Por Eduin Alexander Rincón Galarza (*)
Como Iglesia, hoy nos alegramos al hacer memoria del nacimiento de María. Si bien ninguno de los evangelios canónicos hace referencia a este, sí lo encontramos en el protoevangelio apócrifo de Santiago, quien coloca el nacimiento de María en Jerusalén, donde probablemente -según algunos testimonios antiguos de entre los siglos IV y V- había una basílica en honor a María Santísima y que actualmente se relaciona con el Santuario de Santa Ana, madre de María.
Según el diccionario de Mariología (para nuestros/as lectores/as que quizás no conozcan el término, hace referencia al tratado en Teología sobre María), es el patriarca Sofronio I de Jerusalén (560 – 638 d. C.) quien afirma que en ese lugar nació María, siendo así que ha quedado en nuestra tradición.
¿Por qué se celebra esta fiesta el 8 de septiembre? Siguiendo la tradición, muy probablemente las comunidades cristianas fueron colocando este día por el comienzo de la obra de la salvación (Conf. La oración colecta de la misa del día), según nos dice el diccionario de Mariología: “era muy oportuno celebrar su nacimiento al principio del año eclesiástico según el Monologium Basilianum”.
Más allá de lo que nos refiere la tradición respecto a la natividad de María, los invito a que nos tomemos un tiempo para contemplar la escena del nacimiento de María como sugiere San Ignacio, y evocar aquel momento, imaginar a Santa Ana diciendo el nombre de María (cuya fiesta celebramos el viernes próximo, 12 de septiembre). ¿Qué movió Dios en los padres de María al pronunciar su nombre? ¿Qué se mueve en mi interior cuando pronuncio el nombre de María?
Al contemplar a María recién nacida, colocar a todos los/as niños/as que son violentados/as, asesinados/as, en especial los/as de Gaza, puesto que “desde la Franja de Gaza se elevan cada vez más intensos al cielo los llantos de las madres y los padres, que abrazan los cuerpos sin vida de sus hijos y se ven obligados a desplazarse continuamente en busca de un poco de comida y de un refugio más seguro contra los bombardeos. Renuevo mi llamamiento a los responsables: ¡que cese el fuego, que sean liberados todos los rehenes, que se respete íntegramente el derecho humanitario! María, Reina de la Paz, ¡ruega por nosotros!” (Papa León XIV, 28 de mayo de 2025).
En el nombre de María se nos invita a la paz; a la paz interior, a la paz fraternal-sororial, a la paz social, a la paz con la Creación (lema del Tiempo de la Creación 2025). Ella es la Madre de quien nos es la Paz, nuestro Señor Jesucristo Resucitado y en Él nuestra madre. Esta fiesta nos recuerda con alegría que todo comenzó con aquella niña que nació, nuestra “dulce muchacha humilde de Palestina” como le cantamos.
Que al hacer memoria alegre del nacimiento de María, podamos pedir que nos ponga con su Hijo y en Él los anhelos de paz sean realizados.
Como ejercicio, les propongo un momento de oración por todos/as los/as niños/as, nacidos/as y no-nacidos/as, por los/as niños/as de Gaza, quienes más están sufriendo por la guerra y el hambre.
Que seamos movidos/as por el Espíritu a algún compromiso con la infancia de nuestra sociedad, en especial con los/as niños/as pobres, explotados/as, vulnerados/as.
Para terminar un fragmento poético de Pedro Casaldáliga:
Decir tu nombre…
Decir tu nombre, María
es decir que el Reino viene
y es pura provocación.
Es decir sólo quien ama
es el que conoce a Dios.
Decir tu nombre…
Decir tu nombre, María,
es decir que todo nombre
muestra la gracia de Dios.
Es decir que toda muerte
tiene su resurrección.
Decir tu nombre.
María, María de Nazaret…
(*) Secretario Académico, Departamento Superior de Teología.