiencias recientes en la Organización de Universidades Católicas de América Latina y el Caribe (ODUCAL) ponen de manifiesto avances significativos en materia de cooperación académica, movilidad e innovación pedagógica. Sin embargo, estos esfuerzos invitan a una reflexión más profunda sobre el sentido y la orientación de la internacionalización en clave identitaria.
Uno de los principales desafíos consiste en evitar una comprensión meramente instrumental de la internacionalización —reducida a rankings, convenios o movilidad— para avanzar hacia un modelo con sentido. En esta línea, el pensamiento de León XIV, en continuidad con el Pacto Educativo Global, invita a reconfigurar la educación superior desde una lógica de cooperación y responsabilidad compartida. A su vez, la cultura del encuentro, promovida de manera central por el Papa Francisco, ofrece el marco ético y relacional para sostener este proceso desde el diálogo, la fraternidad y la inclusión.
La internacionalización de las universidades católicas puede enriquecerse al ser pensada a la luz de tres principios que emergen del Pacto Educativo Global, retomados y profundizados en el magisterio reciente. A empezar por la centralidad de la persona, hay que se pensar que la internacionalización no puede reducirse a indicadores o flujos de movilidad. Debe estar centrada en la formación integral de la persona, promoviendo experiencias educativas que desarrollen capacidades interculturales, sensibilidad social y compromiso ético.
En línea con el pensamiento de León XIV, la internacionalización debe favorecer la cultura del diálogo con redes de cooperación académica basadas en el intercambio de culturas y saberes. Esto implica pasar de una lógica competitiva a una lógica colaborativa, donde el conocimiento se construye de manera compartida.
La internacionalización debe estar orientada a los grandes desafíos globales: la desigualdad, el desarrollo sostenible, justicia y paz, el cuidado de la casa común. Esto exige promover agendas de investigación y formación con impacto social, especialmente desde América Latina.
En el contexto de ODUCAL, la articulación entre universidades miembro encuentra un horizonte particularmente fecundo en el concepto de sinodalidad, promovido por el Papa Francisco. La sinodalidad —entendida como un “caminar juntos”— permite repensar la internacionalización como un proceso comunitario, participativo y corresponsable. Así, la red ODUCAL puede consolidarse como un espacio sinodal de integración regional, donde se construyen agendas comunes, se comparten recursos y capacidades y se fortalece una identidad latinoamericana en diálogo con el mundo.
Otro desafío central es avanzar hacia modelos innovadores de internacionalización que no dependan exclusivamente de la movilidad física. Las cátedras espejo, los programas COIL y otras experiencias permiten democratizar el acceso y ampliar el impacto formativo. La clave aquí es integrar lo global en lo local, generando experiencias educativas que formen estudiantes capaces de comprender y actuar en contextos diversos.
Las universidades católicas están llamadas a integrar la internacionalización con su compromiso social. Esto supone formar profesionales globales con arraigo local, capaces de transformar sus comunidades. En América Latina, esto implica internacionalizar sin perder de vista las realidades concretas de pobreza, desigualdad y exclusión, orientando la educación hacia el bien común.
Finalmente, persiste la necesidad de reducir las asimetrías en el acceso a la internacionalización. Las redes como ODUCAL tienen un rol clave en la democratización de oportunidades, promoviendo programas inclusivos y solidarios.
Por fín, se puede decir que la internacionalización en las universidades católicas de América Latina requiere hoy una renovación profunda de su sentido. No basta con expandir vínculos internacionales; es necesario construir una internacionalización con identidad, arraigada en la misión y orientada al bien común.
En un contexto regional y global marcado por la desigualdad, la fragilidad democrática, la pobreza multidimensional y la crisis ambiental, las universidades católicas están llamadas a reafirmar su papel como espacios de escucha, formación y esperanza, articulando fe, ciencia y compromiso social al servicio de nuestros pueblos.
(*) A/C de la Unidad de Relaciones Internacionales de la UCALP y Coord. Red de Internacionalización de Oducal