Los ensambles topográficos locales, o sea las características físicas y geométricas de un terreno, como elevaciones, distancias, y la ubicación de elementos naturales y construidos, plantean nuevos desafíos y oportunidades para la arquitectura, que se resignifica frente a un presente complejo y un futuro incierto. Así surge de una investigación, aún abierta, realizada por docentes de la faculta de Arquitectura y Diseño de la UCALP, para explorar la relación entre esta profesión y el espacio público y que ya cuenta con un epílogo de trabajo a modo de conclusiones.
Los investigadores señalan que “los modos proyectuales revisados aportan respuestas pragmáticas, con diagnósticos de sitios que demandan el cuidado del entorno y que, en ese marco, revalorizan tanto la cultura disciplinar como la ambiental”.
De este modo, los espacios públicos adquieren un renovado sentido mediante hibridaciones programáticas -combinaciones intencionales de distintos usos, funciones o “programas” dentro de un mismo proyecto arquitectónico- que favorecen la diversidad socio-cultural y el uso colectivo, al tiempo que mitigan el impacto icónico de ciertas arquitecturas y contribuyen a la disminución de la huella de carbono y del efecto de las islas de calor.
El estudio es encabezado por el arquitecto Jorge Salvador Mele junto a las arquitectas María Saba Reigosa y Rocío Mele Helguera
La investigación permanecerá abierta ya que las disciplinas proyectuales seguirán transformándose a medida que las necesidades humanas se modifiquen y las herramientas permitan nuevas aproximaciones
En este trabajo, se revisaron dos modalidades de la proyectualidad urbana contemporánea, basadas en una dialéctica oscilante entre los medios analógicos y digitales, con el objetivo de repensar los temas permanentes de la arquitectura: el espacio, la tectónica (ciencia o arte de la construcción referida a la integración de la estructura, los materiales, la forma y la expresión artística del edificio), la materialidad y los lenguajes.

Otro aspecto destacado es la posibilidad de reparar paisajes culturales históricos y minimizar los efectos psico-físicos sobre la experiencia habitativa. Las propuestas tienden a una reconciliación entre ciudades y paisajes, evitando rupturas artificiosas y buscando armonías en lugar de cacofonías, señala la investigación. Esta perspectiva proyectual, plantea una filosofía basada en la concordancia entre lo inteligible y lo sensible, en una recuperación ética del hacer arquitectónico, vinculada tanto con la sociedad como con la diversidad ambiental del planeta.
La arquitectura en los espacios públicos de dedica al diseño de áreas urbanas accesibles, funcionales e inclusivas, como plazas, parques, calles y edificios gubernamentales, que sirven como puntos de encuentro y reflejan los valores sociales y la identidad de una comunidad
Finalmente, los investigadores remarcaron que la arquitectura, entendida como productora de nuevas subjetividades, redefine al arquitecto como un actor social fundamental, y adviertieron que “sin políticas públicas y ambientales de consenso, la obra individual no puede modificar la realidad en profundidad”. Sin embargo, las experiencias revisadas muestran “prácticas que recuperan valores esenciales del arte de la arquitectura y que plantean, en última instancia, un compromiso con la continuidad de la especie humana frente a un contexto de desafíos globales.”
