Observatorio: "Nuestro desafío es que el Mapa del Poliedro se convierta en una plataforma viva de articulación"
El mapa del Poliedro, una herramienta valiosa para el Indicador del Observatorio
El mapa del Poliedro, una herramienta valiosa para el Indicador del Observatorio

El Indicador de Integración y Desarrollo elaborado por el Observatorio es una herramienta para comprender, visibilizar y actuar sobre las desigualdades estructurales que atraviesan los barrios del Gran La Plata (Foto de tapa: presentación del indicador en junio pasado). Lejos de ser una simple medición estadística, el indicador permite construir un diagnóstico, con enfoque territorial, que articula dimensiones materiales y simbólicas del desarrollo: hábitat, acceso a derechos, vínculos comunitarios, bienestar y participación social. Y ahora se suma una herramienta que apunta a potenciar al Indicador: el mapa del Poliedro.

La implementación del Indicador genera un doble impacto. Por un lado, fortalece las capacidades de lectura del territorio, aportando evidencia concreta para orientar políticas públicas, intervenciones comunitarias y decisiones institucionales. Por otro, potencia el trabajo de lo que denominamos “actores de cambio”: organizaciones barriales, comedores, escuelas, iglesias, etc.

Gracias al Indicador, hoy contamos con un trabajo más preciso de las brechas de integración, pero también de las fortalezas que existen en cada comunidad: redes solidarias, referentes territoriales, experiencias de cuidado, fe y organización popular. Ese es, tal vez, su mayor valor: permitir ver más allá de la carencia y reconocer el potencial transformador que ya habita en nuestros barrios.

LA NUEVA HERRAMIENTA

El Mapa del Poliedro fue creado como una herramienta colaborativa y participativa con el objetivo de visibilizar, organizar y fortalecer el entramado de organizaciones sociales, comunitarias, eclesiales y de base que trabajan cotidianamente en los 262 barrios del Gran La Plata.

Su principal finalidad es brindar una mirada integral del territorio: quiénes están presentes, qué tareas realizan, con qué recursos cuentan y en qué zonas intervienen. A través de esa información, el mapa facilita el trabajo en red, evita la duplicación de esfuerzos, y permite detectar vacíos de cobertura, zonas críticas y oportunidades de articulación interinstitucional.

Además, el Mapa busca reconocer el valor del trabajo que ya se realiza en los barrios, dar visibilidad a actores muchas veces invisibilizados, y construir una base común de conocimiento compartido que sirva para tomar mejores decisiones, tanto desde la sociedad civil como desde el Estado.

La repercusión fue muy positiva y superó las expectativas. En su primer mes, el mapa despertó el interés de muchas organizaciones, instituciones y referentes comunitarios. Numerosos “actores de cambio” se contactaron con el Observatorio para incorporarse, actualizar sus datos o compartir información sobre otras experiencias en el territorio.

En paralelo, comenzaron a generarse nuevas redes de colaboración entre instituciones que no se conocían entre sí o que trabajaban en los mismos barrios sin contacto previo.

Lo más valioso de esta primera etapa es que no solo funciona como un instrumento de consulta, sino que se empieza a consolidar como un disparador de vínculos, confianza y proyectos compartidos.

La clave es entender que el mapa no es un fin en sí mismo, sino un punto de partida. Ya dimos el primer paso. A partir de ahí, se abre la posibilidad de generar espacios de encuentros.

El desafío es que el Mapa del Poliedro se convierta en una plataforma viva de articulación, que impulse la acción coordinada y no solo el registro. Que ayude a multiplicar los impactos, optimizar los recursos y poner en común los saberes y las capacidades ya instaladas.

El Mapa puede ser un facilitador de ese proceso, porque es una herramienta abierta, dinámica, en constante actualización y construida colectivamente.

Los relevamientos realizados por el Observatorio en los barrios del Gran La Plata dan cuenta de problemáticas estructurales y persistentes: pobreza multidimensional, informalidad en el acceso a derechos, aislamiento institucional, precariedad habitacional, y una fuerte fragmentación de los esfuerzos sociales.

En ese contexto, esta herramienta puede aportar una mirada estratégica que permita superar la lógica del trabajo aislado y avanzar hacia respuestas más integrales. Al identificar actores, zonas de intervención y circuitos de ayuda, se vuelve una herramienta de planificación territorial, de referencia para la articulación público-social, y de empoderamiento comunitario.

El Mapa del Poliedro no resuelve los problemas por sí mismo, pero puede ordenar, inspirar e impulsar nuevas formas de abordarlos colectivamente. En definitiva, es una invitación a construir comunidad en red, con los pies en el territorio y la mirada puesta en el bien común.

Equipo del Observatorio Socioeconómico UCALP