Por Eduin Alexander Rincón Galarza (*)
Pasados cincuenta días de la Pascua de Resurrección, la Iglesia celebra pentecostés, en este tiempo en el cual hemos vivido la Pascua de Francisco y la elección de León XIV, confiados en que el Espíritu Santo allí nos ha dado un regalo para seguir caminando en este año jubilar, buscando y hallando el modo de ser peregrinos/as, artesanos/as de esperanza.
La Iglesia del Señor Resucitado celebra la fiesta del Espíritu Santo que da el coraje a la primera comunidad de anunciar el reinado de Dios y que apostólicamente hemos buscado vivir en la historia. Es la irrupción en el mundo, un acontecimiento que nos indica el camino como humanidad hacía el trascendimiento del ser desde el anhelo de plenitud (parusía).
En la primera comunidad cristiana el Espíritu movió a la comunión, la participación y la misión que son los principios por los que el mismo Espíritu ha querido que andemos cuando hablamos de iglesia sinodal. Al respecto, se lee en el documento final del sínodo (2024): “Que el Espíritu Santo, don del Resucitado, sostenga y guíe a toda la Iglesia en este camino. Que Él, que es armonía, siga rejuveneciendo a la Iglesia con la fuerza del Evangelio, la renueve y la conduzca a la unión perfecta con su Esposo (cf. LG 4). Puesto que el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús: «Ven» (cf. Ap 22,17)” (Papa Francisco).
Este soplo del Espíritu, lo ha tomado el Papa León XIV, al expresar “deseo asegurar mi intención de proseguir el compromiso del papa Francisco en la promoción del carácter sinodal de la Iglesia católica y en el desarrollo de formas nuevas y concretas para una sinodalidad cada vez más intensa en el ámbito ecuménico” (Mayo 2025).
Que esta fiesta de pentecostés que celebramos con nuestras comunidades, sea momento para pedir la gracia de trabajar desde lo personal y comunitario por una Iglesia sinodal, que vivamos en nuestras familias, parroquias, escuelas, universidad, la alegría de ser movidos por el Espíritu a escucharnos, acogernos, comprendernos y caminar juntos, por sobre todo, pedir la gracia de la comunión en las diversidades y diferencias. En tiempos complejos donde se promueve el odio, la indiferencia, la división, seamos artesanos/as de amor, alegría, unión, acogida…dar frutos según el Espíritu (Gál. 5, 22-23).
El documento final del Sínodo nos recuerda que todos/as somos llamados/as a la conversión, en jornadas pasadas, tomando el día del medioambiente, escribía sobre la conversión social y ecológica, pero hemos de saber que estas no son posibles sin una conversión personal: desde esta es que hemos de buscar ser movidos por el Espíritu y que nuestro ser cristianos/as se vaya configurando al modo de Cristo.
Que este pentecostés nos sea momento de gran alegría y esperanza, que en el Espíritu Santo sean decantadas nuestras intenciones y acciones, que nos dé una mayor conciencia bautismal para ser testimonio vivo en cada contexto donde estemos.
“El Espíritu que llenó a Jesús (cf. Lc. 4,1), que lo ungió y lo envió a anunciar el Evangelio (cf. Lc 4,18), es el mismo Espíritu que se derrama sobre los creyentes como sello de pertenencia a Dios y como unción que santifica. Por eso la Confirmación, que hace presente la gracia de Pentecostés en la vida del bautizado y de la comunidad, es un don de gran valor para renovar el prodigio de una Iglesia movida por el fuego de la misión, que tiene el valor de salir a los caminos del mundo y la capacidad de hacerse comprender por todos los pueblos y culturas. Todos los creyentes están llamados a contribuir a este impulso, acogiendo los carismas que el Espíritu distribuye abundantemente a cada uno y comprometiéndose a ponerlos al servicio del Reino con humildad e ingenio creativo” (Documento final sínodo de la sinodalidad, 25).
Les invito a que hagamos un alto en el camino, y en intimidad con el Espíritu del Señor Resucitado, nos preguntemos de manera personal y comunitaria:
¿Qué tanto me dejo mover por el Espíritu en el día a día para crecer en amor al modo de Jesucristo?
¿Cuáles pueden ser los compromisos concretos para ser rostro de una Iglesia sinodal que es reflejo de la misericordia de Dios?
¿Me dejo mover por el Espíritu para servir a mis hermanos/as pobres?
Que este pentecostés no sea uno más, sino que se renueve nuestro compromiso para ponernos al servicio del reino con la alegría de que vamos con el Señor, vamos juntos con María, Madre y compañera en el camino.
¡Feliz fiesta de pentecostés!
(*) Secretario Académico, departamento Superior de Teología.