Volver a Malvinas: el viaje de un veterano para sanar las heridas
Volver a Malvinas: el viaje de un veterano de guerra para sanar las heridas
Volver a Malvinas: el viaje de un veterano de guerra para sanar las heridas

“Cuando volví de la guerra no me fue fácil reinsertarme porque venís con una carga emocional muy fuerte por lo vivido, la muerte de compañeros y pensar, muchas veces, que era la última vez que ibas a respirar… que en algún momento explotás. Me costó mucho procesar lo que pasó y lo llevo hasta hoy. Por eso, para mí Malvinas son los 365 días del año”, recordó Alejandro Rosatto (de pie en la foto histórica de tapa), veterano y docente de Educación Física, sobre aquel otoño de 1982 que cambió su vida para siempre.

Su historia -que más adelante lo tuvo como docente y agente de pastoral de los tres niveles del Estrada y la Facultad de Humanidades de la UCALP- guarda un componente poco frecuente: él fue como soldado conscripto y su padre, Juan Carlos, empleado de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel) Entel, fue citado como civil para instalar una estación satelital. “Para la familia en particular fue trágico. Yo soy el mayor de cinco hermanos y el que me seguía estaba haciendo el servicio militar, por lo que podía ser convocado en cualquier momento. En el recuerdo de Malvinas también está el miedo y la desesperación de mi mamá”, contó.

Como integrante del Regimiento de Infantería Mecanizado 7 “Coronel Conde”, cuyos cuarteles funcionaban en lo que actualmente se conoce como la Plaza Islas Malvinas de La Plata (en Avenida 19 y 51), permaneció en el archipiélago en la totalidad del conflicto bélico, “de punta a punta”, retornando al país el 19 de junio con una carga emocional abrumadora.

En los primeros meses y durante varios años, ruidos de fuegos artificiales, aviones o helicópteros le provocaban a Alejandro reacciones instintivas de protección, de cuerpo a tierra. Sus hermanas, con el tiempo, le relataron que al amanecer lo encontraban atrincherado, durmiendo debajo de la cama.

Mientras intentaba procesar lo experimentado, dos cosas lo alentaron a continuar: la familia, lugar que identificó como un espacio de contención, acompañamiento y escucha; y su vocación docente, que lo encontró ejerciendo como profe de educación física en diversos cargos, repartidos en todos los niveles del sistema educativo. Ya jubilado, hasta el día de hoy sigue dando clases en su Avellaneda natal.

EL PASO POR LA UCALP

Su vínculo con la UCALP se gestó a inicios de los noventa, ingresando primero como agente de pastoral en el Estrada y luego como profesor en los tres niveles y la Facultad de Humanidades. En dicha unidad académica, destacó su rol en la cátedra “Vida en la naturaleza”, del Profesorado en Educación Física. “La Católica fue una experiencia muy linda. Me gustaba recorrer la escuela y el vínculo con los chicos, sobre todo los del jardín”, aseveró.

En aquellos años, aunque en círculos íntimos se conocía su condición de veterano, en los ámbitos laborales prefería ocultar su pasado, por miedo a ser tildado como un “loquito de la guerra”, estigma que lo acompañó a él y a gran parte de los excombatientes por el clima social de la época, que oscilaba entre la indiferencia y el prejuicio. Este proceso, que se lo conoce como la “desmalvinización”, incluyó que se los ubique como cómplices o víctimas de la última dictadura militar (1976-1983), algo que Alejandro combate: “Nosotros fuimos realmente convencidos de que estábamos defendiendo a la patria, a nuestro país”.   

EL RELATO DE LO VIVIDO Y UN VIAJE SANADOR

El camino para socializar lo vivido no fue lineal y requirió de diferentes sucesos. Primero, la creación de la Casa del Ex Soldado Combatiente de Malvinas (CEMA La Plata) en 2012, donde empezó a asistir a las reuniones y encuentros, retomando el contacto con sus compañeros y la lucha por mantener viva la memoria de los caídos.

Al año siguiente, ocurrió algo más mundano: su sobrina, de cinco años, casualmente mencionó en clase que tenía un tío veterano y el conscripto fue convocado a dar una charla con los niños. Ese contacto con la curiosidad genuina de los más jóvenes y la empatía por los soldados fue el disparador de un proceso de apertura que culminaría en 2017, con el viaje a las islas.

Acompañado de un grupo de ex combatientes, Rosatto visitó el cementerio de Darwin -lugar de descanso de los soldados argentinos caídos-, ubicaciones estratégicas donde habían transitado y sus trincheras: “Fue muy emocionante y completamente sanador. Ver el cementerio, que estaba muy prolijo, y los nombres en algunas lápidas… me di cuenta que estaba haciendo el duelo de la muerte de un montón de gente después de 37 años”.

“Hasta ese momento, mis recuerdos de Malvinas eran en blanco y negro. Al volver, me pareció increíble advertir que el lugar era lindo, que tenía color y paisajes bellos”, resaltó.

                                              Alejandro (izquierda), junto a otros combatientes, en el cementerio de Darwin

NARRAR MALVINAS PARA RECORDAR A LOS CAÍDOS

Los verdaderos héroes de Malvinas son nuestros caídos, los que no volvieron. Desde ese lugar yo cuento lo que pasó en la guerra”, dijo con serenidad Alejandro, quien reconoció un cambio sustancial en cómo la sociedad —y particularmente los jóvenes— se vinculan con la causa. En sus visitas a las escuelas, que las sostiene, nota que hay una mayor conciencia: “En las preguntas de los chicos, se ve ya no miran el conflicto como una guerra nada más, sino que están expectantes a ver qué va a pasar con ellas y con nuestro reclamo soberano”.

En su visión, la narración de Malvinas en primera persona es algo que debe mantenerse, en especial en las instituciones educativas: “Es muy importante que se siga hablando y que se rompan ciertos paradigmas que lo asocian a una crueldad, a una guerra que se puede ganar o perder. No es solamente eso: detrás hubo personas con vidas, con proyectos y futuros que se truncaron… detrás estuvo y está la soberanía y la defensa de la patria”.