Por Ricardo Corbetta (*)
A mediados de 2025, múltiples empresas globales anunciaron con bombos y platillos la integración de inteligencia artificial generativa (IAg) como motor de innovación. Sin embargo, un reciente informe del MIT alerta que el 95 % de los proyectos corporativos con IA no generan impacto real en resultados, no por fallos técnicos, sino por una integración mal diseñada y expectativas poco realistas. Solo el 5 % de los proyectos lograron crecimiento de ingresos significativo, al enfocarse en problemas concretos y trabajar con los socios adecuados.
Mientras el discurso público celebra que la IA levanta startups por valor de miles de millones, en la práctica, encuentra enorme resistencia. El informe del MIT destaca cómo grandes empresas, impulsadas por el hype tecnológico, lanzan estas herramientas sin adaptarlas a sus flujos de trabajo existentes. El ritmo frenético de adopción contrasta con la cautela creciente entre CEOs, preocupados por sesgos algorítmicos, cambios laborales y retornos inciertos.
En ese contexto, Grupo Werthein lanzó Illumia, una plataforma de IA generativa “humanizada”, respaldada por una inversión inicial de 40 millones de dólares, orientada a mejorar las interacciones comerciales y de atención al cliente. Daniel Figueirido, CEO de la compañía, subraya que esta apuesta busca “digital assistants that can converse the same way humans can” —una mezcla de emotividad, personalización y eficiencia tecnológica.
Teóricos como Olivia Brown y colaboradores, en su trabajo “Theory-Driven Perspectives on Generative Artificial Intelligence in Business and Management”, proponen que el éxito de la IA depende del encuadre teórico y la reflexión institucional: sin un análisis profundo, las empresas repiten modelos sin permitir la transformación real. A su vez, a nivel académico, Singh y colegas (2024) aplicaron la economía neoschumpeteriana para explicar cómo la IA impulsa una suerte de destrucción creativa —nuevos modelos de negocio emergen, pero requieren gestión estratégica y humano–máquina balanceado.
Y no podemos ignorar la crítica: en AI Snake Oil, Narayanan y Kapoor advierten sobre el exceso de promesas vacías, el “hype” que cala incluso entre periodistas y académicos, y subrayan que el verdadero desafío es discernir cuál IA funciona y cuál es pura fantasía.
En este marco, la Licenciatura en Negocios Digitales de UCALP surge como propuesta educativa pensada para formar profesionales que trascienden la tecnología. Incluye módulos como IA aplicada a negocios, gestión de proyectos digitales y ética digital, brindando herramientas teórico-prácticas para navegar —y liderar— esta nueva realidad. No se trata solo de aprender código, sino de pensar sistemáticamente, gestionar la innovación y tomar decisiones con responsabilidad.
Con IA en plena euforia, la gran pregunta ya no es cuánto puede hacer, sino quién lo guía y con qué propósito. Aquellos que entiendan esa diferencia estarán un paso adelante.
(*) Coordinador de la licenciatura en Negocios Digitales (UCALP)