En el marco del inicio de un nuevo año académico, la Arquidiócesis de La Plata ha difundido el mensaje de su Arzobispo, Mons. Gustavo Carrara, dirigido a todas las comunidades educativas. Bajo el lema “Educar en santidad: Cada persona es una misión”, el documento propone una profunda reflexión sobre el rol de la educación como un proyecto de vida y un acto de esperanza en el escenario actual.
Tomando como punto de partida la obra literaria de Calderón de la Barca, El gran teatro del mundo, Mons. Carrara invita a ver la existencia no como un hecho efímero, sino como una representación donde cada persona tiene un papel fundamental asignado por Dios.
El rol de cada uno: El mensaje destaca que no importa la relevancia social del “papel” asignado, sino la fidelidad y el amor con que se representa.
Sin ensayos previos: A diferencia del teatro, la vida se descubre mientras se ejecuta, lo que exige una constante atención a la voz de Dios.
Santidad es identidad: Citando al Papa Francisco, el Arzobispo afirma que “cada santo es una misión” y un proyecto del Padre para encarnar un aspecto del Evangelio en la historia.
El documento establece que las comunidades educativas deben ser espacios donde se ayude a los jóvenes a descubrir su vocación única e intransferible. Mons. Carrara, apoyándose en la Carta Apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza del Papa León XIV, subraya que la educación no debe reducirse a un “perfil de competencias” o a un algoritmo económico.
“En el centro de los itinerarios educativos no deben estar individuos abstractos, sino personas de carne y hueso […], estamos llamados a formar personas para que brillen como estrellas en su plena dignidad”.
El mensaje identifica tres prioridades urgentes para las instituciones educativas en este tiempo:
Vida interior: Fomentar espacios de silencio y discernimiento frente a la superficialidad.
Digital humano: Priorizar a la persona por sobre el algoritmo, promoviendo un uso sabio de la IA y las nuevas tecnologías.
Paz desarmada: Educar en lenguajes no violentos y en la construcción de puentes en lugar de muros.
Finalmente, Mons. Carrara define a la escuela como la “última frontera” contra la exclusión social. Reafirma el compromiso de la Iglesia con la educación de los más pobres, no como un favor, sino como un deber evangélico para transformar su realidad. El anhelo para este 2026 es que cada comunidad educativa funcione como una “familia grande”, una mesa compartida donde la escucha y el acompañamiento sean el método principal.
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