El magisterio de Francisco durante su papado giró en torno a un principio esencial, la persona como centro de toda lógica social, política y económica: “Quizá no fue un líder perfecto, pero fue un líder humano. Y supo hacer de su palabra un espacio común”, resumió el Pbo. Padre Dr. Pablo Pastrone durante el primer encuentro del ciclo de conversatorios “El legado humanista del Papa Francisco”, bajo el título “La cultura del encuentro”.
En el aula Santa Teresa de la facultad de Humanidades de la UCALP, encabezaron el evento -además del padre Pablo-, el decano de Humanidades, Lic. Marcelo Etchegaray, y el Dr. Guillermo Witembur. La jornada reunió a referentes académicos, estudiantes y profesores que reflexionaron sobre el pensamiento del sumo pontífice y su impacto en la educación, la política y la vida social.
Uno de los ejes centrales fue la idea de la cultura del encuentro, concepto que el Papa Francisco ha defendido como alternativa frente al individualismo contemporáneo. “En contextos de individualismo y del ‘sálvese quien pueda’, es revolucionario pensar en hacer un poco más feliz a mi hermano”, destacó el padre Pablo, citando a la Madre Teresa de Calcuta.

Etchegaray, por su parte, hizo hincapié en que la vida universitaria debe ser integral y no limitarse a la formación técnica o profesional. “El Papa Francisco ha hablado de que la educación es un acto de amor y no puede reducirse al paradigma del capital humano”, expresó.
Asimismo, remarcó la crítica del Pontífice a los modelos económicos que subordinan la vida humana a la lógica del mercado: “Francisco recuerda que no puede haber desarrollo si no hay dignidad humana. La vida no puede estar al servicio de la economía”.
El Dr. Witembur reflexionó sobre los riesgos de una cultura marcada por el individualismo moderno, y retomando las palabras del Papa, recordó que “nuestros actos deben mirar la dignidad del otro. Debemos tomar la actitud del buen samaritano y no la del viajero pasante”.
En ese sentido, señaló que la cultura del encuentro exige diálogo, respeto y tolerancia: “Nuestro país está acostumbrado a la violencia verbal, y nosotros mismos muchas veces caemos en esa trampa. Como docentes, tenemos que ver la dignidad del alumno más allá de su cultura, ideología o religión”.