La tos convulsa o coqueluche, ocasionada por la bacteria Bordetella pertussis, volvió a tomar protagonismo en las últimas semanas, cuando el Boletín Epidemiológico Nº 44 (que va del 26 de octubre al 1º de noviembre) del Ministerio de Salud bonaerense anunció los casos confirmados (200), que triplican los números de la segunda quincena de octubre (63). Además, como afecta principalmente a los menores, en el 2025 se llevó la vida de cinco infantes, entre un mes y dos años de edad. Con los datos en la mesa, la Provincia de Buenos Aires declaró la alerta epidemiológica.
Para comprender de qué se trata esta enfermedad y cómo combatirla, este medio dialogó con Silvia González Ayala, médica infectóloga y profesora honoraria de nuestra casa de altos estudios, quien explicó las diferentes etapas, el nivel de contagio y la importancia de respetar los esquemas de vacunación.
“Es una de las enfermedades más contagiosas, similar en este sentido al sarampión. Un individuo con tos convulsa contagia, con las gotas que se desprenden cuando tose o estornuda, a 15 personas que no están vacunadas o lo están de manera incompleta”, mencionó la médica. Además, resaltó qua a esta enfermedad, a partir de la observación popular, se la conoce como el mal de los cien días, porque es aproximadamente lo que dura la tos.
Silvia González Ayala, infectóloga y docente honoraria de la UCALP
El coqueluche afecta a todas las edades y no produce fiebre, por lo que, por fuera de la tos, es difícil de detectar. Existen tres etapas: en la primera, que dura alrededor de dos semanas, el afectado comienza tosiendo de madrugada y, conforme pasan los días, se va extendiendo hasta hacerlo durante todo el día. “Es en ese periodo, donde las personas siguen desarrollando sus actividades, van a sus trabajos, entran en contacto con muchos individuos y contagian”, contó.
La segunda, que dura poco más de un mes, presenta un cuadro agravado, llamado tos paroxística, con episodios continuados y un sonido particular, denominado estridor o gallo –una suerte de silbido-, que se genera cuando se carga el aire: “En estos episodios, pueden aparecer vómitos si ha comido recientemente o la eliminación de una secreción transparente y viscosa, parecida a la clara de huevo”.
Finalizado este periodo, en la tercera –de convalecencia- la tos va disminuyendo progresivamente, pero el cuerpo queda en estado de alerta: “Si en esta etapa, el paciente tiene alguna infección viral, vuelve a toser como si tuviera coqueluche. Entonces, se malinterpreta como si fuera una recaída. En realidad, ante cualquier intercurrencia viral, se da un cuadro que se conoce como ‘tos de recuerdo’, que puede ocurrir hasta un año después de haberte contagiado”.

Si bien, como ya se destacó, cualquier individuo puede contraer la tos convulsa, los lactantes presentan complicaciones más graves, que deterioran su salud. A raíz de esto, deviene fundamental respetar los esquemas de vacunación desde el nacimiento: “El componente para la prevención de esta enfermedad tiene una eficacia de corta duración, por eso necesita refuerzos. En el calendario nacional, se debe dar una dosis a los dos meses, otra a los cuatro, una tercera a los seis y otra a los 18. Luego, se refuerza a los 5 y 11 años, lo que marca el final de esta etapa primaria de vacunación”.
Lo señalado por la infectóloga abre un interrogante: ¿Cómo se los cuida a los infantes menores de dos meses? Sobre esto, aclaró: “Para proteger a sus hijos, se vacuna a las embarazadas, a partir de las 20 semanas de gestación y hasta cuatro semanas antes de la fecha probable de parto. Con esa inyección, la madre forma anticuerpos y los pasa a su bebé, que le sirven en especial para los primeros tres meses de vida, que es el periodo de mayor riesgo”.
Sin fiebre, pero con dolores torácicos y detrás del esternón, generados por los episodios de tos, el único tratamiento es antibiótico (Azitromicina), que se toma durante cinco días una vez que se confirma el diagnóstico. En estos casos, el medicamento busca eliminar la bacteria de la nariz y garganta, para evitar que siga contagiando.
Además, hasta finalizar el tratamiento, se debe mantener un aislamiento respiratorio, lavarse las manos y cubrirse a la hora de toser o estornudar, para no propagar la enfermedad.
“Como no hay vacunación para adolescentes y adultos, la forma de reducir el crecimiento de los casos positivos es haciendo control de foco. Cuando se confirma un positivo, se debe notificar a la autoridad sanitaria, quienes activan mecanismos para que no se presenten nuevos casos alrededor de esa persona: comienza con los convivientes y, si es un chiquito que va al jardín, se analiza la situación allí, para darles el antibiótico o completar el esquema de vacunación. Siempre que se hace control de foco se encuentra a alguien cercano tosiendo”, relató González Ayala.
Por el esfuerzo que conllevan los episodios de tos –sobre todo, en la etapa paroxística-, entre las complicaciones y secuelas más comunes del coqueluche, se encuentran:
Ante este panorama, Silvia insistió en la importancia de conocer los riesgos que acarrea la tos convulsa y resaltó que la vacunación es la única manera de resguardar a los infantes: “En la Provincia, tenemos 5 muertos por la enfermedad. Que eso suceda en 2025, es muy lamentable, teniendo a disposición las herramientas de prevención en el embarazo y los primeros años de vida. Respetando los calendarios e informando de los positivos para el control de foco, esos casos se podrían haber evitado”.